Comandante con veinticinco años a los mandos, autor, conferenciante y fundador de la Academia Sin Miedo a Volar, Perico Durán ha convertido su cabina en una herramienta para ayudar a miles de personas a recuperar la libertad de viajar. Hablamos con él de vocación, de control, de diálogo interno y de la persona en la que uno se convierte cuando decide plantar cara a un miedo.
Perico Durán creció viendo despegar a su padre y a su abuelo, los dos pilotos militares y, después, comandantes en Iberia. Con ese apellido y una infancia marcada por la película Top Gun, su destino parecía que estaba ya escrito. Hoy, con veinticinco años a los mandos y más de un millón de pasajeros a sus espaldas, pilota aviones de Airbus por medio mundo. Pero su historia dio un giro el día que entendió que la cabina podía servir para algo más.
Todo empezó con unos vídeos sobre sus viajes y sobre el funcionamiento de un avión. Pronto, la bandeja de entrada se le llenó de mensajes de personas para quienes volar era pura angustia. Ahí descubrió la dimensión de un problema que condiciona vidas enteras: el miedo a volar. Hay quien renuncia a viajar, a un ascenso o a conocer a sus nietos con tal de no subirse a un avión. De esa inquietud nacieron su libro, Volar sin miedo (ya en su tercera edición), una comunidad de más de 400.000 seguidores y la Academia Sin Miedo a Volar.
Lo recibimos en los estudios de Rísbel Magazine para hablar de todo eso y de bastante más: de cómo se reeduca un cerebro, de por qué conviene volar sin esperar a perder el miedo, del diálogo que mantenemos con nosotros mismos y de la persona en la que uno se convierte cuando decide plantar cara a aquello que le limita. Una conversación sobre aviones que, en el fondo, habla de la vida misma. ¡Despegamos!
Comandante de vuelo, autor, divulgador y conferenciante. Cuando te preguntan a qué te dedicas, ¿qué respondes?
Hay una frase que le repito mucho a mi hijo: de todas las cosas que soy, ser su padre es la que más me gusta. Mi relación con él es algo nuclear, fundamental en mi vida. Después, si tengo que considerarme algo, me considero piloto. Y luego está toda la parte de divulgación, ayudar a la gente a superar el miedo a volar, que es algo que da propósito y misión a mi vida y que también es muy importante.

Reloj Seamaster Aqua Terra Shades de 38mm en acero, de OMEGA.
Entrevista a Perico Durán: Cómo superar el miedo a volar
Empecemos por el principio… ¿Cómo llega uno a ser piloto? ¿Te viene de casa, fue una decisión repentina, es algo muy meditado?
En mi caso lo tuve muy fácil, porque mi padre y mi abuelo fueron pilotos del ejército y, después, comandantes en Iberia. La inspiración la he tenido muy cerca. Y, como todos los niños nacidos en los ochenta, la película Top Gun jugó un papel importante: nos marcó a muchos de los compañeros con los que estudié, justo en ese momento de la infancia.
Tienes una carrera muy larga como piloto, ya absorbente de por sí, y en un momento decides dar el paso a la divulgación, a hablar públicamente del miedo a volar. ¿Cómo se da ese paso?
Al principio publicaba en mis redes sociales cosas de los viajes con mi hijo o de aviación, desde un punto de vista divulgativo y técnico. Pero cada vez me encontraba con más mensajes de gente que no veía la aviación como una pasión, como la siento yo, sino con miedo a volar. Poco a poco me di cuenta de la dimensión del problema y empecé a hablar por mensajes directos con la gente, para quitarles mitos y echarles una mano.
Al final entendí que hacía falta dar la cara en los vídeos y explicarlo para mucha gente, en vez de ir uno a uno. Vivimos bombardeados por noticias sensacionalistas; todo el mundo habla del avión que se estrella, y yo pensé: «Hace falta hablar de los otros cuarenta millones que cada año no lo hacen». De ahí salió todo: primero las redes, luego la divulgación, el libro y, finalmente, la Academia Sin Miedo a Volar. He abierto muchos frentes pequeños para intentar echar una mano.
Después de tantos años acompañando a la gente, habrás conocido muchísimas historias. ¿Hay alguna que te haya llegado especialmente?
