Fran Berenguer se ha roto las piernas cuatro veces y los médicos le aseguraron que no volvería a saltar. Hoy, este actor especialista alicantino cuenta a Rísbel Magazine cómo desafió aquel pronóstico y cómo acabó rodando La Odisea a las órdenes de Christopher Nolan.
Quince cicatrices. Ese es el mapa que Fran Berenguer lleva dibujado en el cuerpo, el registro físico de una carrera construida a base de caídas que nadie aplaude en el momento. Cada marca cuenta lo mismo: la historia de un actor que, para hacerse un hueco en el cine, eligió la puerta más estrecha. La de quien se deja la piel en cada escena, sin metáfora posible. La de quien se parte las piernas, tal cual, para que otro se lleve el primer plano. Porque ese es el oficio invisible de los especialistas: prestar el cuerpo a los rostros que todos conocemos, encajar los golpes que hacen creíble la acción y saltar al vacío con el miedo bien cogido de la mano.
Su historial médico impresiona más que muchas películas de acción. Se partió una pierna en directo, haciendo una acrobacia en un parque temático: la rótula y la tibia fuera de su sitio, tres ligamentos y los meniscos rotos. Un médico le aseguró que jamás volvería a saltar, y él salió del hospital haciendo una acrobacia por el pasillo. Después llegaron las 15 fracturas en las dos piernas de un accidente en Terra Mítica, los meses en silla de ruedas, el andador, las muletas. Y cuando ya había dejado atrás el calvario, un taxi lo atropelló en la M-30 a 60 kilómetros por hora y le destrozó la misma rodilla por la que había peleado tanto. Volvió a levantarse una vez más. Hoy encadena producciones internacionales y acaba de rodar a las órdenes de Christopher Nolan.
Fran Berenguer es un actor valiente en el sentido menos gastado de la palabra: uno que asume riesgos de verdad y que mira este oficio desde la trastienda, lejos del brillo al que nos tienen acostumbrados las promociones. Él defiende algo que empieza a ser revolucionario: que el cine necesita cuerpos reales, riesgo real y tensión real, justo ahora que la inteligencia artificial amenaza con fabricarlo todo desde un ordenador. Puede que sea precisamente esa convicción la que lo llevó hasta una película como La Odisea, rodada por el director que más cree en lo auténtico. Porque la vida, cuando uno sabe esperarla, siempre acaba dando grandes sorpresas. Esto fue lo que hablamos.

Entrevista al actor Fran Berenguer
Fran, todo el mundo habla de La Odisea. Acaba de estrenarse, ha arrasado en taquilla y tú has formado parte de ella como especialista. ¿Qué se siente al ver tu trabajo en la película más esperada del año?
No soy capaz ni de asimilarlo. Ni yo ni nadie de los stunts que hemos sido partícipes de todo esto, porque es una absoluta locura. Imagínate para un actor, para un figurante, para vestuario… pero para un stunt, coordinarte con 2.000 personas corriendo. Te dicen: tienes que pelear con los actores mientras 2.000 figurantes te pasan a todo meter, en Marruecos, cuidando de que no se meta nadie. Y luego ver todos los efectos prácticos. Yo tengo una foto muy guay que salió como foto fija, la publicó Universal UK y se utilizó mucho: soy yo cortándole la pierna a un compañero mientras una torre cae de fondo. Esa torre era real. Yo estaba con un compañero, con Boris, debajo de la torre, y cuando daban acción, la torre se dinamitaba. Teníamos tres segundos para salir de ahí, porque no había marcha atrás: la torre se nos caía encima. Dinamitó, esperamos a que se prendiese fuego y, cuando estaba a punto de caer, salimos corriendo y empezamos la pelea con otros dos stunts mientras una barbaridad de figurantes pasaba por detrás. Así se grabó Troya. Realmente una locura.
¿Y cómo se coordina a 2.000 figurantes?
No tengo ni idea. Estaba Nilo, el primer ayudante de dirección de Nolan, y luego nuestro coordinador, George Cottle, que lo gestionó increíble con sus ayudantes de coordinación y sus coreógrafos. Y Ashley, que fue quien me llevó a La Odisea, un coordinador increíble de Londres. Fue él quien me llamó para ir para allá.

