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Los psicólogos coinciden: el problema no es tu rutina, es que llevas semanas sin estar presente en ella

hombre en cafetería aburrido con amigos hombre en cafetería aburrido con amigos
La tan viral estética del "día perfecto" promete presencia, aunque la realidad es, según los expertos, que la presenacia también hay que entrenarla. | Crédito imagen: Rísbel Magazine.

TikTok lleva años pidiéndote que «romantices tu vida». Dos psicólogas explican por qué la moda apunta al sitio correcto y se equivoca de solución.

Tuve uno de esos días. Era un martes, ¿o un miércoles? No lo recuerdo, y eso ya dice bastante. Llegué a casa, me senté en el sofá, mi pareja me preguntó algo y respondí con un «ajá» que no significaba nada. Cené en algún momento y me fui a dormir. Al día siguiente caí en la cuenta de que no recordaba casi nada de la jornada anterior. No porque hubiera pasado nada malo, sino porque no había estado allí. Mi cuerpo sí; yo no. Y sospecho que a ti tampoco te suena raro.

Hay un nombre para eso: «vivir en piloto automático» y, lejos de ser un defecto tuyo, es uno de los temas que más circula hoy en redes. La pregunta es si la solución que se ha vuelto viral es la correcta.

La moda de «romantizar la rutina» (y lo que de verdad esconde)

Desde 2020, un audio de TikTok «tienes que empezar a romantizar tu vida» ha inspirado cientos de millones de vídeos: cafés filmados a cámara lenta, paseos al atardecer, la cama recién hecha bajo una luz cuidada. La tendencia ha calado especialmente entre los jóvenes en España, y el mensaje de fondo es atractivo: trata tu día corriente como si fuera una película y deja de vivirlo en blanco y negro.

El impulso conecta con ideas tan asentadas como el savoring de la psicología positiva o el hygge danés: detenerse a apreciar lo pequeño. El problema llega cuando «romantizar» se confunde con decorar. El Instituto Cervantes, que ya recoge romantizar como neologismo, avisa de su cara peligrosa: idealizar lo que no debería idealizarse. Y ahí está el malentendido que recorre media red social: creer que la presencia es una cuestión de «velas y matcha», cuando en realidad es una cuestión de atención. Esa idea, la atención como el verdadero lujo, no la inventó TikTok. La formuló mucho antes, y mejor, un escritor.

Qué es el piloto automático (y por qué no es tu enemigo)

En 2005, David Foster Wallace, autor de La broma infinita, dio un discurso de graduación en el Kenyon College, publicado después como This Is Water. Empezó con una escena: dos peces jóvenes se cruzan con uno mayor que les saluda, «¿cómo está el agua?». Siguen nadando y, al rato, uno pregunta al otro: «¿Qué diablos es el agua?».

La metáfora es simple y demoledora: lo más evidente es justo lo que dejamos de ver. Wallace hablaba de algo que la psicología describe como modo de piloto automático: la mente responde a los estímulos de forma mecánica, sin pasar por la reflexión. No es distracción puntual, es vivir sumergidos en lo de siempre sin cuestionarlo, como los peces en el agua.

Y aquí conviene quitarle el dramatismo: el piloto automático no es un fallo. Yolanda Cuevas Ayneto, psicóloga especialista en EMDR e instructora en mindfulness, lo sitúa en su origen funcional: «El cerebro está diseñado para automatizar procesos porque eso le permite ahorrar energía. El problema aparece cuando no solo automatizamos tareas, sino también nuestra forma de pensar, sentir y reaccionar.»

Es decir: automatizar el camino al trabajo es eficiencia. Automatizar tus relaciones, tus comidas y tus tardes es desaparecer de tu propia vida sin darte cuenta.

El problema no es tu rutina, es cómo la estás viviendo

Aquí está el error que comparten la moda viral y casi todas las conversaciones sobre el tema: culpar a la rutina. Déborah Murcia, psicóloga especializada en manipulación y narcisismo, lo descarta de entrada: «Yo no creo que la rutina sea mala. Tener rutina nos da orden y tranquilidad. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos si esa rutina sigue teniendo sentido para nosotros.»

No se trata de lo que haces, sino de cómo lo habitas. Cuevas lo lleva un paso más allá: «Lo que suele generar malestar no es tanto la rutina como la desconexión con la que la vivimos. Podemos tomar un café cada mañana durante años y seguir encontrando pequeños matices nuevos si estamos presentes. Y también podemos hacer un viaje extraordinario mientras nuestra mente está atrapada en preocupaciones y apenas disfrutarlo.»

hombre mirando el móvil rodeado de amigos
El cerebro automatiza para ahorrar energía. El precio es dejar de notar lo que se repite. | Crédito imagen: Getty.

Por eso «romantizar la vida» se queda a medias: cambiar el decorado del café no sirve de nada si sigues sin estar presente mientras lo bebes. La frase de Cuevas resume el giro completo: «Muchas veces creemos que necesitamos cambiar de vida cuando en realidad necesitamos cambiar la forma en que estamos viviendo la vida que ya tenemos.»

Cómo salir del piloto automático

La respuesta de los profesionales, lejos de tener que irte a un retiro espiritual o tener que hacer cambio de hábitos radical, es más pequeña y más exigente: parar. Crear micro-pausas durante el día. «Desde el mindfulness trabajamos precisamente esto: crear un espacio entre lo que nos ocurre y cómo respondemos. Ahí es donde aparece la posibilidad de elegir», explica Cuevas.

Murcia lo resume en una sola pregunta que puedes hacerte ahora mismo: «¿Esto lo estoy haciendo porque quiero o porque me sale solo?». Y desactiva de paso la presión de la moda: «No hace falta cambiar toda tu vida». A veces el primer paso es solo darte cuenta.

hombre haciendo mindfulnes
Reunidos pero cada uno en su pantalla: el piloto automático también se cuela en los ratos que creíamos estar compartiendo. | Crédito imagen: Getty.

Hay un matiz final que evita el simplismo del «piensa en positivo y ya». Desde enfoques como el EMDR se sabe que no basta con pedirle a alguien que piense distinto: a veces hay que ayudar antes al cuerpo a procesar lo que sigue activando sus alarmas. Por eso, recuerda Murcia, «no elegimos lo primero que pensamos o sentimos, pero sí podemos decidir qué hacemos después con eso». La diferencia entre vivir despierto y vivir en automático no está en hacer cosas extraordinarias, sino en «estar un poco más presente en lo cotidiano. Elegir más y repetir menos».

Vivir en piloto automático no es un defecto: es como el cerebro sobrevive al ruido del día. La culpa no es de la rutina, ni de la agenda, ni del trabajo. El problema es no darte cuenta de que llevas tiempo sin estar realmente ahí. Y eso, a diferencia de tu vida entera, sí puedes cambiarlo hoy.

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