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Pilar Conde, psicóloga: "Ver las series de nuestra infancia, como Oliver y Benji o Friends, nos ayuda a regular las emociones y aliviar el malestar"

Retrato de la psicóloga Pilar Conde Retrato de la psicóloga Pilar Conde
Hay una razón por la que sigues volviendo a Oliver y Benji treinta años después, y no es la que crees. La psicóloga Pilar Conde lo explica. | Crédito imagen: Cortesía de Pilar Conde.
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¿Por qué nos sentimos tan bien al volver a ver Oliver y Benji o Los Simpson? La psicóloga Pilar Conde explica qué pasa en nuestra cabeza cuando recuperamos las series que marcaron nuestra infancia: emociones positivas, desconexión y una extraña sensación de compañía, incluso décadas después.

Algo curioso ocurre cuando somos adultos y volvemos a poner una serie que vimos mil veces de niños: descubrimos que, además de recordar cada escena y cada diálogo, la serie de nuestra infancia también nos remueve algo por dentro. Oliver y Benji, Dragon Ball, El príncipe de Bel-Air, Los Simpson o cualquier otra serie que formara parte de nuestras tardes después del colegio.

Pues bien, esto tiene una explicación psicológica que sucede por la relación entre la memoria y nuestras emociones: la ilusión, la curiosidad, la diversión o incluso, la tranquilidad, sí, lo tranquilos que estábamos cuando apretábamos el botón, nos olvidábamos del mundo y nos zambullíamos de pleno en nuestra serie favorita. Por eso, volver a ver una película de los 90 cuando te sientes solo o esas series de nuestra infancia, se ha convertido en una terapia muy efectiva para miles de personas que encuentran en estos momentos nostálgicos la tranquilidad que la vida adulta les ha robado.

Psicóloga Pilar Conde

La psicóloga Pilar Conde, Directora Técnica y Operaciones de Clínicas Origen, (la división especializada en psicología de Dorsia), explica a Rísbel Magazine qué ocurre cuando volvemos a ver esas series de cuuando éramos niños y cómo podemos aprovecharlas ahora en la edad adulta a nuestro favor, para sentirnos mejor.

Por qué ver las series de la infancia hace que nos sintamos bien

Hay un claro responsable: la nostalgia. Se activa cuando determinados recuerdos (una canción, una película o una serie) nos conectan con emociones concretas. Pilar Conde explica que «es habitual que tendamos a reencontrarnos con aquello que en algún momento nos generó emociones placenteras, de disfrute o bienestar. La memoria emocional establece asociaciones entre las experiencias vividas y las emociones que las acompañaron».

Por eso, volver a ver hoy series de dibujos animados como Oliver y Benji (o cualquiera que fuese nuestra serie favorita) despierta la misma emoción en tu cerebro de cuando eras un niño y veías en la tele aquellos partidos imposibles. Además también hace que conectemos con una parte de nosotros mismos que teníamos olvidada. Así lo explica la psicóloga Pilar Conde: «Volver a ver las series de nuestra infancia, como Oliver y Benji o Friends, nos ayuda a regular las emociones y aliviar el malestar».

Ver series antiguas ayuda a reducir el estrés y desconectar

Aquí entra en juego otro concepto interesante: las llamadas «series de confort«. Son producciones que conocemos, cuyos personajes nos resultan familiares y cuya trama podemos seguir sin esfuerzo. Pero lo más importante: «nos ayudan a regular nuestras emociones», revela Conde. Una de las más utilizadas como epítome de esta categoría es Friends: conocemos a sus personajes y buena parte de las situaciones que aparecen en pantalla, hasta sus diálogos.

El Principe de Bel Air reparto
Para quienes crecieron en los 90, El príncipe de Bel-Air es una de las series capaces de despertar emociones de otra etapa de nuestra vida. | Crédito imagen: Imagen de archivo.

