El calibre El Primero queda a la vista bajo una esfera de zafiro ahumada y llega con ZENCLASP, el nuevo cierre patentado que Zenith ha tardado tres años en desarrollar.
Quitarle la esfera a un reloj y mostrar las tripas no es un capricho estético. Dentro de la alta relojería, los modelos esqueletizados son una especie de desafío técnico: el relojero tiene que vaciar platinas, puentes y piezas hasta dejar lo justo para que el movimiento siga funcionando con la misma precisión de siempre. Por eso gustan tanto a cierto tipo de comprador, al que le interesa ver cómo late su reloj por dentro, cómo gira la rueda de pilares, cómo respira el volante. Las grandes manufacturas suelen lanzar versiones caladas de sus modelos más icónicos porque es su manera de enseñar músculo mecánico. Y aquí Zenith ha ido justo por ese camino con su Chronomaster Sport, uno de los cronógrafos más reconocibles de la firma suiza.
Qué significa la versión esqueletizada del Chronomaster Sport dentro de la historia de Zenith
Para entender el porqué de este reloj hay que retroceder hasta 1969, cuando Zenith lanzó El Primero, el primer cronógrafo automático integrado de alta frecuencia del mundo. Aquel calibre latía a 5 Hz, 36 000 alternancias por hora, y podía medir décimas de segundo. Más de cincuenta años después sigue siendo la columna vertebral de la casa de Le Locle.

El Chronomaster Sport Skeleton toma ese legado y lo pone literalmente sobre la mesa. La esfera es de zafiro con un degradado ahumado que pasa del negro en los bordes a la transparencia total en el centro, así que el ojo va directo al calibre El Primero 3600 SK. La esqueletización se ha hecho con cuidado para no tocar la estabilidad cronométrica, que al final es lo que define a este movimiento.
Características técnicas de la versión esqueletizada del Chronomaster Sport contadas sin rodeos
Por dentro trabaja el calibre El Primero 3600 SK, a 5 Hz, con 60 horas de reserva de marcha. La gracia de esa frecuencia tan alta se ve en la esfera: la aguja central del cronógrafo da una vuelta completa cada 10 segundos, y cada incremento del bisel cerámico marca una décima exacta. Así se lee la precisión sin tener que hacer cálculos raros.

El movimiento incorpora rueda de escape y áncora de silicio, un material que aguanta mejor el paso del tiempo, y un mecanismo de parada de segundos para poner el reloj en hora al segundo. La rueda de pilares va en azul, el embrague es horizontal y el rotor calado lleva grabada la estrella Zenith. Los contadores tricolores en gris, antracita y azul son un guiño directo al Primero de 1969.
La caja mide 41 mm, alterna superficies cepilladas y pulidas, y mantiene los pulsadores tipo bomba de toda la vida. Resiste hasta 10 ATM.
Las 4 versiones y el nuevo cierre ZENCLASP
Zenith lanza el Chronomaster Sport Skeleton en cuatro referencias. Dos en acero inoxidable, una con bisel de cerámica verde y otra con bisel de cerámica negra, ambas a 16.500 euros con brazalete de acero y correa de caucho extra. La tercera es de oro rosa de 18 quilates con bisel cerámico negro y correa de caucho, por 31.200 euros. Y cierra la gama una edición limitada de 10 piezas en oro rosa, con brazalete a juego y bisel engastado con 52 diamantes talla baguette, por 111.400 euros.

La novedad que acompaña a este lanzamiento es el ZENCLASP, un cierre desplegable patentado que Zenith ha tardado tres años en desarrollar. Permite ajustar el brazalete directamente en la muñeca, sin herramientas, con incrementos de 2,5 mm hasta un total de 10 mm de margen. Tiene 41 componentes, 10 bolas de cerámica para el bloqueo y ha pasado pruebas equivalentes a más de diez años de uso. Un detalle útil: se puede adaptar a brazaletes Chronomaster Sport anteriores que no lo traían de serie.