Hay muchas, porque es un miedo que afecta a muchísima gente y hay historias de todo tipo. Una me marca especialmente: una chica joven de Barcelona que perdió a un grupo de amigos en el accidente de Germanwings, en el que el piloto se suicidó en los Alpes. Ella había dejado de volar, entró en el programa que tenemos en la academia y, poco a poco, lo fue superando. Ahora vuela (todavía con miedo), pero ha recuperado esa libertad. Es una historia inspiradora.

Reloj Seamaster Aqua Terra Shades de 38mm en acero, de OMEGA.
Te estás emocionando.
Me gusta, porque convivo a diario con historias de superación. Es como en la vida: cuando ves a dos equipos de fútbol que no son el tuyo, siempre vas con el débil, quieres que remonte. Yo tengo la suerte de convivir a diario con personas inspiradoras, porque quien te inspira es el que lo tiene difícil, no el que lo tiene fácil ni el que ya es un maestro en lo suyo. Esa es la suerte que tengo con todo esto.
¿Cómo conociste su historia?
Me escribió un email. Imagino que me encontró a través de mis redes sociales. Era un correo bastante largo en el que me contaba lo que había vivido, lo que suponía para ella, y que gracias a los vídeos que subía estaba encontrando la motivación para empezar, aunque no sabía cómo hacerlo. Era una persona que viajaba con normalidad y, a raíz del accidente, cortó por completo el contacto con cualquier avión: dejó de volar por el trauma. Como era una historia tan fuerte, le regalé el acceso a la academia y empezó.
¿La academia? Cuéntame qué es exactamente.
Tiene una doble parte. Por un lado, un montón de vídeos que lo explican todo: es un proceso estructurado sobre qué hay que hacer para superar el miedo a volar, y la gente va siguiendo ese proceso. Por otro, una parte de comunidad, con muchas personas en ese mismo camino. Ahí comparten sus logros y sus avances, y se apoyan unos a otros. Es un sitio bonito, porque cada uno tiene su propia historia y entre ellos acaban haciéndose amigos.
Esa parte de comunidad es fundamental.
Es una terapia de apoyo entre ellos. Yo no soy psicólogo ni pretendo serlo; para tratar ciertos temas hay que ir a terapia. Pero encontrar apoyo en gente que siente y piensa como tú, y que está en ese mismo proceso, es muy importante.
Hay quien trata el miedo desde la consulta, con un psicólogo o un psiquiatra. En tu caso es distinto, porque tú eres el que está en la cabina, a los mandos. ¿Cambia las cosas?
Superar un miedo como este debe apoyarse en dos pilares. Por un lado, la terapia, que es fundamental para quien tiene mucho miedo u otros problemas añadidos; yo siempre animo a ir, para cualquier cosa en la vida. Por otro, hay una parte de conocimiento técnico. Ese conocimiento puede aportarlo cualquiera: un ingeniero, un controlador, un tripulante… Pero el comandante es el máximo responsable de la seguridad, y es lógico que la gente encuentre más confianza en ese papel.

Cuando uno lleva tantos años acompañando a la gente, no se va a la cama sin sacar conclusiones. ¿Qué te llevas tú de todo esto?
Lo que me llevo es ese propósito, esa misión de ayudar a la gente a superarlo. Despertarte cada día con una misión es muy positivo; la vida no siempre tiene momentos felices, y tener ese ancla, ese foco, ayuda mucho en los vaivenes. Yo ya tengo la suerte de tener un hijo, pero esto también me da propósito. Y luego están las historias de superación: convivir a diario con personas inspiradoras. Aunque no sean grandes héroes para la masa, para mí lo son, porque están venciendo algo que les afecta y les limita enormemente. Es enormemente gratificante; es una suerte.
Cambiando de tercio: superar un miedo así, como cualquier otro miedo en la vida, no es cuestión de un día ni de un momento de valentía. Imagino que es un proceso.
Efectivamente, es un proceso y tiene sus pasos. El primero es que la persona que sufre el miedo entienda exactamente qué le pasa. ¿Tienes miedo, ansiedad, fobia? Cuando empiezas a entender qué te ocurre, puedes buscar las herramientas adecuadas, porque no es lo mismo tener miedo que ansiedad o fobia. Encontrar esa claridad mental, saber contra qué tienes que luchar, ayuda mucho.
Si tuviéramos que poner un punto de partida, ¿cuál es el primer paso para superar un miedo?
