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Los expertos coinciden: esto es lo que de verdad hace el "Ozempic natural" que se ha hecho viral en redes (y no es adelgazar)

Cápsulas de un suplemento de berberina sobre una cuchara de madera junto a hojas secas de planta medicinal Cápsulas de un suplemento de berberina sobre una cuchara de madera junto a hojas secas de planta medicinal
La berberina se vende sin receta en cápsulas y se ha viralizado en redes. | Crédito imagen: GettyImages.

Las redes la han bautizado como el «Ozempic natural» y se vende sin receta en cualquier herbolario. Pero la berberina ya ha saltado de TikTok a una alerta de la OCU y a una evaluación de seguridad de la Unión Europea. Hablamos con una nutricionista y una farmacéutica para separar lo que promete el algoritmo de lo que dice la ciencia.

Estás haciendo scroll sin rumbo y aparece el vídeo: un ingrediente «que lo cambia todo», cientos de comentarios jurando que les ha transformado la vida y un nombre que engancha, el Ozempic natural. Pasa cada cierto tiempo. Pasó con la ashwagandha, con el colágeno, con la vitamina D. La mayoría de esas modas mueren igual que nacen.

La berberina no. Lleva años sosteniéndose como la supuesta alternativa «bio» al fármaco para adelgazar más famoso del mundo. Y la diferencia esta vez es que la moda ha tenido consecuencias fuera de la pantalla: la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha pedido evitar su consumo —sobre todo para perder peso— y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) está evaluando ahora mismo si es seguro tomarla. Es decir: lo que el algoritmo vende como inofensivo está, en este momento, bajo lupa regulatoria.

Así que la pregunta ya no es solo «¿funciona?». Es «¿para quién, en qué dosis y con qué riesgos?». Lo hemos consultado con dos voces expertas.

Qué es la berberina (y por qué no es lo que crees)

La berberina es un alcaloide vegetal: un compuesto natural con actividad biológica potente, de un característico color amarillo intenso. Se extrae de varias plantas medicinales, el agracejo (Berberis vulgaris), la raíz de sello de oro (Hydrastis canadensis), la uva de Oregón o el hilo de oro chino (Coptis chinensis). Conviene un apunte que casi nadie hace: no es la cúrcuma de tu cocina. La Curcuma longa contiene curcumina, no berberina; la confusión viene de la llamada «cúrcuma de árbol» (Berberis aristata), una planta distinta.

Arbusto de agracejo (Berberis), una de las plantas de las que se extrae la berberina
El agracejo (Berberis) es una de las principales fuentes naturales de berberina, que se concentra sobre todo en su raíz y su corteza. | Crédito imagen: GettyImages.

Su mecanismo central es la activación de la AMPK (proteína quinasa activada por AMP), una especie de interruptor maestro del metabolismo celular. Cuando la AMPK se enciende, el cuerpo gestiona mejor la glucosa y los lípidos. De ahí los efectos que se le atribuyen: bajar el azúcar en sangre, mejorar el perfil de colesterol y triglicéridos y apoyar el control del peso.

La ciencia: prometedora, pero más floja de lo que parece

Aquí está el matiz que se pierde entre titulares. Una revisión de revisiones publicada en BMC Complementary Medicine and Therapies en 2025 analizó 54 revisiones sistemáticas y encontró asociaciones de la berberina con 70 resultados de salud en 9 enfermedades distintas, sobre todo diabetes tipo 2, dislipemia y trastornos gastrointestinales. Impresiona.

Lo que no suele contarse es el reverso: de esas 54 revisiones, solo una alcanzó una calidad metodológica alta y 45 fueron calificadas de calidad «muy baja». Traducido: hay mucha investigación sobre la berberina, pero buena parte es de baja calidad. La señal es real; la certeza, todavía no. Prometedor no es lo mismo que demostrado.

¿Es de verdad la alternativa al Ozempic? No

Para responder hablamos con María Merino, dietista-nutricionista y creadora de Comiendo con María (@comiendoconmaria), que ha dedicado uno de sus contenidos más vistos a este suplemento. Su respuesta no deja margen: «la berberina no es una alternativa al Ozempic».

