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Los dermatólogos coinciden: "El daño solar que de verdad cuenta no es la quemadura de la playa"

Hombre tumbado sobre una colchoneta en una piscina junto al mar, tomando el sol sin protección solar. Hombre tumbado sobre una colchoneta en una piscina junto al mar, tomando el sol sin protección solar.
Tumbarse al sol en la piscina es la imagen que todos asociamos al riesgo solar. Pero el daño que de verdad se acumula no llega de un día así, sino del sol de cada mañana. | Crédito imagen: Rísbel Magazine.

El verdadero daño es otro, mucho más silencioso, y se acumula a diario en cuatro zonas que el protector solar nunca llega a tocar. Te contamos cuáles son y por qué el SPF solo cubre la mitad del problema.

Raúl García tiene 54 años, entrena 5 días a la semana y nunca se sube a la bici sin protector solar: forma parte de su rutina, además de su habitual crema para la cara. Es como el café de antes del entreno. Y aun así, años después, su dermatólogo le señaló una lesión en la parte externa de la oreja. Una zona que Raúl ni siquiera consideraba expuesta, porque nunca se ponía crema ahí.

No es un caso aislado. Es uno de los errores que los dermatólogos ven con más frecuencia en consulta: las llamadas zonas olvidadas, esas partes del cuerpo que reciben sol todos los días, año tras año, precisamente porque no son la cara ni los hombros y nadie les presta atención. Hemos preguntado a cuatro especialistas por qué importan tanto y, sobre todo, cómo protegerlas sin complicarse la vida.

El problema no es que quemen, es que se acumulan

Asociamos el daño solar a la quemadura: la espalda roja de la playa, el escozor de la piscina. Pero el daño que de verdad pasa factura es otro, mucho más silencioso. «El daño solar no se produce única y exclusivamente por quemaduras, sino que también es acumulativo», explica el Dr. Darío de Perosanz, dermatólogo de la Unidad de Cáncer de Piel del Grupo Pedro Jaén. «Orejas y cuero cabelludo concentran muchos casos de cáncer de piel o lesiones precancerosas porque están expuestas de forma crónica y muchas veces desprotegidas.»

Joven sentado de espaldas en la playa frente al mar, con la nuca, las orejas y el cuello expuestos al sol.
La nuca y las orejas, en primer plano: dos de las zonas olvidadas que reciben sol directo durante horas y casi nunca se cubren de crema.

Ahí está la clave: «el sol no castiga estas zonas de golpe, sino gota a gota. No las cubrimos porque no las quemamos en la playa, pero el dorso de las manos, la nuca o el borde de las orejas reciben radiación a diario (yendo al trabajo, conduciendo, paseando) sin que nadie las proteja. Y ese goteo, sostenido durante décadas, es exactamente lo que termina dejando marca», asegura nuestro experto.

Las cuatro zonas olvidadas que tu crema solar nunca toca

La lista de descuidos es más larga de lo que parece. «Las zonas que más olvidamos son orejas, párpados, labios, nuca, cuero cabelludo, manos y pies; precisamente algunas de las áreas donde con más frecuencia aparecen lesiones relacionadas con el sol», resume la Dra. Sara Gómez Armayones, dermatóloga especializada en fotoenvejecimiento. Cuatro merecen atención especial.

Orejas y cuero cabelludo

Su anatomía juega en contra: apenas reciben sombra natural. Para Perosanz, la oreja es «una de las localizaciones donde con más frecuencia diagnosticamos lesiones precancerosas y determinados tumores cutáneos relacionados con la exposición solar acumulada». El cuero cabelludo es el otro gran olvidado, y no solo en quien tiene una calva evidente: también en cabello poco denso. La Dra. Lorea Bagazgoitia, autora de Lo que dice la ciencia sobre el cuidado de la piel, lo confirma: en varones sin pelo y en las orejas, la falta de fotoprotección continuada «puede dar lugar a daño actínico que podría desembocar en cáncer de piel». Traducido: si tienes entradas o alopecia, el cuero cabelludo debería tratarse igual que la cara.