Ese: entender lo que te pasa. Y también proponértelo y comprometerte contigo mismo para superarlo. En el momento en que dices «hasta aquí he llegado, voy a ponerle remedio, me comprometo», le mandas una señal muy importante a tu cerebro: que eso importa y que tienes que luchar contra ello.

Se tiende a pensar que el miedo a volar es un mal rato de un par de horas en un avión, pero quien lo padece de verdad no lo vive así. ¿Qué has visto que la gente deja de hacer con tal de no subirse a un avión?
La renuncia más fácil y más básica es la de viajar. El mundo es cada vez más accesible: en unas horas puedes estar conociendo otras culturas, otras personas que enriquecen tu vida. Esa es la primera renuncia. También he visto muchos casos de gente que renuncia a oportunidades laborales o a ascensos por este miedo. Tengo el caso de un ingeniero argentino al que le ofrecieron un ascenso buenísimo en Berlín y lo rechazó, porque para volver a ver a su familia tenía que viajar. Hace poco, un miembro del Comité Olímpico tenía que viajar lejos, creo recordar que a Japón, y estaba con problemas para aceptar ese ascenso y esa nueva misión.
Acabas renunciando a viajar, a oportunidades laborales y también a vivir momentos importantes con la gente que quieres: conocer a tus nietos, acompañar a tu pareja… Hay muchos casos de parejas a punto de separarse porque uno de los dos no puede viajar y el otro no tiene las herramientas para acompañarle. Todo esto afecta a tu vida por fuera, pero también por dentro: a la confianza en ti mismo y a la autoestima. Por eso es algo que hay que abordar y en lo que la persona tiene que esforzarse, porque invade mucho.
«A pesar de la incomodidad, de la incertidumbre y de lo mal que te sientes, si consigues hacerlo, el miedo se va haciendo más pequeño»
Hay algo que parece ir contra toda lógica. Lo intuitivo sería esperar a no tener miedo para subirse a un avión, y tú defiendes lo contrario. Explícanoslo, porque intuyo que sirve para casi cualquier miedo.
Cuando tienes un viaje, lo estás pasando muy mal y decides posponerlo o cancelarlo, sientes un alivio momentáneo, y tu cerebro asocia la idea de que has evitado un peligro real. Ese refuerzo constante «qué bien me siento por no viajar, será porque esto es peligroso» hay que hacerlo a la inversa. Si, a pesar de la incomodidad, de la incertidumbre y de lo mal que te sientes, consigues hacerlo, el miedo se va haciendo más pequeño.
Pasa con otros miedos, como hablar en público: la confianza no llega porque un día tengas un momento de inspiración y salgas a un escenario ante dos mil personas. Llega el día en que en una reunión te atreves a levantar la mano, o cuentas un chiste en un grupo grande, o das una entrevista, o vas a la radio… y, poco a poco, un día te encuentras dando una conferencia ante mucha gente. Lo has ido venciendo paso a paso y tu cerebro ha asociado la idea de que realmente puedes con ello.
A mí me dieron un consejo para esto. Cuando algo se te atasca mentalmente y todavía no ha ocurrido, el miedo a volar, hablar en público, una presentación en el trabajo, ya estás bloqueado una semana o un mes antes. Lo hablé con mi terapeuta y me recomendó que, cuando me llegara esa sensación de ansiedad, me imaginara que ya lo había hecho y ya lo había pasado: ponerme mentalmente después del evento, no antes. Y fue como desatar un nudo.
Por eso animo a todo el mundo a ir a terapia: te dan las herramientas que de verdad necesitas. Vencer grandes miedos o grandes retos en la vida es mucho mejor con la ayuda adecuada; los terapeutas están para eso. Ese sistema que te dieron es muy importante.
En el caso del miedo a volar, para quien tiene un problema grande, hay una parte de exposición gradual. Hay gente que no puede ni ver un avión: tengo una chica de Canarias que, cuando ve uno en el cielo, tiene que esconderse en un bar. A esa persona no la puedes subir a un avión el mismo día; tiene que empezar, quizá, viendo fotos de aviones e ir acercándose poco a poco. Para los casos muy extremos, la exposición gradual.

Hablemos de ceder el control, porque de toda tu historia esto me fascina. Cuando tú eres el piloto, eres el que tiene el control. ¿Cómo te enfrentas a una persona cuyo dilema es precisamente que no sabe ceder, no sabe soltar?