¿A Ashley ya lo conocías?
Él vino a España a dar un curso de coreografías. Yo lo seguía desde hacía mucho tiempo, me gustaban mucho sus coreografías, y me apunté. Cuando me vio fue como un flechazo a primera vista. Me dijo: «Tío, me flipa cómo te mueves, algún día te llamaré para algo. Espero tener la oportunidad, porque es muy difícil trabajar en el Reino Unido sin estar en el British Stunt Register, y con el cierre de UK es mucho más complicado, no te dan el visado tan fácil». Y la primera llamada que recibo de este señor fue junto con Guiomar, otra coordinadora del Reino Unido, que son pareja de coordinadores. Me llamó Guiomar para decirme que Ashley me quería dar una oportunidad de trabajo. Yo en ese momento estaba en los ensayos de una película como actor, hacía de malo, y me dijo que la oportunidad era para hacer La Odisea de Christopher Nolan.
Qué barbaridad.
Y claro, yo, en una habitación de hotel en Barcelona, llamé a mi repre y le dije que lo sentía mucho, que esto era una oportunidad única. Ella lo entendió perfectamente, y se lo agradezco mucho. Y que me iba con Nolan.
¿Llegaste a ver cara a cara a Christopher Nolan?
Sí, claro. Y estuve hablando con él. Tengo una escena en la película con unos primeros planos, y esos planos los pidió Nolan. Yo estaba haciendo una escena, le gustó lo que hice y el coordinador me dijo que querían hacerme un close up. Y vino a darme directrices. Estuvo como una hora dándome directrices. Yo me quería morir, estaba evitando llorar todo el rato. El sueño de un niño pequeño hecho realidad. Ni siquiera puedes concebir de pequeño que de repente vas a estar mano a mano con Christopher Nolan y con Matt Damon en esa misma escena.

Cuéntame, por favor. Hablar una hora con Christopher Nolan es como para tenerlo en un archivo imborrable de tu memoria. ¿Qué te dijo?
Estábamos hablando de la escena. Era un momento un pelín complicado técnicamente, porque se metía una mano de mentira y tenía que estar coordinado con un ratchet, que es un cable que va con presión, con aire comprimido, y te escupe hacia arriba. Tenía que ser justo a la señal. Le gustó cómo salió y dijo: «Let’s close up». Y me dijo: «Te quiero hacer un primer plano y no me falles». Si este señor me quiere hacer un primer plano, yo ya voy. Lloraba de la felicidad, la verdad. Estuvimos hablando de cosas técnicas: aquí quiero que mires para arriba, que mires para allá. Él se mete en el barro. Me estaba echando él mismo el agua en la cara, los últimos retoques del casco, me ponía él el sudor. Estaba pegado a ti, viéndolo todo en primer plano. Y en otras escenas de Troya era él quien nos echaba la tierra encima, se manchaba el traje, nos la echaba dentro del caballo. No ha pedido nada que él no haya hecho. Se ha metido en el mar con nosotros. Ha pasado 16 o 17 horas de rodaje, o incluso más que nosotros. Ha pasado el frío de Marruecos. No había una silla donde sentarse en el set y él tampoco se sentaba. No había nadie con el móvil, y él tampoco estaba con el móvil. Y esto te lo juro por quien quieras: yo lo he visto andar lo mismo que andábamos nosotros. El camino hacia el set eran 40 minutos y se los hacía andando. Eso lo he visto.

