Modo oscuro Modo claro

Leo Rizzi: "Cuando no eres Taylor Swift, en una gira tienes que abaratar horas de sueño y salud"

Leo Rizzi posa en una sesión de fotos para Rísbel Magazine Leo Rizzi posa en una sesión de fotos para Rísbel Magazine
El cantante Leo Rizzi durante la sesión fotográfica de presentación de La belleza de las flores, su nuevo álbum, inspirado en el filósofo Byung-Chul Han. Foto: Daniel Valdemoro/Rísbel Magazine.

El cantante hispano-uruguayo presenta La belleza de las flores, un disco inspirado en el filósofo Byung-Chul Han y en los ritos de maduración tribales. Habla sin filtro de autoexplotación, del negocio oculto de la inteligencia artificial en las plataformas de streaming y de por qué empieza su gira en México.



Cuando Leo Rizzi (Ibiza, 1998) entra por la puerta de los estudios de Rísbel Magazine, todo el equipo se mira. Alguien lo dice en voz baja: «Se parece a Mick Jagger». No es una exageración. Es su silueta, el modo de moverse, la mezcla de fragilidad y rock & roll que acompaña a su figura. Después llegará lo otro: el timbre, esa voz magnética y melancólica que en 2021 convirtió «Amapolas» en un fenómeno viral, lo metió en el Top 5 Global de Spotify y le regaló más de 327 millones de reproducciones, un disco de oro en España y un triple platino en México.

Pero hoy no venimos a hablar de éxitos pasados. Venimos a hablar de La belleza de las flores, el nuevo álbum de Rizzi, 14 canciones que el cantante hispano-uruguayo -nacido en Ibiza y criado entre Uruguay y España- presentará a partir de finales de mayo en una gira que arranca en México y se extenderá durante 2026 y 2027, con la mira puesta también en Europa, donde nunca ha actuado en directo. Antes de eso, sin embargo, hay un disco que defender. Y un mensaje detrás del disco que merece atención.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Traje cruzado, de EMPORIO ARMANI. Mocasines negros, de EMIDIO TUCCI.

Rizzi ha pasado meses obsesionado con el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ha leído sobre los aborígenes australianos y sus ritos de paso a la adultez, y ha terminado escribiendo un álbum que reivindica la pausa, lo sagrado y todo aquello que no cabe en una métrica de Spotify. Es todo un manifiesto: en una industria que premia la música hecha con IA y la rentabilidad a cualquier precio, él ha decidido componer un disco sobre la belleza por la belleza, sobre detenerse, sobre recuperar el valor de lo que simplemente es. Lo que sigue es la conversación que mantuvimos con él una tarde, después de un día largo de fotos.

Me ha llamado muchísimo la atención lo depuradísimo que está el concepto de este disco. ¿Cómo lo has desarrollado?

Siempre me ha gustado mucho el ensayo. Tampoco soy una persona que lea muchísimo, pero cuando algo me interesa me obsesiono bastante. Y esta vez me ha pasado con Byung-Chul Han, que me parece un pensador contemporáneo muy interesante porque habla precisamente de los problemas de hoy.

Creo que hay personas que vivimos analizando constantemente lo que pasa alrededor, casi desde un punto de vista antropológico, y a mí eso me fascina. Observo mucho las dinámicas, los ritmos y la manera en la que nos relacionamos con el mundo. Y leer a alguien como Byung-Chul Han te ayuda a ponerle palabras y estructura a muchas cosas que ya estabas sintiendo.

Al final, como artista dentro de esta industria, percibes muchas tensiones, comportamientos y cambios. Y encontrarte con textos así acaba siendo muy inspirador.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Traje cruzado, de EMPORIO ARMANI. Mocasines negros, de EMIDIO TUCCI. Gafas de sol MN-004, de la colección de Moisés Nieto para MÓ.

¿Y cómo lo conociste?

Llegué a él en un momento muy concreto de mi vida. Estaba obsesionado con la idea de la maduración personal y con cómo, antiguamente, existían rituales que marcaban el paso de la infancia a la adultez. En muchas culturas eso todavía existe. En Latinoamérica, por ejemplo, siguen celebrándose los quince años como un rito de paso hacia la vida adulta. Y creo que en Occidente, y especialmente en España, hemos perdido bastante esa tradición de señalar el momento en el que uno deja de ser un niño y empieza a asumir responsabilidades como adulto.