Le pasa a mucha gente, especialmente a directivos o a personas con sus propios negocios, acostumbrados a intentar controlarlo todo, pero también a cualquiera en el día a día. Intentamos controlar todas las variables, y al final uno tiene que asumir que no todo depende de ti, que hay cosas que tienes que soltar. La ventaja de la aviación es que cedes el control a quien debe tenerlo, a quien ha demostrado que sabe. En aviación trabajamos millones de personas. En 2023 hubo un solo accidente entre cuarenta millones de vuelos.
Perdona: ¿cuarenta millones de vuelos?
Cuarenta millones de vuelos comerciales al año, de las compañías aéreas que conocemos. Y hubo un solo accidente: un avión de hélice que se estrelló en Nepal. En el resto del mundo, ninguna compañía aérea tuvo un accidente con víctimas mortales en todo 2023.
Hay una idea tuya que me gusta mucho: igual que se entrena el miedo, también se entrena la calma. Y eso nos da una idea de cómo funciona la neuroplasticidad. ¿De verdad se puede reeducar el cerebro?
Sí. El miedo a volar es un miedo aprendido, ya sea porque te lo ha contagiado alguien, porque has visto algo que no deberías o porque, por otras circunstancias de la vida, te has ido metiendo en eso. Un niño no nace con miedo a volar; ni siquiera sabe que se vuela. El miedo a volar se aprende, y todo lo que se aprende se puede desaprender.
De repente lo asocias por cualquier cosa: porque te lo ha pegado tu madre o tu padre, un amigo, o porque viste documentales en un momento en que estabas más sensible y empezaste a asociar esa idea. Igual que tu cerebro asocia «pienso así y acabo sintiendo esto», puedes hacer el camino inverso: empezar a pensar de otra manera, acabar venciendo el miedo y darte cuenta de que volar no es peligroso.
Todos arrastramos frases que damos por verdades absolutas sobre nosotros mismos. En el miedo a volar, ¿cuál es la creencia falsa con la que más te encuentras? ¿Y cómo se desmonta algo que alguien lleva años repitiéndose?
Son las creencias limitantes, que todos tenemos, sobre nuestra propia valía. En el miedo a volar, hay personas que creen que no van a ser capaces de superarlo; esa es la que más me encuentro. Y, en aviación, hay creencias como que una turbulencia puede derribar un avión o que un fallo de motor equivale a un accidente.

¿Una turbulencia puede derribar un avión?
Una turbulencia nunca ha derribado un avión. Los aviones están preparados para resistir cualquier tipo de turbulencia; no hay ninguna en la naturaleza capaz de romper uno. La turbulencia puede causar que alguien se dé un golpe o que un objeto te dañe, pero no va a derribar el avión. No es peligrosa para el avión.
Pero sí hay puntos más conflictivos en el planeta. Se me ocurre el triángulo de las Bermudas.
El triángulo de las Bermudas tiene ese mito, pero en realidad era una zona donde desaparecían muchos barcos porque pasaban muchos barcos por ahí; es una zona de huracanes, y así se crea el mito. No es algo electromagnético ni nada por el estilo: es un sitio con muchos huracanes y mucho tráfico de barcos —españoles, ingleses—, y también aviones que en los años cincuenta se estrellaban por esas circunstancias. En cuanto a la turbulencia, sí hay zonas donde puede ser más fuerte: cerca de las montañas, aeropuertos concretos como Bilbao, o el cruce de los Andes.
Donde, de hecho, ocurrió el accidente del equipo de rugby de ¡Viven!.
Exacto. Aquí tenemos la versión española, La sociedad de la nieve, muy buena. En esas zonas hay más turbulencia y se sabe perfectamente: vas a cruzar los Andes sabiendo dónde puede haberla, y se aplican protocolos especiales. En Bilbao pasa porque el aeropuerto está al lado de una montaña: cuando el aire viene del sur, sube la montaña y baja revuelto, igual que en un río, cuando hay una roca en medio, se crean turbulencias detrás. El aire es un fluido, como el agua, y se comporta como tal.
Con cuarenta millones de vuelos al año, imagino que son cosas que tenéis muy medidas e identificadas, con las soluciones planteadas.