A ver, explícame esto mejor. ¿Hacíais un trayecto a pie hasta el rodaje?
Claro. Las vans te dejan en un punto, y desde ese punto donde te cambias hasta el set, en Marruecos, teníamos 25 minutos andando. Hasta llegar a la zona de las casitas que hay en Uarzazat, en la boca del desierto. Eran 20 o 25 minutos andando hasta llegar al caballo de Troya, que era como el meeting point. Y yo lo vi. Un día que yo volvía, lo vi andando con su equipo. Y también lo vi en Grecia: se subía toda la cuesta a pie. No te pedía nada que no hiciese un guerrero, te lo digo de verdad. No le importaba mancharse, no le importaba absolutamente nada, cuando otros directores, con su poder (que creo que lo tienen pocos), hubiesen pasado de todo eso. Y era el primero que comía: comía en 15 minutos, se levantaba enseguida y se tiraba al set. No te pedía nada que no hiciese él.
¿Cuánto duró tu experiencia en La Odisea?
Casi tres meses. Mis compañeros estuvieron más, porque yo al final me fui. Estuve en Marruecos, Grecia e Italia, y me volvieron a llamar para Islandia, pero me salió El pez que fuma, una oportunidad como protagonista. Yo ya había trabajado como stunt con Nolan, ya se me había visto la cara, ya me habían hecho un primer plano donde yo moría, así que no me iban a utilizar más de cara. Estaba encantado con esa oportunidad, pero tampoco podía rechazar ofertas como protagonista, que también es mi otro trabajo. Así que no fui a Islandia. Pero ha sido la mejor experiencia laboral de mi vida. Y la más dura, sin duda: miles de horas. Tengo un vídeo con un amigo, Álex Díaz, otro actor especialista. Volvíamos de rodar Troya, eran las siete de la mañana y estábamos entrando a desayunar en el hotel. Él estaba comiendo con una cara que flipas, a mí me entró la risa y lo grabé: «Oye, ¿a qué hora nos recogen?». «Mañana a las 12». O sea, a las 12 ya tenías que estar preparado para irte. Calcula las horas: llegábamos a las siete y algo, nos acostábamos como a las ocho y a las 12 nos recogían. Pero es una experiencia que volvería a repetir siempre. Yo y todo el que haya tenido la oportunidad.

Y de todos esos meses, ¿en qué secuencia final se te reconoce?
Cuando bajo del caballo con Matt Damon. Ahí bajamos del caballo y estoy sin casco, de cara al cien por cien. Y en el cíclope tengo dos primeros planos, aunque voy con el casco y más barba; si no te fijas muy bien, igual no sabes que soy yo. Pero los primeros planos están ahí. Al final es raro que un stunt tenga primeros planos sin que haya una acción de por medio.
¿Se puede vivir de ser especialista de cine? Los actores suelen quejarse de la precariedad de su trabajo y de la falta de oportunidades, porque son muchos actores para pocos proyectos. Quizá hay más oportunidades para los especialistas, porque sois menos.
Hay muchos especialistas y hay muchas oportunidades, pero es verdad que, si no entras en una rueda de trabajo, es muy difícil que te llamen, porque es muy difícil que confíen en ti. Y muchas veces con ser bueno no vale: si ellos tienen colegas que son stunts y pueden cumplir los requisitos de esa escena, da igual lo bueno que seas, porque llaman a sus colegas y están en un ambiente tranquilo en el rodaje, con sus amigos. Hay mucho amiguismo en el mundo stunt y hay que luchar bastante por entrar en un círculo y porque se te valore. Pero oportunidades hay. Ahora está viniendo mucha industria de fuera, mucho service. La acción en España se ve cada vez más y, por incentivos fiscales, por el clima y porque es más barato, se viene más a España. Hay muchas oportunidades de hacer cosas internacionales. Yo hace nada encadené varias producciones americanas seguidas: la serie de Extraction y su segunda temporada, luego Tomb Raider y, después de Tomb Raider, Druid, la de Russell Crowe.

Detrás de cada acrobacia que vemos en pantalla hay un cuerpo que asume riesgos reales. Tú te has roto las piernas cuatro veces.
¿La derecha y la izquierda?
La derecha tres y la izquierda una. ¿Recuerdas qué pensaste la primera vez que un médico te dijo que no volverías a saltar?
Sí: que no tenía ni idea de lo que estaba diciendo. No hay opción. La única opción es que materialmente me amputen las piernas, o algo que me incapacite en una cama, para que yo diga: vale, tienes razón, no puedo hacer esto. Yo no sé vivir de otra forma. Esta es la pasión de mi vida y me voy a aferrar con los dientes a la última oportunidad que tenga de hacer mi trabajo, que lo amo. Ahora mismo me va muy bien como actor y podría vivir solo de eso, pero me gusta seguir trabajando como especialista. Es mi otra pasión y, si las puedo combinar, no las voy a dejar nunca. Y menos por lo que me diga un médico. Estoy muy agradecido a los médicos, que me han salvado y me han cuidado mucho; gracias a ellos estoy volviendo a correr y a saltar. Pero también hay que llevar mucho cuidado con lo que se le dice a la gente, porque, si no tienes unas motivaciones muy grandes, hay muchos impedimentos que te puede poner un médico.
Y cuando ya estabas totalmente recuperado, te atropelló un coche.
Esa fue la tercera vez. La primera me partí la pierna en la Warner, en directo.
¿Cómo? Perdona, repíteme eso.
Yo estaba en la Warner y me partí la pierna en directo. Se me salieron la rótula y la tibia y me rompí tres ligamentos y los meniscos. Más de una triada: una triada son dos ligamentos y meniscos; yo me rompí tres ligamentos, un menisco completamente roto y el otro parcial.
Perdóname, ¿qué estabas haciendo?
Una acrobacia. En esa época todavía trabajaba mucho en parques temáticos como stunt y acróbata. Se me puso la capa en la cara en un mortal con altura. Confié en que sabía dónde estaba por el aire, y es verdad que lo sabía, pero al ir medio ciego le di un pelín más de potencia, cogí más velocidad simplemente por seguridad, y caí tan sobrado que el cuerpo se me fue para un lado. La bota se me enganchó en el suelo, la rodilla se me quedó fija y la rótula y la tibia se me pusieron cada una a un lado de la pierna.

