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Éxito, estrés y salud mental: el precio oculto de querer llegar a todo

Cómo nos está afectando querer llegar a todo Cómo nos está afectando querer llegar a todo

Un exceso de presión y falta de tiempo están alterando el funcionamiento de tu cerebro, dañando tu salud física y deteriorando tus vínculos personales. Te explicamos por qué ocurre y qué puedes hacer para recuperar el control de tu vida.

Sientes que no llegas a todo? No eres el único. La falta de tiempo, el estrés y la sensación de estar constantemente bajo presión se están convirtiendo en la norma para muchos hombres como tú: con responsabilidades, con objetivos, con una agenda repleta… y con muy poco margen para respirar.

Un estudio de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC) revela cómo esta aceleración constante está afectando no solo a tu productividad, sino también a tu cerebro, tu salud mental y tus relaciones personales. Porque no, no es solo una “racha mala” o una etapa. El estrés sostenido tiene consecuencias reales, profundas y, en algunos casos, irreversibles.

Afortunadamente, entender el origen del problema (y sus efectos) es el primer paso para recuperar el control de tu vida.

El estrés moderno: cuando vivir rápido nos pasa factura

Ahora que todo se mide por la velocidad y la eficiencia, la sensación de no tener tiempo se ha convertido en una epidemia silenciosa. Vas encadenando reuniones, correos, decisiones, gestiones personales… y cuando por fin tienes un hueco, ni siquiera sabes cómo desconectar.

Los datos lo confirman. En España, más de 600.000 personas estuvieron de baja por problemas mentales en 2023, según el sindicato UGT. El estrés es ya la segunda causa de baja laboral después de los trastornos musculares.

Y no hablamos solo de estrés laboral. Las preocupaciones financieras, la presión social o los conflictos personales también van dejando huella. El Ministerio de Sanidad alerta de que casi el 25 % de las personas que acuden a atención primaria presentan algún tipo de problema de salud mental. El 6,7 % padece ansiedad. El 4,1 %, depresión.

La mayoría de estos casos no llegan a tratarse. Muchos hombres, por orgullo o desconocimiento, siguen adelante sin parar… hasta que el cuerpo y la mente dicen basta.

¿Por qué sentimos que no llegamos a nada?

Francesc Núñez, sociólogo de la UOC, explica este fenómeno desde una perspectiva que te hará pensar. Según él, vivimos en un estado de “aceleración constante”. Y aunque la tecnología prometía ayudarnos a ganar tiempo, en realidad ha conseguido lo contrario.

Piénsalo. El correo electrónico, los chats de trabajo, las reuniones virtuales… Todo va más rápido, sí, pero eso solo ha elevado nuestras exigencias. Y lo que antes hacías en un día, ahora tienes que resolverlo en una mañana.

Además, vivimos rodeados de pantallas, notificaciones y tareas automáticas. Rellenar formularios, pedir citas online, comparar precios, coordinar calendarios… La sobrecarga informativa y operativa es brutal.

¿La consecuencia? Estamos tan ocupados que apenas nos queda tiempo para lo esencial: comer sin prisa, dormir bien, salir a pasear o tener una conversación profunda. Esta falta de “resonancia” con el mundo, como diría el sociólogo Hartmut Rosa, nos desconecta de lo que realmente importa. Nos sentimos solos incluso cuando estamos rodeados de gente.

¿Qué le pasa a tu cerebro cuando vives estresado?

Aquí viene la parte más reveladora del estudio. La neurocientífica Diego Emilia Redolar, también de la UOC, explica cómo la presión del tiempo actúa directamente sobre tres áreas de tu cerebro: la amígdala, la corteza prefrontal y el hipocampo.

«Cuando tenemos esa percepción de falta de control debido a la constante presión del tiempo, se libera cortisol. Ese cortisol está presente en nuestro cuerpo durante más tiempo del que debería, y actúa en el ámbito cerebral»

Diego Emilia Redolar, Profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación.

Cuando sientes que no controlas tu vida, tu cuerpo libera cortisol, la famosa hormona del estrés. ¿Y qué hace el cortisol? Estimula en exceso la amígdala (la parte emocional del cerebro), lo que dispara la ansiedad. Además, impide que la corteza prefrontal (la zona que te ayuda a tomar decisiones y pensar con claridad) funcione bien. Por eso, cuando estás estresado, te cuesta más concentrarte, resolver problemas o incluso hablar con lógica.

