La maison francesa y el taller californiano firman la primera colaboración de sus historias con dos coches únicos: un coupé en amarillo Saffron y un cabriolet ideado junto a Nicolas Ghesquière.
Si hace unas semanas Louis Vuitton nos sorprendía confirmando la Dolomites Classic Run 2026, ahora vuelve a hacerlo al entrar en el garaje de Singer, el taller californiano que lleva años convirtiendo Porsche 911 clásicos en objetos de deseo para coleccionistas de todo el mundo. Juntos han presentado dos coches irrepetibles: un Porsche 911 Reimagined by Singer – Classic pintado en Saffron y azul cobalto, los colores históricos de la casa, y un Classic Turbo descapotable concebido bajo la dirección de Nicolas Ghesquière, director artístico de las colecciones femeninas de Louis Vuitton. Es la primera vez que la maison crea un objeto con doble firma. Singer tampoco lo había hecho nunca. Y el detalle más curioso está en cómo empezó todo.
Un reloj Tambour de Louis Vuitton como punto de partida
El proyecto nació de un encargo aparentemente modesto: un reloj de salpicadero para un coche restaurado por Singer. Los talleres de La Fabrique du Temps Louis Vuitton, en Suiza, diseñaron una pieza mecánica extraíble inspirada en el reloj Tambour, capaz de convertirse en reloj de sobremesa. A partir de ahí, la ambición creció sola.

«Esta aventura única y extraordinaria comenzó con la petición de un reloj de salpicadero para un coche reimaginado por Singer. Enseguida nos dimos cuenta de que la colaboración podía extenderse a la personalización de cada elemento funcional del vehículo», explica Jean Arnault, director de relojería de Louis Vuitton. Rediseñar la instrumentación completa llevó un año entero de trabajo: velocímetro, cuentarrevoluciones y relojes adoptaron los códigos gráficos de la línea Tambour, con esferas en azul cobalto y letras en naranja intenso.
Porsche 911 Reimagined by Singer – Classic: un coupé vestido para el gran viaje
El primero de los dos coches, un Classic sobre chasis 964 con motor atmosférico de 4.0 litros y cambio manual de seis marchas, resume mejor que ningún catálogo lo que Louis Vuitton entiende por Arte de Viajar.

Su carrocería de fibra de carbono luce un tono Saffron presente en los archivos de la casa desde hace más de siglo y medio, un color que además dialoga con el Bahama Yellow de los primeros encargos de Singer. La baca a medida acepta un baúl, una tabla de surf con marquetería Monogram en roble y nogal o un par de esquís fabricados en los Alpes franceses.

Dentro, el habitáculo va tapizado por completo en cuero natural, con costuras en hilo amarillo y un gofrado de rombos que recuerda al «malletage» interior de los baúles históricos.

Cada botón, cada tirador y cada rejilla de ventilación ha sido fabricado a mano en metal rodiado, con acabados propios de la alta relojería. Hasta las llaves tienen su propio estuche con sello Louis Vuitton x Singer.

El Porsche 911 Classic Turbo de Nicolas Ghesquière: madera, oro y espíritu náutico
El segundo coche cambia de registro por completo. Nicolas Ghesquière imaginó un descapotable biturbo de 3.8 litros pintado en blanco Calcaire Lutétien, la piedra caliza que da forma al paisaje de París, con acentos dorados y un interior donde el cuero y la madera rinden homenaje a las lanchas clásicas de motor. «El diseño de automóviles es una pasión que siempre ha vivido en mí. Mi colaboración con Singer ha sido una oportunidad magnífica para explorar automóviles verdaderamente excepcionales», cuenta el diseñador. El compartimento trasero esconde una cubierta de madera con aire de teca y el reloj de salpicadero ocupa el centro de la consola, con su eco en la muñeca: un Tambour Automatic de 40 milímetros en cerámica y oro amarillo que forma parte de la cápsula exclusiva creada para el coche.
Louis Vuitton y el automóvil: una historia de amor que viene de 1897
Queda claro que este romance viene de lejos. Georges Vuitton ya ofrecía en 1897 baúles diseñados específicamente para automóviles, con cierres patentados y lona «Vuittonite» impermeable, y en 1909 los gemelos Pierre y Jean Vuitton llegaron a construir su propio coche sobre un chasis deportivo de Stabilia. Más de un siglo después, estos dos Porsche 911 cierran el círculo y confirman algo que en Rísbel celebramos: el viaje sigue siendo el mejor pretexto para hacer las cosas bien.