Y después de eso te atropella un coche.
No, falta otra. Cuando me recupero de eso es cuando me dicen que no voy a volver a saltar, y yo le dije al médico que iba a salir del hospital haciendo una acrobacia por el pasillo. Y así fue. Aunque tuve que hacer doble recuperación: recuperar la pierna para demostrarles que no podía saltar, que me operaran y volver a recuperarme otra vez. Cuatro meses en silla de ruedas entre las dos veces. Y a los tres meses de recuperarme tengo un accidente trabajando en Terra Mítica y me rompo las dos piernas al mismo tiempo: 15 fracturas. Esto es real, tengo el informe y lo puedo enseñar. En el hospital me dijeron que tenía un esguince bilateral y me mandaron para casa, con el dedo gordo del pie tocándome la tibia. Al día siguiente llamé a una ambulancia porque me moría del dolor: otra radiografía, 15 fracturas entre las dos piernas. Tres meses en silla de ruedas, andador, muletas. Pero volví a saltar. Y a los dos años, cuando había pasado un calvario para volver, me atropella un coche en la M-30 y me parto la misma rodilla, con la misma lesión que la primera vez. Esa vez sí que pensé: de aquí no me recupero.

¿Y cómo se encaja un golpe así justo cuando creías haber dejado atrás lo peor?
Fue un puñetazo. Encima yo iba a casa de mi ex a ver los Goya, la noche de los Goya, el 11 de febrero de 2023. Estaban todos mis colegas esperándonos. Fue un accidente que no se pudo evitar: yo estaba parado en la moto, completamente parado, y vino un taxista que no me vio y no frenó. No sé cómo no me vio, era imposible. Me atropelló como a 60 kilómetros por hora. No sé en qué momento no me mató; no me tocaba, entiendo. Yo caí de espaldas, los dos coches me hicieron como un sándwich, la moto rebotó contra el coche de delante y me cayó en la rodilla. Eso fue lo que me la partió.
Tendría que haberte avisado antes de la entrevista: soy la persona más sensible y aprensiva que posiblemente conozcas, y me están dando escalofríos solo de imaginármelo. Hoy sigues haciendo acrobacias en producciones internacionales. ¿Qué les dirías a esos médicos si los tuvieras delante?
Que muchas gracias por operarme y por recuperarme, pero que lleven cuidado con lo que se le dice a una persona, porque se lo puede llegar a creer. Aunque estén cien por cien seguros, que digan: «Puede ser que no puedas volver a hacer esto, pero igual, si trabajas lo suficiente, sí». De los médicos no voy a hablar mal, porque les debo la vida. Pero algunos tienen que llevar mucho cuidado con lo que dicen, porque la limitación que te pones en la cabeza muchas veces es mayor que la que tienes en el cuerpo.
¿Y qué le dirías a alguien que acaba de escuchar un «no vas a poder»?
Que sí. Existen milagros de esos de uno entre un millón. ¿Y quién te dice a ti que tú no eres ese uno entre un millón? ¿Por qué no te crees especial? ¿Te crees que te va a pasar todo lo malo, pero no te crees que te va a pasar todo lo bueno? Y si no eres esa excepción, que por lo menos no se te quede en la cabeza el «¿qué hubiese pasado si lo hubiese intentado?». Prefiero estar seis años rompiéndome año tras año que 20 años pensando qué hubiese pasado. Las cosas como son.