Las manos

Envejecen antes que el rostro, y casi todo el mundo lo da por inevitable. No lo es. «Las manos no suelen envejecer antes que la cara porque sean más frágiles, sino porque reciben sol durante décadas sin la protección que normalmente damos al rostro», aclara Bagazgoitia. El problema es anatómico: poca grasa, pocas glándulas sebáceas, exposición constante, y por eso, cuando el sol deja marca, lo hace rápido. La buena noticia: hay estudios que demuestran que aplicar fotoprotector a diario en el dorso de las manos reduce la aparición de nuevas manchas. Y el sol suma incluso cuando no lo buscas: «Al conducir o realizar actividades al aire libre, las manos siguen acumulando exposición solar incluso cuando no estamos tomando el sol conscientemente», recuerda Perosanz.

Hombre aplicándose crema solar en el rostro, sentado en una balaustrada junto al mar.
Casi todos protegemos la cara. El verdadero reto está en no olvidar las orejas, las manos, los labios y el cuero cabelludo.

Los labios

Merecen mención aparte porque el labio inferior es una localización habitual de cáncer de piel. Y aquí hay un malentendido frecuente: el pintalabios con color no basta. «El color por sí solo no garantiza protección solar. Si queremos proteger los labios, debemos buscar que el producto indique SPF», advierte Gómez. Un bálsamo con filtro, no solo pigmento.

El número del bote de crema solar solo te cuenta la mitad

Aquí está el dato que cambia cómo lees una etiqueta. El SPF, ese número que domina todos los envases, mide la protección frente a la quemadura, es decir, frente a los rayos UVB. Pero no dice casi nada del otro frente. «Para protegernos del fotoenvejecimiento y del daño solar acumulado también necesitamos protección UVA», explica Gómez. Y el UVA es el más traicionero: no quema, no duele, no se nota, pero penetra hasta las capas profundas, daña el tejido conectivo y trabaja en silencio durante años.

«Muchas personas identifican un SPF alto con una protección total, cuando en realidad el SPF mide fundamentalmente la protección frente a los rayos UVB», confirma Perosanz. ¿Cómo saber si un producto cubre también el otro flanco? El truco es sencillo y la mayoría lo ignora: buscar el símbolo UVA dentro de un círculo en el envase. Esa marca garantiza que la protección frente a UVA es, al menos, un tercio de la que ofrece frente a UVB. Sin ese sello, el número grande del bote te está contando solo media historia.

Cómo proteger del sol las zonas olvidadas (sin rehacer tu rutina)

No hacen falta productos sofisticados para casi ninguna de estas zonas. Solo hace falta acordarse e incorporarlas a una buena rutina para el cuidado de la piel para prevenir el envejecimiento. Cinco gestos que marcan la diferencia:

  • Extiende el protector más allá de la cara. Orejas (también el borde y la parte de atrás), nuca y dorso de las manos, cada mañana, no solo en la playa.
  • Reaplica más a menudo donde hay roce. La norma general es cada dos horas, pero el Dr. Álex Docampo advierte de que «en zonas como las orejas y especialmente las manos puede ser necesario hacerlo con mayor frecuencia, ya que el roce, el sudor y la fricción reducen la cantidad de fotoprotector». Si sales a correr y sudas, dales una segunda capa antes de lo que crees.
  • Si tienes poco pelo, suma una gorra. «Cuando perdemos pelo, el sol incide en nuestra cabeza de manera perpendicular», explica Docampo: además de la crema solar, un sombrero o gorra protege mejor el cuero cabelludo.
  • Labios con SPF, no solo con color. Un bálsamo con filtro solar, reaplicado a lo largo del día.
  • Párpados: crema hasta la línea de las pestañas o gafas homologadas. No suele hacer falta un producto específico; basta con no saltarse la zona. Si no toleras la crema cerca del ojo, unas buenas gafas de sol son la alternativa más eficaz.

Tal y como coinciden los 4 especialistas consultados, Sara Gómez Armayones, Darío de Perosanz, Lorea Bagazgoitia y Álex Docampo: el daño solar que de verdad cuenta no es la quemadura de la playa, sino el goteo diario sobre las zonas que nadie cubre. O, como lo resume el doctor De Perosanz, «el daño solar no se produce única y exclusivamente por quemaduras, sino que también es acumulativo. Orejas y cuero cabelludo concentran muchos casos de cáncer de piel o lesiones precancerosas porque están expuestas de forma crónica y muchas veces desprotegidas». La próxima vez que cojas el bote, acuérdate de estas zonas olvidadas.

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