Y lo peor es que no todo se soluciona con una siesta. El estrés crónico daña el hipocampo, que es clave para la memoria y el aprendizaje. Esta parte del cerebro se atrofia, deja de generar nuevas neuronas y pierde capacidad para retener información.

En resumen: tu mente se vuelve más reactiva, menos racional y mucho más vulnerable.

Cuando el estrés se cuela en tu salud y tus relaciones

No es solo que te sientas más cansado. El estrés afecta a tu cuerpo entero. Suben tus niveles de inflamación, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, se debilita tu sistema inmunológico y tu descanso se vuelve cada vez más superficial.

Pero hay otro punto que merece atención: el impacto en tus relaciones. Cuando tu cabeza está saturada, es difícil escuchar de verdad, tener empatía o conectar emocionalmente con los demás. Las conversaciones se vuelven superficiales, saltas más rápido ante cualquier malentendido, te aíslas o directamente evitas enfrentarte a lo que te molesta.

La tecnología tampoco ayuda. Según la psicóloga Sherry Turkle, autora del libro En defensa de la conversación, nuestra dependencia del móvil y de la comunicación digital ha erosionado nuestra capacidad de mantener relaciones significativas. Cada vez tenemos más contactos, pero menos conexiones reales.

¿Y ahora qué? Estrategias reales para recuperar el control

No existen soluciones mágicas. Ni el yoga exprés, ni las escapadas de fin de semana, ni los fármacos van a resolver un problema de fondo. Pero sí hay formas reales de mejorar tu bienestar. La clave está en cambiar tu relación con el tiempo, contigo mismo y con los demás.

Aquí van algunas estrategias avaladas por la neurociencia y por los propios expertos de la UOC:

1. Crea espacios sin tecnología

Desconecta del móvil durante ciertas horas al día. Usa esos momentos para conversar cara a cara, leer, cocinar o simplemente estar contigo.

2. Practica la “unitarea”

Olvídate del multitasking. Hacer una cosa a la vez mejora tu concentración, tu eficacia y tu sensación de control.

3. Aplica la regla de los 7 minutos

Según Turkle, las buenas conversaciones necesitan al menos siete minutos para profundizar. No cortes temas importantes antes de tiempo.

4. Elabora listas

Sí, las listas ayudan (por eso triunfan tanto en Google!). Te dan claridad, bajan tu ansiedad y te permiten priorizar lo importante.

5. Haz ejercicio al aire libre

30 minutos al día de actividad física son suficientes para reducir el cortisol, mejorar tu estado de ánimo y ganar perspectiva.

6. Medita (aunque sea 5 minutos)

El mindfulness ayuda a relajar la amígdala, a bajar revoluciones y a reconectar con el presente.

7. Duerme bien

Dormir es tan importante como trabajar. Un descanso profundo es fundamental para la salud mental y emocional.

8. Come mejor

Evita el exceso de cafeína, azúcar y procesados. Tu cerebro también se alimenta de lo que comes.

9. Rodéate de buena compañía

A veces mantenemos relaciones tóxicas por compromiso y cercanía, sin embargo, estas terminan marchitándonos poco a poco. Las relaciones significativas liberan oxitocina, la hormona del vínculo, y reducen la sensación de soledad.

10. Aprende a decir que no

Este es el verdadero lujo. Elegir tus batallas, tus compromisos y tus prioridades es clave para vivir mejor. Aprender a decir que no es un auténtico dilema para mucha gente, y ahí está precisamente la clave del éxito: en saber decir que no sin remordimientos.

No es debilidad, es inteligencia emocional

Reconocer que el estrés te está afectando no te hace menos fuerte. Todo lo contrario. Significa que estás prestando atención a tu bienestar y que estás dispuesto a tomar el timón de tu vida.

Ahora que se premia la productividad por encima del equilibrio, aprender a parar, a reconectar y a soltar el control es un acto de valentía. No estás solo. Y sí, se puede vivir de otra manera.

Porque tu tiempo, tu salud y tus relaciones no deberían ser la moneda de cambio por el éxito.

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