Merino insiste en algo que el titular fácil borra: la berberina depende, y mucho, del contexto. «Al final es un complemento, y como tal, es un plus», explica; un plus que, según ella, «supone solo un 1 o 2 % del cambio en el estilo de vida». El fondo es el mismo que repiten los profesionales sanitarios: ningún complemento sustituye a un fármaco y, mucho menos, «va a sustituir el trabajo de un cambio de hábitos«.

Comprimidos de un complemento alimenticio saliendo de un bote blanco
Que se venda libremente no equivale a un aval: la OCU ha advertido de que la berberina puede interaccionar con hasta 17 medicamentos y la EFSA evalúa ahora mismo su seguridad. | Crédito imagen: GettyImages.

Para entender la comparación hay que conocer la historia del fármaco. El Ozempic (semaglutida) nace para la diabetes; al comprobar que producía pérdida de peso, llegaron medicamentos pensados ya para eso, como Wegovy y Mounjaro. Funcionan imitando una hormona intestinal que le dice al cerebro que estás saciado. La berberina opera en otra liga: «activa la enzima AMPK, que regula el gasto energético», un mecanismo real pero sin nada que ver con la potencia de un fármaco.

De ahí el malentendido que más circula. Merino es tajante: «si tú realmente quieres perder peso, no tendrías que tomar berberina, porque no es para eso». Su perfil de uso es concreto, resistencia a la insulina, hemoglobina glicada algo alta, porque lo que hace, en esencia, es regular el control glucémico. No es un quemagrasas: es un regulador metabólico.

Para quién sí, para quién no: la mirada de la farmacéutica

Si Merino aclara para qué sirve, la farmacéutica y divulgadora Elena Monje García (@inFARMArte) define para quién. La evidencia más sólida, explica, apunta a tres perfiles: personas con resistencia a la insulina o prediabetes, con dislipemia leve-moderada y con síndrome de ovario poliquístico, donde varios ensayos muestran mejoras metabólicas e incluso en la regularidad del ciclo. «Para una persona sana, sin alteración metabólica, la evidencia de beneficio es muy limitada. No es un atajo para perder peso; es una herramienta con indicaciones concretas», resume.

Y sobre el argumento estrella de las redes (que es inofensiva por ser natural) Monje no transige: «Natural no es sinónimo de seguro. La berberina tiene un mecanismo de acción real y potente; precisamente por eso funciona en ciertos contextos y precisamente por eso también tiene riesgos.» No es teoría: la OCU advierte de que la berberina puede interaccionar con 17 medicamentos, entre ellos la digoxina (insuficiencia cardiaca) o inmunosupresores como la ciclosporina, además de la metformina, los anticoagulantes y las estatinas. A eso se suman efectos gastrointestinales (náuseas, diarrea) e hipoglucemia en quien ya toma medicación para la glucosa.

«Tomarlo sin supervisión porque lo venden en herbolario o lo recomienda una influencer es un error que, como farmacéutica, no puedo normalizar», zanja.

La solución práctica: qué hacer antes de comprar nada

La pregunta correcta, dice Monje, no es qué marca elegir, «sino si realmente necesitas tomarla». Un complemento con actividad biológica real, interacciones documentadas y contraindicaciones concretas no juega en la misma categoría que un multivitamínico. Su consejo es tan simple como ignorado: «elegir bien empieza por preguntar antes de comprar».

En la práctica, eso significa:

  1. Antes que la marca, el diagnóstico. Si no tienes una alteración metabólica concreta (resistencia a la insulina, dislipemia, SOP), es muy probable que la berberina no te aporte nada.
  2. Consulta con un profesional sanitario, sobre todo si tomas cualquier medicación: las interacciones con digoxina, anticoagulantes, estatinas o antidiabéticos no son anecdóticas.
  3. Si buscas adelgazar, este no es el camino. La evidencia de eficacia para pérdida de peso es débil y la OCU recomienda evitarla con ese fin.
  4. Atención al contexto regulatorio. La EFSA está evaluando su seguridad; que se venda libremente hoy no equivale a un aval definitivo.

Así que la próxima vez que una tendencia de salud te inunde las redes, recuerda lo que de verdad sostiene este caso: lo natural no siempre es inofensivo, lo viral no siempre es válido, y ningún suplemento hace el trabajo que solo tú (y tu médico) podéis hacer.

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