Yo me hacía muchas preguntas sobre eso: cómo podía encontrar mi propio ritual de maduración y cómo vivir ese proceso de una forma sana. Empecé a investigar y encontré referencias a rituales de aborígenes australianos que todavía se siguen practicando. Hay uno que me fascinó especialmente: el walkabout. Básicamente, le dan a un chico o una chica unas herramientas, unas instrucciones mínimas, y tiene que irse solo al bosque durante un tiempo para sobrevivir. Me pareció algo muy potente.

Y justo hablando de todo esto con un amigo mío, Luis, fue cuando me recomendó La desaparición de los rituales. Ahí empezó mi obsesión con Byung-Chul Han. Me voló completamente la cabeza.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Traje cruzado, de EMPORIO ARMANI. Gafas de sol MN-004, de la colección de Moisés Nieto para MÓ.

¿Tienen mucho peso en tu vida los rituales?

La verdad es que hasta hace poco no les había dado demasiada importancia. Pero me he dado cuenta de que, cada vez más, intento ritualizar ciertas cosas de mi vida. Creo que es importante recuperar esa idea de marcar etapas y momentos a través de rituales.

También pienso que hay algo muy valioso en darle importancia a cosas que, a simple vista, parecen cotidianas o insignificantes. Ritualizarlas es una forma de devolverles sentido. Y, para mí, ahí está el tema de fondo de todo esto: conseguir que la vida tenga una narrativa que vaya más allá del consumo o de la producción constante.

En la presentación de tu nuevo trabajo dices que este este disco «te invita, a través de la pausa, a mirar hacia dentro y a replantear la propia existencia desde un lugar más honesto y consciente. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas llevando un ritmo de trabajo que dijiste «uf, ni yo puedo con esto, ni esto puede conmigo»?

Creo que empiezas a darte cuenta cuando normalizas cosas que no deberían ser normales: viajar todos los días, dormir mal constantemente o perder por completo una rutina de sueño saludable. Ahí hay un momento en el que piensas: “Oye, esto no es sostenible”.

Y sinceramente creo que muchos artistas trabajan en condiciones bastante hostiles. Cuando haces una gira internacional y no eres una súper estrella como Taylor Swift, tienes que asumir muchísimos costes. Y para cuadrar todo, muchas veces acabas recortando en cosas básicas: horas de sueño, descanso, salud física y mental.

Eso es lo que realmente termina desgastándote. Poco a poco te conviertes en una persona más neurótica, más agotada y con menos equilibrio, tanto mental como físicamente.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Jersey con bordado, de DIOR. Anillos de plata, de THOMAS SABO.

¿A ti te presionaban y te decían «tienes que trabajar estas horas, hay que hacer esta gira», o como que dijiste «hoy hasta aquí»?

Lo peor de todo es que la presión me la pongo yo mismo. Seguro que hay artistas que lean esto y piensen: “Sí, yo también”. Evidentemente existe presión alrededor de la industria, todos somos conscientes de eso, pero quien más me exige soy yo. Soy yo quien está constantemente pensando en su carrera. Y al final no descansas nunca. Siempre estás dándole otra vuelta a todo: “debería estar promocionando esto”, “debería estar subiendo más contenido…”

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Jersey con bordado, de DIOR. Anillos de plata, de THOMAS SABO. Gafas de vista con montura metálica MÓ Sling.

Pero eso te va a pasar siempre. Si tienes esa personalidad, esa forma de ser, trabajes más o trabajes menos, tu cabeza va a estar rumiando permanentemente.

Claro, pero creo que esta tendencia de convertirnos en empresas de nosotros mismos hace que esa forma de vivir se normalice y hasta se vea como algo positivo. Y yo creo que también habría que revisar un poco todo eso.

¿Cuál sería el mensaje clave que tú le estás lanzando a tu público con este disco?

Con este disco quiero defender y compartir una idea muy concreta: la belleza de las cosas también está en lo sagrado, en aquello que no tiene que ver únicamente con producir o trabajar. Yo me he sentido muy presionado por el trabajo y he sido la primera persona en autoexplotarse. Creo que ha llegado un momento en el que tenemos que parar un poco, mirarnos desde fuera y preguntarnos cómo estamos viviendo. Parece que nos hemos convertido en empresas de nosotros mismos.