Y esto, después de un día intenso, es muy útil porque se activa la familiaridad, tanto con los personajes como con nuestras emociones. Esa predictibilidad nos genera sensación de compañía y simpatía, «lo que nos ayuda a regular el posible malestar que podamos estar teniendo, aunque sea algo temporal», destaca la psicóloga.

Nostalgia y salud emocional: ¿hasta qué punto es buena?

La ya mencionada nostalgia puede tener una dimensión muy positiva cuando queremos mejorar nuestro día, ya que nos permite recuperar emociones agradables y utilizarlas como una forma de conexión con nuestra propia historia. El matiz importante está en qué hacemos después con esas emociones.

Volver a ver Oliver y Benji, recuperar una película de adolescencia o escuchar la música que marcó una época está muy bien, pero la nostalgia pierde parte de su utilidad cuando sustituye a las experiencias actuales.

Escena de la película Los Goonies con mapa del tesoro
Una película conocida puede convertirse en un lugar de familiaridad y una sensación de compañía en un mal momento. | Crédito imagen: Foto de archivo.

La propia Conde señala el principal riesgo: «Dejar de vivir el presente, sobrevalorar el pasado y no poner foco en cómo experimentar el presente y crear nuevas experiencias de vida». Además, la psicóloga advierte que depender en exceso del pasado puede aumentar la inestabilidad emocional. Dicho de otra manera: está bien revisitar de vez en cuando aquel salón de casa de los 90, pero sabiendo que después hay que volver al mundo real.

Beneficios de compartir las series de la infancia con nuestros hijos

Compartir estos momentos con nuestros hijos añade una capa extra a la nostalgia, ya que al ver una serie que ya conocemos con nuestros hijos hace que vivamos desde fuera las reacciones de alguien que descubre por primera vez algo nuevo.

Padre viendo TV con su hijo
Volver a ver nuestras series de infancia a través de los ojos de nuestros hijos puede despertar de nuevo aquella ilusión. | Crédito imagen: Foto de archivo.

Conde lo compara con lo que ocurre durante la Navidad: «No se trata tanto de volver a vivir nosotros aquello que nos emocionaba, sino de observar cómo ellos descubren y experimentan algo que, en su día, también fue especial para nosotros».

Así es cómo una experiencia que pertenecía al pasado se convierte en un recuerdo del presente: «Ver sus reacciones, su sorpresa o su entusiasmo puede reactivar nuestra propia ilusión», añade. Y probablemente esta sea una de las formas más interesantes de utilizar la nostalgia, para construir algo nuevo a partir de ella.

Cómo utilizar la nostalgia para sentirnos mejor

  • Recupera aquello que todavía te provoca una emoción positiva. Puede ser una serie, una película, una canción, un videojuego o cualquier otra referencia de tu infancia. Identifica qué recuerdos todavía te producen bienestar y disfrútalos.
  • Convierte las series de confort en una pausa. Volver a ver una serie conocida puede ayudarte a desconectar durante un rato, especialmente después de una jornada exigente. La idea es utilizar ese momento como descanso y no como una forma de evitar permanentemente lo que ocurre en el presente.
  • Comparte tus recuerdos. Enseñar a tus hijos una serie, una película o una canción que marcó tu infancia transforma el recuerdo en una experiencia compartida. Además, su reacción te hará descubrir sensaciones diferentes.
  • Sigue creando nuevas referencias. La nostalgia funciona mejor cuando convive con experiencias nuevas. Viajes, planes, aficiones, películas o pequeñas rutinas pueden convertirse en los recuerdos que dentro de 20 años nos hagan sentir bien.

Y aquí viene el efecto Oliver y Benji, que puede que sea la parte más adulta de la nostalgia: cuando ya te sabes de memoria la sintonía de Campeones y también si finalmente Oliver consigue marcar el gran gol, volver a revivirlo tiene más sentido del que parece, ya sea a los 30 o 40 años, para recuperar durante un rato aquella emoción que sentíamos. Eso sí,  después de ese capítulo, recuerda seguir con tu día.

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