Una disciplina, tres días por semana y el ego fuera. Esto es lo que de verdad necesitas para empezar en las MMA, según Eduardo Riego, un luchador que ha visto entrar (y abandonar) a cientos de principiantes por la puerta de su gimnasio.
El domingo pasado, durante la celebración del 80 cumpleaños de Donald Trump en la Casa Blanca, Ilia Topuria perdió por primera vez. Justin Gaethje le destrozó el rostro en el cuarto asalto del UFC Freedom 250, su invicto de diecisiete victorias se esfumó a pocos metros del presidente de Estados Unidos y el hispanogeorgiano terminó ingresado en un hospital de Washington. La imagen dio la vuelta al mundo y dejó una pregunta flotando entre quienes nunca se han calzado unos guantes: ¿cómo se empieza en las MMA sin acabar igual?

La UFC lleva años convirtiendo las artes marciales mixtas en uno de los espectáculos con más tirón del planeta, y empezar en las MMA ya no es cosa de cuatro valientes: cada vez más gente quiere pisar un tatami.
Quien mejor conoce ese camino es Eduardo Riego González, luchador profesional de MMA e instructor de jiu-jitsu brasileño que lleva años viendo entrar y salir principiantes por la puerta de su gimnasio. En 2024 se hizo viral al vencer él solo a tres rivales a la vez en el Dogfight Wild Tournament, el evento que organiza Jordi Wild. “Más que la fuerza física y la destreza, este deporte te da unas cualidades para tu vida que se adquieren con muy pocos otros”, resume. Y sabe de lo que habla.
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Por dónde empezar en las MMA: una disciplina antes que muchas
Las MMA combinan golpeo (boxeo, kickboxing y muay thai) con el llamado trabajo de suelo (judo, lucha y jiu-jitsu brasileño). Vista desde fuera, esa cantidad de técnicas paraliza a cualquiera que no haya pisado nunca un tatami ni haya tenido un cuerpo a cuerpo deportivo. El instinto del principiante es querer aprenderlo todo a la vez, y eso es justo lo que conviene frenar si no quieres lesionarte el primer día.
Eduardo Riego lo tiene claro: “Empieza por una disciplina y quédate en ella”. Dominar una base antes de mezclar acelera todo lo que viene después, así que aparca esa sensación de estar perdiendo el tiempo. “A veces es interesante empezar por un arte marcial en concreto y luego mezclar”, explica. Con esa base, las siguientes disciplinas entran más rápido, con más criterio y con mucha menos frustración.

Tener experiencia previa tampoco es el atajo que parece, porque el conocimiento no se transfiere solo de un bloque a otro. “Al gimnasio vienen personas con experiencia en boxeo que cuando les pones a hacer suelo les cuesta lo suyo. Y esto pasa en muchos otros casos”, cuenta. Cada disciplina tiene su propia lógica, y dar por hecho que una te regala ventaja en la otra es el primer error de quien llega con galones.
Cuánto entrenar al principio: 3 días a la semana es el punto de partida
El otro error habitual es la intensidad mal calibrada: arrancar a tope y quemarse, o entrenar de aquella manera y perder la constancia. Riego lo tiene medido: tres días a la semana, una hora por sesión. Es el umbral por debajo del cual el aprendizaje se vuelve tan lento que termina desanimando.

Los profesionales meten 2 horas diarias de lunes a viernes, pero ese ritmo llega después de años, no el primer mes. Las primeras semanas el cuerpo procesa movimientos que nunca había hecho, mucho contacto y, sobre todo, algo que no se entrena en ningún otro sitio: aprender a pelear con otra persona delante. Forzar más sesiones en esa fase no acelera nada; las articulaciones y los patrones motores van a su propio ritmo.
El instructor importa más que el gimnasio (y el ego se queda en la puerta)
Esa constancia que marca el progreso depende de dónde entrenas y, sobre todo, de con quién. Riego pone el foco en el instructor por encima de cualquier otro factor: “Como en otros trabajos, en el MMA también hay intrusismo laboral”. Pide referencias, pregunta por su trayectoria y observa una clase entera antes de firmar nada. Un buen profesor estructura el aprendizaje para que el cuerpo aguante.
Y luego está el ego, que dentro del tatami es la principal causa de lesión. Casi siempre llega por lo mismo: intentar demostrar demasiado pronto. “No debes hacerte el héroe cuando estás aprendiendo”, subraya. La otra clave es igual de sencilla y la repiten todos los que duran: “Hay que ir con humildad”. Avanzar con criterio desde el primer día es lo que separa a quien sigue entrenando un año después de quien lo dejó en el segundo mes.

La próxima vez que veas un combate de la UFC y pienses que esos tipos son de otra galaxia, recuerda cómo empezó el mejor. Topuria llegó a Alicante siendo un adolescente que aún no hablaba español, y fue en un gimnasio de barrio (el Climent Club) donde transformó su base de lucha en el estilo completo que años después lo llevó a la cima. Lo que ves en el octágono son miles de horas que arrancaron en un sitio modesto: eligiendo por dónde empezar, yendo con humildad y dejando que un buen profesor marcara el ritmo. Ese primer paso está al alcance de cualquiera. No vayas a impresionar a nadie: ve a disfrutar de uno de los deportes más completos que existen.

