10 situaciones en las que siempre es mejor quedarse callado

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Ten cuidado con tus palabras. Una vez dichas, sólo pueden ser perdonadas, no olvidadas.

Forma parte de la condición humana querer demostrar que somos seres inteligentes, que sabemos de todo y que somos lo suficientemente fuertes como para no consentir que se nos hable en un mal tono. A nadie le gusta ser humillado, que le dejen sin palabras o que le den una mala contestación. Por eso, es muy habitual hablar de forma impulsiva, contestar sin pararnos a pensar el impacto que pueden tener nuestras palabras o incluso el daño que pueden hacernos a nosotros mismos.

¿Cuántas veces te has arrepentido por haber hablado más de la cuenta? Hay infinidad de situaciones en las que el silencio puede convertirse en nuestro mejor aliado para evitar problemas innecesarios.

Aunque parezca contradictorio, el silencio es capaz de revelar aspectos íntimos sobre las personas que lo practican. Numerosos estudios han demostrado como las personas capaces de controlar su lengua y practicar el silencio suelen ser grandes líderes, personas con mucho éxito tanto en su vida profesional como es sus relaciones personales.

Siguiendo el consejos que nos dio el cantante Raphael en una entrevista concedida a este medio, en la que nos decía que “lo último que he aprendido en la vida es a callar. No se puede ir por ahí diciendo todo lo que uno piensa”, te dejamos 10 situaciones en las que siempre es mejor quedarse callado.

SITUACIONES EN LAS QUE ES MEJOR ESTAR CALLADO

Cuando tus palabras puedan ser hirientes

La primera situación en la que es imprescindible hacer el esfuerzo de mantener la boca cerrada es cuando tus palabras tienen más probabilidades de herir a alguien que de ser útiles. Seguro que hay situaciones en las que los demás necesitan oír la verdad, por dura que sea, pero estas situaciones son más raras de lo que creemos.

Considera si las palabras que quieres decir van a ser útiles o si estás actuando para herir a la otra persona.

Cuando elegimos ser hirientes, a menudo estamos enfadados o muy cansados, así que a veces también es útil remitirse al primer punto de este artículo y quedarse callado.

Antes de lanzar el tema, hazte las siguientes preguntas:

  • Lo que voy a decir ¿es útil para la persona que lo va a escuchar?
  • Lo que voy a decir ¿es imprescindible que lo sepa la persona que lo va a escuchar?
  • Lo que voy a decir ¿va a beneficiar en algo a la persona que lo va a escuchar?

Si la respuesta a estas tres preguntas es “NO”, mantén la boca cerrada.

Cuando tu opinión no importa

Posiblemente creas que tu opinión es imprescindible para salvar a la humanidad o a esa persona que, sin habértelo pedido, necesita de tu sabiduría y tus consejos. Error. Aunque te cueste trabajo creerlo, en la mayoría de situaciones, tu opinión es irrelevante.

Nunca es fácil admitirlo, sin embargo, es muy importante, aunque nuestro ego no esté de acuerdo.

Cuando no sabes lo suficiente sobre una situación o nos encontramos en medio de una conversación en la que los demás son expertos sobre el tema que se esté tratando, cuando tu opinión no tiene ningún impacto en los demás, es mejor quedarse callado, simplemente porque es lo más sensato.

El hecho de que sientas que debes añadir algo no significa que debas hacerlo. En su lugar, puedes apoyar lo que ha dicho otra persona. Puede resultar incómodo decir que no tienes nada que añadir, pero suele ser mejor que hablar por hablar.

Y es que, como dice la famosa cita de Groucho Marx “es mejor cerrar la boca y parecer tonto, que abrirla y demostrar que lo eres”.

Ante personas que dan vueltas a temas cerrados

Hay personas que disfrutan abarcando nuestro tiempo, discutiendo sobre asuntos que ya han sido zanjados. Este tipo de personas nunca se conforman cuando se les dice “esto ya se ha hablado”, por lo que se empeñan en seguir hablando del mismo tema que, por norma general, suele ser un tema conflictivo. En estas situaciones es mejor estar callados mientras esperamos que la otra persona termine con lo que dice.

