Les Grands Buffets, una oda a la alta gastronomía francesa

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Texto: Armando Cerra

En sus mesas han comido casi 400.000 comensales el año previo a la pandemia y más de 150.000 reservas fueron confirmadas tras el anuncio de su reapertura. El restaurante Les Grands Buffets se consolida como el baluarte de la cocina francesa de referencia internacional.

En 2019, 360.000 personas (que se dice pronto) se sentaron a las mesas del restaurante Les Grands Buffets en la ciudad francesa de Narbona. Son fechas y cifras prepandémicas obviamente, pero lo cierto es que desde que reabrió sus puertas el pasado mes de julio ha recibido más de 150.000 solicitudes de reserva.

¿Por qué? ¿Cuál es su truco? ¿Por qué llega hasta aquí gente de cualquier rincón de Francia (también desde fuera de las fronteras galas)?. Sin ir más lejos, desde España acudieron en ese 2019 unos 50.000 comensales. Una afluencia a la que ayuda sin duda la vecindad a nuestro país y las buenas conexiones, ya que gracias al tren de alta velocidad de Renfe-SNCF en Cooperación, Narbona solo dista una hora de Girona y dos de Barcelona.

Pero su ubicación no explica su éxito. Tal flujo de clientela se debe a que Les Grands Buffets es un destino en sí mismo. No es un simple restaurante al que uno va a comer. ¡No! Es una auténtica experiencia, tanto cultural como sensorial, y por supuesto culinaria.

Cuando Jean y Louis Privat decidieron fundarlo  en 1989 se plantearon un objetivo. Acercar la más alta cocina francesa tradicional a sus clientes y hacerlo con todo el boato que requieren esos platos. Sin que la calidad del producto, de la presentación, del servicio supusieran precios desorbitados. Cualquier persona debería tener la oportunidad de darse un festín sin arruinarse.

Los reconocimientos no han cesado. El último llegó hace poco en París: Premio Especial del Jurado en ZeAwards 2021, con motivo de la ceremonia anual de entrega de premios de la prestigiosa Revista ZePros, que distinguen a los mejores restauradores de Francia. Pero quizás el mejor galardón del establecimiento lo recibe de forma diaria, viendo la cara de asombro de sus clientes. Y es que ir a comer allí es una fiesta, todo un acontecimiento donde el decorado es altamente importante.

Hay diversos espacios. Posiblemente el más espectacular sea la Carpa Real. Un comedor del que cuelgan espectaculares lámparas de cristal, brillan los reflejos  de grandiosos espejos enmarcados por maderas doradas y todo queda iluminado por barrocos candelabros labrados por expertos ebanistas.

En estas mesas, y en el resto del local, hay manteles de hilo bordado, cubertería de plata, copas del mejor cristal y elegantes escanciadores. No hay que olvidar que el ritual del servicio de mesa francés se cataloga como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y aquí se lleva a rajatabla por parte de un personal que rebosa profesionalidad, y sobre todo amabilidad. Incluso ahora en tiempos de mascarillas, se distingue su sonrisa en la mirada.

Junto a esa carpa digna de ambientes palaciegos, hay otro espacio de carácter más abierto, como una terraza en la que nos hacen dudar de si estamos al aire libre. Son los denominados Jardines Hervé di Rosa. Su nombre se debe a este artista que participó en la decoración de este ámbito más relajado.

El propietario del restaurante, del mismo modo que acerca la mejor comida gala al público en general, desea hacer lo mismo con el arte. Por ello, son muchas las creaciones integradas en el restaurante. Sin ir más lejos, en la sala contigua, denominada Max Le Verrier se homenajea a este escultor, una de las grandes figuras del Art Decó y sus obras aportan señorío al salón.

En realidad, en Les Grands Buffets hay arte por todo el local. Desde la luminarias de José Estèves realizadas con viejos cubiertos hasta los cuadros de Allan Bellanger, pasando por las composiciones florales de André Gayraud o la cuidada ambientación lumínica que diseña Jean-Nöel Cordonniere. Incluso hay arte en las cocinas. Allí integradas en el acero inoxidable de los extractores o del mobiliario se descubren las singulares creaciones metálicas de Patrick Chappert-Gaujal.

