Bugatti ha terminado la unidad número 99 del W16 Mistral y con ella cierra la etapa del motor más excesivo que ha llevado un coche de calle en la historia.
Molsheim acaba de cerrar el capítulo más importante de su historia moderna. Te ubico rápido, porque el nombre sale en todas las noticias de Bugatti sin que nadie lo explique: es un pueblo de Alsacia, al noreste de Francia, donde Ettore Bugatti montó la fábrica original en 1909 y donde la marca sigue ensamblando a mano cada coche más de un siglo después. Ahí ha vivido el W16 de 8.0 litros y cuatro turbos durante 21 años, desde que llegó al mercado en 2005 dentro del Veyron con 1.001 CV, pasando después por el Chiron, el Divo, el Centodieci, La Voiture Noire, el Bolide y el Mistral.
Pues bien, ese motor ya está, como quien dice, muerto. La unidad 99 del W16 Mistral ha salido del Atelier con el nombre «The Last of Its Kind», pocos días después de que Bugatti inaugurase La Manufacture, el taller nuevo donde va a nacer el Tourbillon. Una era se cierra y otra arranca en la misma calle.
Así funciona el W16 de Bugatti: dos V8 pegados, cuatro turbos y diez radiadores
Un W16 son dieciséis cilindros repartidos en dos bloques V8 estrechos unidos por el cigüeñal, formando una W vista desde arriba. Volkswagen tiró de esa arquitectura para meter tantos cilindros en un espacio razonable, porque un V16 clásico habría salido larguísimo. Añade cuatro turbocompresores y diez radiadores para mantenerlo con vida a pleno gas, más un depósito de combustible que se vacía en unos doce minutos si vas al límite.

Y aquí entra Ferdinand Piëch, el hombre que empezó todo esto. Nieto de Ferdinand Porsche, ingeniero de carreras (suyo es el Porsche 917 de Le Mans) y presidente del Grupo Volkswagen hasta 2002, tenía fama de pedir cosas imposibles y salirse con la suya. Compró Bugatti en 1998 y puso el listón donde le dio la gana: un coche de calle capaz de superar los 400 km/h y de llevarte a cenar con el confort de un Mercedes Clase S. Y lo consiguió, con 407 km/h de punta homologados del Veyron 16.4 en 2005.
El W16 de Bugatti convirtió los récords de velocidad en una costumbre
En 2010 llegó uno de los coches más rápidos del mundo: el Veyron Super Sport con 1.200 CV y 431 km/h, y en 2019 el Chiron Super Sport 300+ firmó los 490,484 km/h con Andy Wallace al volante en Ehra-Lessien, cruzando esa barrera de las 300 millas por hora que llevaba décadas resistiéndose.

Yo he crecido viendo esos vídeos, y creo que a mucha gente de mi generación le pasa igual: Bugatti se te queda grabado como la marca de los récords, la máxima referencia y lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en records de velocidad.
El Bugatti W16 Mistral es el último Bugatti con ese magnífico motor
El Mistral se presentó en Monterey en 2022 como el homenaje descubierto al W16, con 1.600 CV y una tirada de 99 unidades agotadas prácticamente el mismo día. Y ojo, porque además de despedir el motor se llevó otro récord: el W16 Mistral World Record Car alcanzó 453,91 km/h en la pista de Papenburg, otra vez con Wallace dentro, convirtiéndose en el descapotable de producción más rápido de la historia. Ese ejemplar se entregó a su dueño en Silverstone durante el Gran Premio de 2026.

La última unidad se ha ido a Oriente Medio, tapizada en Magnolia y Grey Carbon Matt, con una placa que lleva la silueta del coche. Hasta el pomo del cambio cambia: la clásica cabeza de elefante deja paso a una de halcón.
Escuchar el W16 de Bugatti en directo se parece más a un avión que a un coche
Me queda pendiente conducir un Bugatti con este motor, y te digo que es de las cosas que más ilusión me haría en la vida. Verlo y escucharlo en directo sí lo he vivido, y ese momento se me quedó grabado.

Con tantos cilindros y tanto turbo por medio, lo que sale por detrás está a medio camino entre un motor y una turbina: un ruido grave, denso, con las admisiones tragando aire justo detrás de tu cabeza. Me cuesta catalogarlo de bonito, porque le falta la musicalidad de un V12 atmosférico, pero impone muchísimo. Suena literalmente a jet.
El futuro de Bugatti pasa por el V16 atmosférico del Tourbillon
El relevo lo coge el Tourbillon y su V16 atmosférico de 8,3 litros desarrollado con Cosworth, la casa británica de los motores de Fórmula 1. Sube hasta las 9.000 rpm y entrega 1.000 CV él solo, sin turbos. Suma tres motores eléctricos y una batería de 25 kWh para un total de 1.800 CV, 2.300 Nm y 445 km/h, con 60 km de autonomía eléctrica.

Y aquí quiero pararme, porque el cambio de W a V tiene su miga. Bugatti vuelve a la disposición clásica y aun así el bloque queda apenas 25 cm más largo que el W16, gracias a bielas de titanio y un colector en fibra de carbono. Lo importante es lo otro: ningún fabricante del mundo vende hoy un coche con dieciséis cilindros atmosféricos. Ninguno. En una industria que lleva años recortando cilindros y metiendo turbos por todos lados, Molsheim ha hecho justo lo contrario. Se cierra una etapa, pero la que se abre tiene la misma dosis de locura.
El nuevo Bugatti Tourbillon apuesta tanto por el lujo como por la velocidad
Desde que Mate Rimac maneja el timón (Porsche firmó la venta de su 45% de Bugatti Rimac, cerrando 28 años de control de Volkswagen), la marca ha dejado de medirse solo en kilómetros por hora.

Los Bugatti anteriores tenían un interior exquisito en materiales, aunque la sensación al sentarte dentro era la de estar en una máquina de batir récords. El Bugatti Tourbillon, sin embargo, va por otro camino: el salpicadero es una pieza de relojería en titanio y cristal de zafiro, con más de 600 componentes montados a mano por relojeros suizos y agujas físicas. La única pantalla sale del techo cuando tú elijas y se esconde cuando terminas. Ahora el coche llama la atención por fuera y por dentro con el mismo peso, y me parece la decisión más inteligente que podían tomar.
Esto es lo que cuesta el Bugatti W16 Mistral y Tourbillon
El W16 Mistral partía de unos 5 millones de euros antes de personalización, cifra que las unidades más trabajadas superan con facilidad en subasta. El Tourbillon arranca en 3,8 millones de euros, con producción limitada a 250 unidades y todas vendidas desde el día de la presentación.

Eso sí, el W16 respira todavía: Bugatti mantiene el Programme Solitaire para encargos únicos como el Brouillard o el F.K.P. Hommage, ambos construidos sobre esta mecánica. Lo que se acaba es verlo en un modelo de serie.

