Con el papa León XIV recorriendo España estos días en su Mercedes Clase G, rescatamos una de las historias más bonitas de la automoción española: la vez que SEAT improvisó un papamóvil sobre un humilde Panda.
Madrid, Barcelona y Canarias se preparan para una semana de auténtica locura. El papa León XIV recorre el país del 6 al 12 de junio -Madrid del 6 al 9, Barcelona del 9 al 11 y Canarias para cerrar-, en la primera visita de un pontífice en 15 años. Para moverse durante los actos ha traído su Mercedes Clase G, blindado y con el techo descubierto, un coche hecho a medida que pesa más de tres toneladas. Y precisamente ese cochazo me ha hecho acordarme de otro papamóvil mucho más humilde y mucho más español: un SEAT Panda que la marca fabricó a contrarreloj allá por 1982.
Y atento a la jugada, porque la historia es una pasada. Cuando Juan Pablo II visitó España aquel año, el papamóvil oficial que traía, un Range Rover, era demasiado grande y ancho como para caber por las puertas del Santiago Bernabéu y del Camp Nou. Así que alguien descolgó el teléfono y llamó a SEAT con un encargo casi imposible: un coche nuevo en dos semanas.
Por qué Juan Pablo II acabó montado en un SEAT Panda
Te pongo en situación. Un año antes, en 1981, el Papa había sobrevivido al atentado de la plaza de San Pedro, así que la seguridad en sus desplazamientos era una cosa muy importante. A eso súmale el momento que vivía España, con el recuerdo aún caliente del golpe del 23-F y los atentados de ETA, por lo que la precaución era extrema también en nuestro país.

Y el problema llegó al revisar los recorridos. El Bernabéu y el Camp Nou acogían los dos grandes actos de la visita, y el Papa tenía que llegar motorizado hasta el centro del campo para saludar a los fieles. Pero aquel papamóvil blindado, enorme y alto, no pasaba por los accesos de ninguno de los dos estadios. Hacía falta algo pequeño, estrecho y manejable. Y, sobre todo, rápido, porque la visita era en dos semanas.
Así transformó SEAT un Panda de calle en papamóvil
Aquí entra la parte que a mí me flipa. El encargo cayó en SEAT, y los técnicos lo sacaron adelante en la fábrica de la Zona Franca de Barcelona, no en Martorell, donde por aquel entonces andaban liados desarrollando el futuro Ibiza que llegaría años después. Eligieron un SEAT Panda, uno de los utilitarios más populares del momento, y se pusieron manos a la obra de forma casi artesanal.

Cogieron una unidad de serie y la convirtieron en una especie de pick-up de dos puertas con la plataforma reforzada. La pintaron de un blanco impoluto, le pusieron el lema de Juan Pablo II, totus tuus, en las puertas, y las banderas de España y el Vaticano en las aletas delanteras. Le quitaron las ventanillas laterales y le montaron unas barras para que el pontífice fuera bien agarrado. Bajo el capó, el modesto motor de 45 CV del Panda, ni uno más.
Y aquí viene el detalle que más me sorprende: el coche iba a pelo, prescindía por completo del blindaje. Llamativo para un papamóvil de la época, pero es que apenas iba a recorrer unos metros dentro de cada estadio y ese coche era la única solución para poder entrar.
Qué fue del SEAT Panda papamóvil de Juan Pablo II
Aquel Pandita cumplió su misión a la perfección. Permitió que Juan Pablo II saludara a miles de personas en el Bernabéu y en el Camp Nou, y dejó una de las imágenes más recordadas de aquella visita. Eso sí, rodó muy poquito, solo lo justo dentro de los dos recintos.

SEAT fabricó una única unidad, y por suerte hoy puedes verla. La marca la conserva en su museo de la Zona Franca, en la famosa nave A-122, junto a otras joyas de la firma española. Y es que incluso estuvo a punto de perderse en un incendio que arrasó parte de la colección, pero el Panda se salvó.