Después de todo lo que ha pasado tu cuerpo, ¿ha cambiado tu relación con el miedo?
Sobre todo con el accidente. Pero el accidente fue un bajar revoluciones a la vida. El miedo en sí, un stunt tiene que tenerlo igualmente. El stunt tiene que tener miedo, pero al miedo se le coge de la manita y salta contigo. Si no tienes miedo, eres un loco. El auténtico valiente es el que tiene miedo y aun así lo supera. Un pelín de miedo, no uno que te sobrepase. El miedo te ayuda a concentrarte, te ayuda a tomarte las cosas en serio. Porque si tú te subes a 35 metros pensando que es una tontería, o a 20, o a diez, me da igual; o te va a atropellar un coche y piensas que es una tontería, que va a salir todo bien; o unas escaleras… igual te sale bien a la primera desconcentrado, o a la segunda, pero el día que le hayas perdido el respeto a esa acción te va a costar muy caro. Y esperemos que no sea la vida.
¿Piensas en las lesiones antes de ejecutar un salto o has aprendido a silenciar esa voz?
No. Yo pienso en cómo lo tengo que hacer y en las consecuencias que podría haber. En plan: «apunta al colchón, que si no te matas». No pienso en que va a suceder; pienso en lo que puede pasar para adelantarme y evitar la lesión. Si me tiro por unas escaleras, por ejemplo (¡las escaleras son una de mis especialidades!), calculo que, a la velocidad que voy, voy a caer contra el cuarto escalón. Y el cuarto igual tiene el pico más salido. Entonces retraso mi salida sin cambiar el movimiento, caigo en el segundo y la rodada es más sencilla. Todo eso lo tengo que pensar. No puedo tirarme como un loco, porque dejo mi vida a la suerte. Y si es tu trabajo, no puedes dejar nada a la suerte.

Empezaste como acróbata y en 2015 te mudaste a Madrid para formarte como actor.
Ya saltaba antes: empecé a trabajar en 2012 como acróbata, en un grupo al que me metió un amigo mío. Como stunt y como acróbata. Pero para formarme como actor me vine a Madrid en 2015.
Pasaste por varias escuelas de interpretación. En un caso como el tuyo, siendo especialista, ¿qué aporta cada disciplina a la otra? ¿El especialista hace mejor al actor o al revés?
Pasé por muchas escuelas, porque, viniendo del mundo stunt, siempre he creído que cada persona te puede aportar algo y que tú eres tu propio método: de este cojo esto, de este otro cojo aquello, porque me funciona. No creo que haya un método que le sirva a todo el mundo. Y las dos disciplinas se complementan completamente. Yo sé trabajar como actor sabiendo perfectamente dónde está el plano. Si tengo que interpretar una pelea en plano secuencia mientras el cámara se mueve, guío mi cuerpo a mitad de escena, improvisando, vendiéndolo para ese lado de la cámara. Y como stunt también tienes que saberlo: a lo mejor haces tu mega caída de nuca, han cambiado la óptica sin tú saberlo, no se ve, y esa te la has llevado gratis. Tienes que saber de todo un poco.
«Yo siempre me digo lo mismo: trabaja como si mtu madre pasara hambre. Todo lo que hago lo hago por ella»
Fran Berenguer

Me resulta todo esto como de otro mundo. Para terminar, Fran: me contaste que tu madre siempre te ha apoyado al cien por cien para que fueras actor, incluso en un camino tan duro y con tantos sustos como el tuyo. ¿Qué significa para ti ese apoyo y qué le dices cuando te ve levantarte después de cada caída?
¡Pobrecita mía…! Pues que mil gracias, que es mi motivación cada día. Gracias a la vida, mi familia está bien, y tengo muchísima suerte de poder centrarme en mi trabajo. Soy una persona completamente afortunada. Habré tenido mis complicaciones en la vida a nivel físico y a nivel personal, pero la gente que quiero siempre ha estado sana, y la persona más importante de mi vida, mi motor, no ha tenido nada. Eso me ha ayudado muchísimo a estar muy centrado y muy agradecido. Yo siempre me digo lo mismo: trabaja como si tu madre pasara hambre. Todo lo que hago lo hago por ella. Pero, gane lo que gane y triunfe lo que triunfe, voy a tener una deuda eterna con ella. Hay cosas que no se pueden devolver, y son la confianza y el amor que me han puesto donde estoy.
Fotógrafo: Valero Rioja
Asistentes de fotografía: Pedro Melo y Andrés Maizo
Agradecimientos especiales: Estudio La Madame

