El calor en el Mundial 2026 amenaza a jugadores y aficionados: Iván Puntas, preparador físico especializado en entrenamientos en condiciones de calor extremo nos da las claves para que las altas temperaturas no sean un obstáculo. Ciencia, datos y lo que la FIFA todavía tiene pendiente.
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Arrancó el pasado 11 de junio y llevamos semanas hablando de alineaciones, favoritos y estadios, pero hay una variable que lo está condicionando todo y que recibe mucha menos atención de la que merece: el calor. Estados Unidos, Canadá y México está acogiendo un torneo que, según la organización World Weather Attribution, expondrá a los jugadores a condiciones de estrés térmico real en 26 de los 104 partidos programados. Cinco de esos encuentros podrían rozar los 28 grados de temperatura de bulbo húmedo global (la medición que combina calor, humedad, radiación solar y viento para calcular el impacto real sobre el cuerpo) el umbral a partir del cual los expertos recomiendan directamente posponer el partido.
He hablado con Iván Puntas (@ivanpuntas), entrenador personal y CEO de Golden Fitness (centro de entrenamiento personalizado), para entender qué significa todo esto en términos fisiológicos reales. Puntas lleva años trabajando el rendimiento físico en condiciones de calor extremo: este verano desarrollará su proyecto Golden Summer, con entrenamientos personales en la costa de Cádiz (Sancti Petri, El Puerto de Santa María y Chipiona), y próximamente abrirá Chancleo, un espacio 360º en Tres Piedras (Chipiona) que combina entrenamiento, actividades en grupo y un concepto de bienestar junto a la playa. Alguien que sabe muy bien lo que el calor le hace al cuerpo humano cuando se le exige al máximo.
Lo que me explica Iván es contundente. Una temperatura del aire de 40 grados con un 30% de humedad equivale a unos 26 grados WBGT, el punto a partir del cual el rendimiento empieza a resentirse de forma medible. Y eso en condiciones estáticas. En un partido de fútbol de alta intensidad, con jugadores que llevan semanas compitiendo cada pocos días, los efectos se multiplican. El Mundial de Clubes de 2025 ya fue un aviso: en 31 de los 57 partidos disputados, la temperatura de bulbo media superó los 28 grados. Durante esos encuentros, periodistas, aficionados e incluso un árbitro asistente sufrieron desmayos.
La historia también pesa. En las 22 ediciones de la Copa del Mundo desde 1930, solo dos selecciones europeas han ganado fuera de su continente: España en Sudáfrica en 2010 y Alemania en Brasil en 2014. Las casas de apuestas sitúan a Francia y España como favoritas, pero vencer al calor será tan determinante como vencer al rival. La última vez que el torneo se disputó en verano norteamericano, en 1994, ganó Brasil. ¿Casualidad?
Golpe de calor, colapso y daño orgánico: los riesgos reales del Mundial 2026 que nadie explica
Hablar de calor en el fútbol y pensar únicamente en fatiga sería quedarse muy corto. Iván Puntas lo deja claro: “El calor extremo puede llevar desde calambres y agotamiento hasta un golpe de calor potencialmente mortal si la temperatura corporal central supera los 40-41 grados de forma prolongada. Esto va más allá de la pérdida de rendimiento: puede derivar en disfunción del sistema nervioso central, colapso y, en casos graves, daño orgánico”.

Los estudios prospectivos para el Mundial 2026 sitúan 10 de las 16 sedes con un riesgo muy alto de estrés térmico extremo. Ciudades como Arlington, Houston o Monterrey presentan pérdidas de agua en los jugadores que exigen una gestión fisiológica muy precisa. Y el riesgo aumenta en jugadores que llegan al torneo con lesiones previas, en recuperación, o que han tenido tiempo insuficiente para aclimatarse a las condiciones locales. La aclimatación completa requiere entre 7 y 14 días. En un torneo donde los equipos aterrizan con el tiempo justo, ese margen raramente existe.
Ciudades como Miami, Kansas City o Filadelfia (con estadios al aire libre) tienen una alta probabilidad de alcanzar niveles peligrosos de calor. Y las sedes consideradas más frescas, como Toronto o Vancouver, también están expuestas: en 2021, una ola de calor alcanzó los 49,6 grados en esa región y causó más de 600 muertes. Una ola que, según los científicos, habría sido imposible sin el cambio climático.
Lo que la FIFA ha hecho ante el calor del Mundial 2026 y lo que la ciencia todavía le reclama
Las medidas que la FIFA tiene sobre la mesa incluyen pausas de hidratación de tres minutos, ajuste de horarios y protocolos médicos de actuación. Sobre el papel, suenan razonables. En la práctica, los datos científicos y organizaciones como FIFPRO (el sindicato mundial de jugadores) señalan que se quedan cortas.
El conflicto está en los umbrales. La FIFA activa descansos obligatorios principalmente cuando se superan los 32 grados WBGT. FIFPRO recomienda que esos descansos comiencen desde los 26 grados y que a partir de los 28 se plantee directamente posponer o retrasar los partidos. Son seis grados de diferencia que, en términos fisiológicos, representan un abismo.

Iván Puntas añade otro dato que cuesta ignorar: “Las pausas cortas de tres minutos resultan insuficientes para revertir el almacenamiento de calor durante un ejercicio intermitente de alta intensidad. La temperatura corporal central sigue subiendo”. Las estrategias de enfriamiento (chalecos de hielo, toallas frías, ventiladores) ayudan, pero funcionan como parche sobre una herida que necesita puntos. Los expertos piden descansos más largos, mayor énfasis en la posposición de partidos y un monitoreo fisiológico individualizado de cada jugador. La aclimatación previa es imprescindible, pero tampoco reemplaza las medidas estructurales.
Fatiga, errores tácticos y lesiones: cómo el calor del Mundial 2026 se cobra su precio partido a partido
Un torneo como el Mundial 2026 tiene una lógica de calendario implacable: partidos cada pocos días, viajes entre ciudades, recuperaciones incompletas. El calor convierte esa dinámica en una espiral de desgaste acumulado que Puntas describe con precisión: “La recuperación entre partidos se ve comprometida por inflamación térmica y una mayor carga sobre los sistemas cardiovascular y termorregulador. La capacidad para mantener distancias a alta intensidad y sprints se reduce en cada partido sucesivo”. El calor también eleva el riesgo de calambres y episodios de agotamiento que predisponen a lesiones musculares. La peor calidad del sueño y la recuperación muscular incompleta hacen el resto.
Pero hay una dimensión del problema que se menciona poco: el impacto cognitivo. Iván Puntas explica que el calor extremo deteriora la concentración, la memoria de trabajo, la velocidad de reacción y la precisión en la toma de decisiones durante el partido. “En condiciones de hipertermia y deshidratación, la sangre se desvía hacia el enfriamiento corporal. El cerebro recibe menos recursos, y en partidos de máxima exigencia eso se traduce en errores tácticos, menor capacidad de presión y mayor vulnerabilidad individual”.