Ocurre lo mismo con las personas que están muy enfadadas, pues rebatir lo que dicen puede ser como echarle gasolina al fuego.


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Cuando estamos con personas que están cotilleando

A la gente le gustan los cotilleos. Puede parecer entretenido y hasta divertido, pero es mejor no caer nunca en la trampa de hablar de los demás. Cuando estés en una situación en la que te encuentres con personas que están hablando de tus amigos o de alguien a quien conozcas, evita hacer comentarios.  Solo escucha y, de esta manera, aprenderás mucho tanto de la persona que está hablando como de la persona de la que está hablando.

Si te preguntan tu opinión sobre la persona criticada, una respuesta como “creo que hace lo mejor que puede…” te sacará del apuro.

Cuando tu juicio está nublado

El siguiente caso en el que es mejor quedarse callado es cuando tienes problemas para pensar con claridad. Esto puede ser por muchas razones. Tal vez estés cansado o bajo los efectos del alcohol o estupefacientes, o puede que estés lleno de ira o ansiedad.

En estas situaciones, es mejor esperar un poco antes de decir lo que piensas. Si no lo haces, es posible que digas algo de lo que te arrepientas después.

Si das tiempo a que tus ideas maduren y sigues pensando lo mismo, puedes hablar de ello más tarde, pero no cuando estés comprometido emocionalmente.

Cuando no se tienen suficientes pruebas

En algunas situaciones somos libres de especular y hablar aunque no tengamos pruebas. Sin embargo, esto no siempre es así. Cuando hablamos de algo que probablemente tenga un gran impacto en otra persona, por ejemplo, en su bienestar físico y emocional, no debemos ofrecer información que no sea cierta.

Los rumores pueden estar bien en algunos contextos, pero si nuestros rumores pueden influir en una decisión importante, es mejor no hablar.

Digamos, por ejemplo, que una persona está considerando la posibilidad de utilizar un medicamento que podría ayudarle. Es mejor no sacar a relucir un rumor sobre un amigo de un amigo que usó esa medicación y tuvo efectos secundarios, a menos que estés seguro de que es un hecho y no un rumor.

Cuando te pregunten por tu vida sentimental

Las preguntas sobre relaciones sexuales y sentimentales son la tónica de cualquier conversación. Sin embargo, no a todo el mundo le gusta que le pregunten sobre estos aspectos de su vida. Además, hablar ligeramente de estos temas proyecta una imagen de persona frívola y poco confiable.

Si tienes la necesidad de hablar sobre un tema relacionado sobre tu vida sentimental o sexual, hazlo con alguien de plena confianza con la que puedas expresarte con sinceridad y con la tranquilidad de que el tema no va a salir fuera de esa conversación.

Después de un error muy obvio

Puede darse el caso de que seas acusado erróneamente por algún hecho relacionado contigo. Evita caer en la tentación de mencionar que la otra persona se ha equivocado. Puedes defenderte, por supuesto, pero esto no significa que tengas que humillar a la persona que ha cometido el error.

En discusiones

Las peleas y discusiones son las situaciones en las que decimos más cosas de las que luego nos arrepentimos. Nunca es recomendable hablar si no estamos tranquilos.

Es muy habitual tener una discusión con tu pareja, con un familiar, con un compañero de trabajo (o con el jefe) o incluso con amigos y conocidos.  En estas situaciones siempre es mejor quedarse callado y evitar que la discusión se transforme en una pelea.

Por amor y por respeto a los demás

Quedarse callado no siempre significa que no tengas nada que decir. Tanto en nuestro lugar de trabajo como en nuestra casa, debemos permitir que quienes están a nuestro alrededor crezcan, así como concederles su espacio para que se expresen con libertad, tranquilidad y asertividad.

Aprender a escuchar las opiniones de las personas a las que apreciamos, sin interrumpirles y prestando atención a lo que dicen, es una gran muestra de amor y respeto.

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