Se puede decir que Les Grands Buffets es un espacio vivo, al que se van incorporando nuevos elementos de manera cíclica. Una de esos últimos añadidos es el Salón Doré Jean de la Fontaine. Al entrar nos parece entrar en una estancia digna de los mejores palacios, donde no faltan cuadros, estucos, pilastras, paños dorados, lámparas,… todo un derroche decorativo realizado por los mismos artistas-artesanos que restauran las grandes obras históricas de Versalles o de algunos de los Castillos del Loira.

El asombro al recorrer el establecimiento es común en todos los clientes. Por momentos, alguno se puede olvidar que ha venido a comer. Pero sí, a eso se viene a un restaurante. Y en Les Grands Buffets se hace y, ¡de qué manera! Por su nombre ya nos imaginamos que se trata de un buffet. Cada cual come lo que quiere. Es imposible salir con hambre, y en cambio es muy fácil  sufrir un ataque de  gula.

Todo se dispone para parecer incluso más apetitoso de lo que es. Si hablamos de entrantes. Nos aguardan hasta siete tipos de patés, embutidos de productores locales, varias recetas de quiches, rilletes,… un delirio. Y eso para los más carnívoros. Si lo nuestro es el marisco, las ostras y los bogavantes son las estrellas, pero el plato se puede culminar con almejas, caracolas de mar, salmón y atún marinado de diversos modos, mejillones o bueyes de mar.

Solo estamos en los entrantes, porque luego llegan los platos principales. Hay una rotisseria donde cocinan al momento la carne o el pescado que se le solicite. Pero si se acude a Les Grands Buffets lo recomendable es paladear algunos de esos platos de la más elegante y tradicional gastronomía francesa. Aquí van algunas ideas, el célebre canard au sang (pato a la sangre), la liebre Royal, la ostra con salsa sabayón, las codornices rellenas de foie gras, las ancas de rana, la vieiras a la nantesa, bogavante a la americana, tournedó Rossini,… la lista es enorme. Todo el abanico de grandes clásicos está presente, y lamentablemente, dada las modas, algunos de ellos solo se pueden comer aquí. ¡De modo que hay que aprovechar!

Eso sí, hay que dejar espacio para el postre. Los amantes del dulce no sabrán que elegir. Tartas, pasteles, bombones, helados únicos en el nuevo Espace Le Glacier donde se sirven exquisiteces como el Pêche Melba, la copa Mont Blanc, la pera Bella Hélène. O si prefiere es posible degustar la más elegante de la crepes, la Suzette, hecha ante los ojos y la lengua salivante del cliente.

No obstante estamos en un restaurante francés, y en ese país es habitual cerrar una comida con un trocito de queso. Sin embargo aquí es imposible. Al menos hacerlo con un solo. Les Grands Buffets es el restaurante con el mayor surtido de quesos. Son 111 variedades distintas, muchas de ellas de la región de Occitania donde está Narbona, pero los hay de toda Francia, y de otros lugres del mundo. No en vano este muestrario ostenta un Record Guinness.

Tanta comida, y seguro que alguno se pregunta por la bebida. Y estando en Francia parece lógico hablar de vino. Pues bien, este restaurante tiene una política de vinos única. Para empezar porque son locales. Hay una extensa gama representación de las bodegas de Occitania. Y se sirven al mismo precio que los vende el productor. El negocio del restaurante no está en el vino. Por eso se venden las botellas a precio del productor. E incluso es posible comprar a ese precio una caja del vino que hayamos probado en la comida. Y si es así, se regala la botella servida en la mesa. Algo que también ocurre con el champán.

En definitiva, Les Grands Buffets es un lugar distinto. Como decíamos es algo más que un restaurante. Es un destino cultural y gastronómico memorable.


Dirección:  Rond Point de la Liberté, 11100 Narbona, Francia
Precio: 42,90 €/persona
Apertura: Todos los días del año
Cómo llegar en tren: Trenes de alta velocidad Renfe-SNCF en Cooperación Cómo llegar en coche: Autopista A9 – Salida 38 Narbonne Sud


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