Kylian Mbappé y Achraf Hakimi pasaron el día de ayer navegando por la Riviera Francesa a bordo de un yate, y almorzaron en La Guérite, el restaurante de la Île Sainte-Marguerite reservado exclusivamente a quienes llegan por mar.
Apenas diez días después de despedirse del Mundial 2026, los futbolistas Kylian Mbappé y Achraf Hakimi han cambiado los estadios de Estados Unidos por las aguas de la Riviera Francesa.
Kylian Mbappé y Achraf Hakimi, acompañados de su equipo de guardaespaldas, saliendo del restaurante La Guérite, en la Île Sainte-Marguerite, frente a Cannes. 🛥️
— Rísbel Magazine (@RisbelMag) July 24, 2026
Los dos futbolistas disfrutaron de un almuerzo con amigos, buen ambiente y día completo en la Riviera Francesa. ☀️ pic.twitter.com/TFvUjSgckH
Los dos amigos, inseparables desde sus años juntos en el PSG, fueron fotografiados ayer, jueves 23 de julio, a bordo de un espectacular yate Mangusta frente a la costa de Cannes, acompañados por Nabil, hermano del lateral marroquí, y un grupo reducido de amigos así como su equipo de guardaespaldas. Sonrisas, ropa en tonos claros y una comida muy animada. La imagen perfecta de dos futbolistas que han decidido dejar atrás los resultados del Mundial 2026.

El yate Mangusta de Kylian Mbappé y Achraf Hakimi: velocidad italiana en la bahía de Cannes
Para su escapada, el grupo eligió un yate del astillero italiano Overmarine, la firma detrás de la marca Mangusta, sinónimo de líneas afiladas y potencia en el Mediterráneo.

En las imágenes, la embarcación luce bandera francesa y una lancha auxiliar Zodiac que los trasladó hasta la orilla, un detalle habitual en los barcos de gran eslora que fondean frente a la Île Sainte-Marguerite.

Todo apunta a un alquiler de temporada, la fórmula preferida por los futbolistas durante sus vacaciones en la Costa Azul. Y el capricho tiene precio: el Mangusta 108 del que disfrutaron Kylian Mbappé y Achraf Hakimi, amarrado en Port Canto se alquilan desde 10.900 euros diarios más impuestos. Las unidades más grandes de la firma alcanzan los 100.000 euros por semana.

Mbappé bajó del barco con las zapatillas en la mano, camiseta blanca, sobrecamisa y bermudas en azul celeste y reloj en la muñeca. Un uniforme de verano impecable.
La Guérite, el almuerzo con «boarding pass» de Kylian Mbappé y Achraf Hakimi
La parada gastronómica tuvo nombre propio. La Guérite ocupa una cala de la Île Sainte-Marguerite, frente a la bahía de Cannes, y solo admite llegadas por mar.

De ahí los carteles de «Boarding Pass» que aparecen junto a Mbappé en las fotos: cada comensal embarca desde Port Canto para cruzar hasta la isla. Al frente de los fogones está el chef griego Yiannis Kioroglou, que firma una cocina mediterránea de platos para compartir, con cocciones al horno, a la brasa y a la barbacoa.

Comer allí exige cartera. La carta ronda entre 50 y 100 euros por persona sin bebidas, y las tumbonas de primera línea de playa cuestan 200 euros. Las cuentas suben rápido: un almuerzo para dos con bebidas y traslado en barco supera con facilidad los 300 euros. Hakimi llegó sonriente junto a su hermano Nabil, entre buganvillas y sombrillas de rafia, con camiseta blanca y pantalón de rayas.

El grupo alargó la sobremesa bajo los pinos y atrajo todas las miradas de los presentes, tanto a la llegada como a la salida. El fútbol volverá a llamarlos en agosto. De momento, la única táctica que les interesa está entre Cannes y una isla sin coches.
Kylian Mbappé y Achraf Hakimi, un Mundial con final amargo para ambos
El torneo dejó heridas en los dos. Marruecos cayó eliminada 2-0 ante Francia en cuartos de final, un cruce cargado de simbolismo que enfrentó a los dos amigos sobre el césped. Tras la derrota, Hakimi publicó en Instagram un mensaje sereno: «Las grandes naciones no se definen por una sola derrota, sino por todo lo que han construido a lo largo de la historia».
A Mbappé el destino le reservó un golpe similar cuatro días después. Francia perdió 2-0 ante España en las semifinales disputadas en Dallas, pese a que el capitán llegaba al partido con ocho goles y tres asistencias. Sus palabras tras el pitido final ya anticipaban estos días de barco y sol: «Hay una enorme decepción. Tendremos que recuperarnos, tomarnos unas vacaciones y seguir adelante». Dicho y hecho.