Me gustaría que la gente hiciera ese ejercicio de autoanálisis y se preguntara: “¿Hasta qué punto me estoy autoexplotando? ¿Cómo puedo empezar a celebrar más el hecho de estar vivo y trabajar sin sentir culpa por bajar el ritmo?”.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Pantalones de micropana, de OTRURA. Camisa estampada, de SANDRO. Gabardina de ante, de SANDRO. Anillos de plata, de THOMAS SABO. Botines vintage.

Eso es un arma de doble filo. Para una persona que es muy currante y responsable con su trabajo, ese mensaje es útil. Pero al mismo tiempo creo que en las personas equivocadas puede ser muy peligroso, porque hoy en día, si no te trabajas las cosas, es muy difícil que puedas salir adelante. Estamos en un mundo supercompetitivo. Hay gente hiperformada, hay gente con ganas de comerse el mundo, y al mismo tiempo hay gente dispuesta a vivir de los demás.

Es un tema delicado, porque al final también estamos hablando de dinámicas políticas y sociales. Lo que dices es cierto: este mensaje puede calar de formas muy distintas según quién lo escuche. Para mí, el trabajo tiene un valor enorme. Cuando haces algo que realmente te gusta, trabajar puede ser profundamente gratificante. De hecho, creo que todos deberíamos encontrar un lugar o una profesión que nos despierte esas ganas de entregarnos por completo. A mí me pasa con la música: cuando estoy creando o trabajando en algo que me apasiona, ni siquiera soy consciente de las horas que pasan.

Pero también creo que hay un punto en el que uno puede convertirse en siervo de un engranaje y perder el sentido de por qué hace las cosas. Ahí es cuando puedes perder el norte. Muchas veces trabajamos dentro de sistemas enormes, siguiendo dinámicas automáticas, sin conectar realmente con lo que estamos haciendo. Y eso genera una separación entre vivir y simplemente funcionar.

Es un tema muy complejo y muy sistémico, pero sí siento que cierta forma de entender el trabajo puede acabar alienando al ser humano y alejándolo de su propia vida.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Pantalones de micropana, de OTRURA. Camisa estampada, de SANDRO. Gabardina de ante, de SANDRO. Anillos de plata, de THOMAS SABO. Botines vintage. Gafas de sol MN-004 de la colección de Moisés Nieto para Mó.

Tú mismo lo has dicho: «Yo me dedico a autopromocionarme«. Antes, hubo un tiempo no hace mucho en el que el artista cantaba y tenía al mánager, al publicista, a 40 personas alrededor suyo, cada uno con su labor. Y tú acabas de decir que te dedicas, no solo a cantar, sino también a componer y a tu propia promoción.

Sí, estoy de acuerdo contigo. Creo que hay que diferenciar entre polivalencia y multitasking. La polivalencia me parece una evolución natural del ser humano. Al final son competencias que vas desarrollando y aprendiendo con el tiempo. Y tampoco es algo tan extraño si lo piensas: el ser humano renacentista ya era así. Era alguien formado en distintas áreas, desde el arte hasta la filosofía, la física o la geografía. Había una visión mucho más holística de la persona.

Creo que eso se fue perdiendo con la industrialización y con la especialización extrema orientada a la producción. Y ahora hemos llegado a un punto en el que, al convertirnos en empresas de nosotros mismos, acabamos siendo todas las áreas de esa empresa concentradas en una sola persona. Esa es un poco la evolución que estamos viviendo.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa blanca de vestir, pantalones vaqueros y mocasines, de EMIDIO TUCCI. Corbata beige, de SANDRO. Cazadora de cuero vintage, de GALERÍAS BAC. Gafas de sol MÓ Sidecar.

¿Qué relación tienes con la inteligencia artificial?

Tengo una relación de amor-odio con la inteligencia artificial, porque me parece un arma de doble filo. Por un lado, puede ser una herramienta muy útil para la creación y servirte como apoyo en muchos procesos. Al final, es una herramienta más. Puedes pedirle cosas muy concretas, como modificar un sonido, hacerlo más grave o más agudo, o transformar elementos dentro de una imagen. Y sinceramente, creo que negarse a usarla sería ir en contra de la evolución natural de las cosas.