Se minimiza, aunque no desaparece, porque la turbulencia siempre va a estar. Ahora, en verano, en Madrid hay turbulencia térmica: el sol calienta la tierra y el aire sube. Es eso que a veces parece un espejismo —no hace falta ir al cine para verlo: vete a la Gran Vía y verás la neblina—. Arriba, eso genera turbulencia y es imposible de evitar. La turbulencia es incómoda, pero no es peligrosa; se transita como las emociones en la vida.
«Me encuentro con gente que se dice cosas que jamás le diría a un amigo. Ese cariño que tenemos con los demás debemos tenerlo también con nosotros mismos»
Acompañando a tanta gente, habrás visto muchas formas de hablarse a uno mismo. ¿Cómo de importante es ese diálogo interno cuando alguien planta cara a un miedo?
Es fundamental, porque cuando te hablas de una manera, cambias tu forma de pensar y acabas cambiando tu forma de sentir. Me encuentro con gente que se dice auténticas barbaridades: «no eres capaz», «vas a tener un vuelo horroroso», «se va a mover muchísimo», «seguro que cuando vueles hay una tormenta». Cosas que jamás le dirías a un amigo. A un amigo le dirías: «Tú puedes con esto, ya has hecho cosas muy difíciles en tu vida, vas a poder, vas a tener un vuelo estupendo y lo vas a pasar genial cuando llegues». Ese cariño, ese apoyo que tenemos con los demás, tenemos que tenerlo también con nosotros mismos, y ser mucho más compasivos.

Entonces, si el primer paso es reconocer el miedo y proponerse superarlo, ¿el segundo es hablarse bien?
Hablarse bonito es muy importante. Y también desidentificarte de tus pensamientos. Nosotros no somos nuestros pensamientos: hoy puedes pensar una cosa y mañana otra, y eso no define quién eres, sino cómo te puedes sentir.
A mí me pasa mucho: según el día que haya tenido, mi forma de pensar sobre mí mismo puede ser una u otra, radicalmente opuestas.
Totalmente. No somos nuestros pensamientos. Y lo mismo ocurre con tu forma de interpretar una noticia. Hay gente que recibe una mala noticia y construye a su alrededor un mundo terrible, y hay gente que decide que esa misma noticia le abre otra oportunidad. Ante una ruptura, unos piensan «mi vida ya nunca va a ser feliz» y otros, «esto me abre la oportunidad de conocer a alguien que sí sea para mí». Según cómo interpretes las cosas y cómo te hables, cambia mucho todo.
A todo esto hay que añadir un nuevo jugador en el tablero: las redes sociales y el consumo de contenido. Tú hablas de la «dieta del miedo». ¿Qué hay en el ser humano que nos hace consumir contenido macabro o morboso, aunque no tengamos afinidad con él y debiera producirnos rechazo?
Es verdad: nos gustan los documentales de catástrofes aéreas, el true crime… En general nos atraen. El problema es que quien tiene miedo a volar debería evitar ese tipo de contenido. Hoy los algoritmos favorecen mucho lo sensacionalista, el clickbait, y quien está en ese proceso tiene que cuidar lo que yo llamo la dieta mental: igual que cuidas lo que comes, tienes que cuidar lo que consumes mentalmente.
Evita seguir a quienes hablan de la aviación desde un punto de vista muy dramático. Puedes entrenar a tu algoritmo diciendo «esto no me interesa», y poco a poco lo vas venciendo. Y puedes elegir seguir a quienes divulgan sobre aviación desde un lugar más de calma, e incluso aprender protocolos de aviación sin irte siempre a la catástrofe. Porque si solo lees o aprendes sobre el avión que se estrelló, tu cerebro construye a su alrededor un universo que no es real.
Tú tienes una relación muy buena con las redes. ¿Cuántos seguidores tienes?
Creo que más de 400.000.

Es muchísimo. A lo que voy: imagino que tienes muy medido qué tipo de vídeo y qué mensaje funcionan, y cuáles tienen menos repercusión. ¿Tiene que ver con esos datos que mides en tu cuenta?
Más que medirlo por las visualizaciones, lo he ido aprendiendo de lo que hablaba en privado con la gente, de lo que le ayudaba o no. A veces le explicaba algo a alguien de una manera y me decía «me quedo igual», y de repente, otro día, das con la tecla: «Oye, esto que dijiste me lo iba repitiendo durante el vuelo y me ha ayudado mucho». Eso se nota.