Pero también pienso que, como cualquier herramienta poderosa, todo depende de cómo se utilice. Si se usa mal o de forma excesiva, puede acabar saturando y cansando.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa blanca de vestir, pantalones vaqueros y mocasines, de EMIDIO TUCCI. Corbata beige, de SANDRO. Cazadora de cuero vintage, de GALERÍAS BAC. Gafas de sol MÓ Sidecar.

El otro día leía una noticia: que Spotify había borrado 75 millones de canciones que se habían hecho con inteligencia artificial.

¿75 millones?

Es una barbaridad. A finales de 2025, Spotify eliminó aproximadamente 75 millones de canciones de su plataforma, que estaban generándole ingresos. Porque, ¿cómo funciona el tema de Spotify?

Claro, y ahí está uno de los grandes problemas. Al final, Spotify funciona por volumen de escuchas. Pongamos que durante un año se generan 100.000 millones de reproducciones en toda la plataforma: ese dinero se reparte entre todos los artistas y autores. El problema aparece cuando una parte de esas escuchas va a canciones creadas con inteligencia artificial.

Eso significa que parte de los ingresos destinados a músicos que realmente están componiendo, produciendo y creando terminan en manos de empresas o personas que generan música masivamente con IA solo para lucrarse. Y no solo pasa con terceros; muchas veces son las propias plataformas las que generan este tipo de contenido de forma industrial. Ahí es donde la situación empieza a volverse bastante delicada.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa y pantalón vaquero, de WILLY CHAVARRIA para ZARA. Cinturón y botines vintage.

¿El propio Spotify?

No quiero señalar a nadie en concreto, pero sí creo que las plataformas han encontrado ahí una forma de generar más dinero. Tú entras en una playlist de “piano para estudiar” o “música relajante” y normalmente nadie se pregunta de dónde sale esa música. Pero empiezas a investigar un poco y ves perfiles creados en 2025, justo cuando la inteligencia artificial empezó a explotar de verdad.

Muchos no tienen fotos, o las imágenes parecen claramente generadas con IA. Y hay muchísimos perfiles así. Entonces piensas: “Hostia…”. Porque ya de por sí es muy difícil vivir del streaming, teniendo en cuenta lo poco que se paga por reproducción. Y si encima parte de ese dinero acaba desviándose hacia música generada de forma masiva, el panorama para los artistas se vuelve todavía más complicado.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa y pantalón vaquero, de WILLY CHAVARRIA para ZARA. Cinturón y botines vintage.

¿Cuánto se paga por cada stream?

Aproximadamente, porque depende mucho del país y del mercado, pero en España se pagan unos 0,003 euros por escucha. Y si, por ejemplo, tienes reproducciones en países como Argentina, el valor de ese stream todavía es más bajo. Al final, es muy poco dinero.

Por eso creo que la inteligencia artificial se vuelve un problema cuando se utiliza para sustituir al ser humano o para eliminar procesos creativos simplemente por rentabilidad. Ahí siento que pierde el sentido.

Tú, que eres un artesano de la música, que compones todas tus canciones, me imagino que esto te parecerá un abuso.

Claro. Al final, cuando eliminas el proceso, estás perdiendo una parte esencial de lo que significa crear. Y precisamente el proceso es lo más valioso que tiene el arte.

De estas 14 canciones, ¿las has compuesto tú? ¿Las 14?

Sí.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa y pantalón vaquero, de WILLY CHAVARRIA para ZARA. Cinturón y botines vintage.

No me quiero ni imaginar cómo es el proceso. Yo soy periodista, no soy compositor, pero solo imaginarme tener que componer una canción se me hace un nudo. ¿Por dónde se empieza? ¿Cuánto tiempo has tardado?

En realidad no son solo 14 canciones. Igual han sido 60, o incluso 100. Haces muchísimas canciones para terminar quedándote con 14 o 15. Al final, el proceso consiste mucho en probar, equivocarte, descartar y volver a empezar.

Supongo que se parece bastante a lo que haces tú cuando produces un shooting: detrás del resultado final hay muchísimo trabajo que la gente no ve.

A la hora de componer eres tú, tú mismo, con tu cabeza, tu papel en blanco, y dándole vueltas a unas ideas que esperas que fragüen, en tu público, de la misma manera en que lo hacen en ti.

Claro, totalmente. Pero creo que, como cualquier creador, todo empieza con una visión. Y cuando esa visión es buena, te das cuenta de que empieza a conectar poco a poco con la gente. Primero con una persona, luego con dos, con tres… y la propia idea empieza a defenderse sola.

Al principio intentas sacar adelante todo lo que haces y piensas que cada idea merece la pena. Pero con el tiempo entiendes que crear también implica tener perspectiva y saber escuchar a los demás. Compartir una idea acaba siendo un trabajo en equipo.

A mí, por ejemplo, el primer día todas mis ideas me parecen increíbles. Todas. Pero luego duermo, vuelvo a escucharlas al día siguiente y pienso: “Vale, quizá esto no era tan bueno como creía”. Ahí es cuando también aprendes a convertirte en tu propio filtro.

Cuando una idea realmente funciona, lo notas con el tiempo. Tú mismo lo percibes y también la gente que tienes alrededor. La idea vuelve, permanece y sigue teniendo fuerza. Y ahí entiendes que merece la pena trabajarla de verdad. Luego también es importante rodearte del mejor equipo posible y encontrar personas que sepan cuidar esa visión contigo.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa y pantalón vaquero, de WILLY CHAVARRIA para ZARA. Cinturón y botines vintage.

Yo me imagino que tendrás planificada una gira ahora.

Sí, ahora mismo tenemos una gira preparada que arrancará en México a finales de mayo. La idea es que se alargue durante 2026 y 2027, así que, como mínimo, hablamos de una gira de dos años. Además, también queremos aprovechar para llevar el proyecto a Europa, donde todavía no he podido tocar.

¿Por qué empiezas por México?

Empiezo por México porque es un público que siempre ha recibido mi música con muchísimo cariño. Desde el principio sentí ese apoyo y me nace devolverles un poco todo eso empezando la gira allí. Además, para mí también es muy emocionante ver cómo vive la gente la música en México. Hay una forma muy apasionada de consumir arte, de conectar con las letras y las melodías, y eso se siente muchísimo sobre el escenario. Da gusto.

Lo curioso es que, cuando empecé a sacar música, yo no tenía ninguna relación con México. Y de repente empecé a ver en Spotify que allí me escuchaba muchísima más gente que en España. Recuerdo mirar los datos y pensar: “Hostia, qué fuerte”. Igual tenía un millón de oyentes en México y en España cien mil. Y con el tiempo te das cuenta de que no era una casualidad ni una anomalía, sino algo que se mantenía. Siempre he sentido que el público mexicano ha sido muy generoso conmigo.

Cantante Leo Rizzi sesión de fotos Rísbel Magazine
Camisa y pantalón vaquero, de WILLY CHAVARRIA para ZARA. Cinturón y botines vintage.

Hay otra cosa que no se me olvide: me ha gustado muchísimo la imagen del disco.

¿La portada? Sí. Hemos contado con Filip Custic, que me parece un diseñador maravilloso. Ha trabajado con gente como Rosalía o Judeline, entre muchos otros artistas muy interesantes.

Mientras Leo Rizzi recoge sus cosas para irse a descansar, vuelve inevitablemente sobre la idea con la que abrió la conversación. Habla de bajar el ritmo, de aprender a habitar lo bello y de entender que la vida necesita una narrativa que vaya más allá del consumo y la producción constante. Su gira arrancará en México a finales de mayo y se extenderá durante 2026 y 2027, con la vista puesta también en Europa.

Se marcha contento. Le han gustado las fotos que acompañan esta entrevista y deja, casi sin querer, la gran paradoja de la tarde: reivindicar la pausa mientras se sube a un avión para empezar una gira de dos años.


Fotógrafo: Daniel Valdemoro
Dirección de moda: Berta Fernández-Abascal
Maquillaje y pelo: Manu Moreno para L´Oréal Professionnel
Asistente de moda: Andrea Estirado
Asistente de fotografía: Eduardo González

Publicación anterior
Roberto Leal con la portada de su libro "El Sotano"

Roberto Leal y otros 9 autores que protagonizarán las grandes novedades en novela negra del 2026

Publicación siguiente
Portadas de algunos de los mejores libros sobre la antigua Roma

Los 10 mejores libros sobre Roma, según nuestra periodista especializada en novedades editoriales