Cuando alguien quiere crecer en redes por vanidad (tener muchos seguidores, llegar al millón) se nota; somos tremendos con eso. Pero cuando haces las cosas pensando «¿qué me preguntaron ayer?, voy a hacer un vídeo sobre esto», con la idea de ayudar a la gente a entenderlo, el algoritmo te ayuda a encontrar a las personas adecuadas para que reciban esa ayuda. Unas veces crece más y otras menos, pero si tu objetivo de fondo es ayudar, a largo plazo es mucho mejor. Prefiero tener a poca gente a la que de verdad ayudo que a mucha interesada en otra cosa, porque un contenido genérico acaba diluyendo tu mensaje.
¿Qué síntomas identifica la tripulación en un pasajero que se enfrenta al miedo a volar? ¿Ansiedad, náuseas, temblores, escalofríos?
Hay gente que lo oculta muy bien o que no le apetece decirlo. La ansiedad se nota en la respiración, en ciertos gestos, pero el pasajero todavía es capaz de hablar y decir «me estoy encontrando mal por esto». El problema es el ataque de pánico, cuando la ansiedad se desborda. Si el pasajero no ha avisado, los síntomas son muy parecidos a los de un infarto, y puedes tardar en darte cuenta.
El ataque de pánico es algo terrible: una sensación de muerte inminente, muy desagradable. Algunas personas sufren incluso un desdoblamiento de la realidad, se ven a sí mismas, piensan que se van a morir. La parte buena, por llamarla de alguna forma, es que cuando el cuerpo absorbe la adrenalina (en unos diez o quince minutos) pasa. Es como una tormenta: tiene su fase de desarrollo y luego se disipa. Pero esos quince minutos son un drama para quien lo sufre. Por eso, haber avisado antes a la tripulación de lo que te puede pasar ayuda a que busquen la ayuda adecuada, sobre todo cuando en ese momento no eres capaz de explicar lo que te ocurre.
Veinticinco años a los mandos de un avión. No me puedo ir sin preguntarte: ¿qué es lo más raro que has visto ahí arriba? Estáis solos en el aire…
Hay cosas de las que no puedo hablar. No puedo hablar de la Tierra plana ni de los ovnis; lo tenemos totalmente prohibido.

¿Ni siquiera ahora que el Gobierno de Estados Unidos ha desclasificado tantos archivos? ¿Firmáis que no podéis hablar de esto?
[Ríe] No, es broma. En realidad recibo muchísimas preguntas sobre eso, y cuando intento hablar de la Tierra plana y demás muchas veces me encuentro con un muro. Así que, desde hace años, digo que no se nos permite hablar de ello, y la persona se queda encantada, como si hubiera encontrado una prueba más.
«Más allá de superar el reto en sí, lo valioso es la persona en la que te conviertes para lograrlo. Eso es lo que te llevas para enfrentar la vida desde un lugar muy distinto»
Para ir cerrando, hablemos de creer en uno mismo. Después de toda tu experiencia, de acompañar a tantísima gente, de veinticinco años de trayectoria, tres ediciones de tu libro y unas redes con más de 400.000 seguidores, ¿qué es lo que de verdad transforma a la gente?
Cuando uno se plantea superar un reto difícil, como el miedo a volar, lo valioso va más allá de superar ese reto en concreto: es la persona en la que te tienes que convertir para lograrlo. Hemos hablado de creencias limitantes, de pensamientos intrusivos, de controlar la ansiedad… Esa persona en la que te conviertes para superar esto es lo realmente valioso, y es lo que te llevas para enfrentar la vida de otra manera, desde un lugar muy distinto.
Perico, te agradezco muchísimo que hayas venido esta mañana a estar con nosotros. Enhorabuena por el éxito del libro y por la gran labor que haces a través de tus redes. Gracias por compartir tu experiencia y tus conocimientos.
Muchísimas gracias.
Fotógrafo: Daniel Valdemoro
Dirección de moda: Berta Fdez.- Abascal
Maquillaje y Pelo: Manuel Moreno (Ns Management)
Estilista: Andrea Estirado
Asistente de estilismo: Celia Luengo
Asistente de fotografía: Eduardo González
Dirección de producción y coordinación: Mateo Carrasco

