Marlon Teixeira ha volado desde Navegantes, su ciudad natal en la costa sur de Brasil, hasta Madrid para protagonizar la portada de nuestro número de otoño 2026 y vestir la nueva colección Fall-Winter 2026 de Louis Vuitton. A las afueras de la capital, un hermoso palacio del siglo XVIII nos espera para disparar las imágenes que acompañan a esta entrevista.
Teixeira está considerado uno de los mejores modelos del mundo (models.com lo incluye entre los 50 mejores de la industria y lo ha nombrado Top Icon), ha trabajado para las firmas internacionales de lujo más reconocidas, de Dior a Giorgio Armani pasando por Jimmy Choo, y desde que comenzó su carrera no ha dejado de poner cara a las campañas más codiciadas del fashion system, a las órdenes de fotógrafos como Mario Testino, Bruce Weber o Mert & Marcus. Incluso trabajó con el mismísimo Karl Lagerfeld.

Pero sería muy injusto si dijéramos que Marlon es solo una cara bonita. Ama el surf, es padre de una niña de ocho años y su vida transcurre feliz entre Navegantes, Bali (donde se escapa a coger olas cada vez que puede y donde ha invertido en un hotel) y las principales capitales de la moda. Así es este surfero de alma bohemia que disfruta igual tostándose la piel sobre la tabla que posando para los diseñadores más reputados del planeta. Con él hablamos de carrera, de océano, de paternidad y de una historia de superación que explica, quizá, por qué este brasileño transmite tanta calma.
Bienvenido a Madrid, Marlon. Has volado desde Brasil para protagonizar nuestra portada de otoño 2026 con Louis Vuitton. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando recibiste la llamada para este proyecto?
Muchas gracias. Lo primero que pensé fue: “te quiero mucho, España” [ríe]. Sinceramente, me hizo muy feliz. Siempre es bonito venir a España. Louis Vuitton es una casa icónica y Rísbel es una revista preciosa, así que cuando recibí la llamada me sentí agradecido y emocionado. Después de tantos años en esta industria, aprendes a no dar por sentadas estas oportunidades. Y venir a Madrid para hacer este editorial lo hace aún más especial. Me encanta viajar, conocer gente nueva y formar parte de un equipo creativo, así que desde el principio supe que iba a ser una gran experiencia.

Llevas años en lo más alto de esta industria: models.com te ha nombrado uno de los 50 mejores modelos del mundo y Top Icon. Cuando miras atrás, al chaval que empezaba en Brasil, ¿qué es lo que más le sorprendería de dónde estás ahora?
Madre mía… Lo bueno que es Dios, cómo la vida puede transformarse. Creo que a aquel chaval le sorprenderían los lugares en los que he estado y la gente que he conocido. Cuando empecé, no podía imaginar que viajaría por todo el mundo, ni lo que la vida me iba a traer: trabajar con fotógrafos y diseñadores que el mundo entero admiraba (yo ni siquiera conocía ese universo) o ser imagen de casas como Louis Vuitton, Dior o Armani… Pero, al final, sigo siendo muy ese chaval de Brasil. Y creo que eso es importante. La carrera cambia, pero no debes perder a la persona que eras cuando empezaste.
Trabajaste con el mismísimo Karl Lagerfeld. ¿Qué es lo que recuerdas con más claridad de estar en una habitación con él? ¿Hay alguna lección de Karl que todavía lleves contigo?
Karl tenía una presencia increíble. Para mí es uno de los mayores ejemplos de caballero que he conocido. Cuando entraba en una habitación, sabías inmediatamente que estaba allí. Lo que más recuerdo es su seguridad y cómo sabía exactamente lo que quería a nivel creativo. Me enseñó, sin necesariamente decirlo, que tienes que tener tu propia identidad. La moda cambia muy rápido, pero tener una personalidad fuerte y ser tú mismo nunca pasa de moda.

Tu portfolio se lee como una historia de la fotografía de moda moderna: Mario Testino, Bruce Weber, Mert & Marcus… ¿Cambias como modelo según quién esté detrás de la cámara? ¿Cómo se construye esa confianza en el set?
Cada fotógrafo tiene su propio arte, su magia. Cada uno tiene una manera diferente de verte, y eso es una de las cosas que más me gustan de este trabajo. Tienes que estar abierto y escuchar. Con algunos fotógrafos la energía es muy intensa; con otros, todo es mucho más relajado. No pienso en cambiar quién soy, pero me adapto a la visión de la persona con la que trabajo para dar lo mejor de mí. La confianza nace de estar presente, hacer tu trabajo y estar dispuesto a probar cosas. Cuando te sientes cómodo con el equipo, puedes olvidarte de la cámara y simplemente estar en el momento.
Jimmy Choo, Giorgio Armani, Dior… cada una de estas casas tiene una identidad muy marcada. ¿Hubo alguna campaña o desfile que sintieras como un punto de inflexión en tu carrera, el momento en que pensaste “vale, esto va en serio”?
Ha habido varios momentos especiales, aunque me costó mucho tiempo verme a mí mismo como modelo o darme cuenta de lo que estaba pasando en mi vida. Cada trabajo ha sido muy especial para mí. Cuando empecé a trabajar con las grandes casas de moda y, de repente, me di cuenta de que gente a la que había admirado durante años sabía mi nombre, eso es muy especial. Pero no creo que haya habido un único momento en el que todo cambiase. Mi carrera ha sido más bien una colección de experiencias. Cada campaña, cada desfile y cada persona con la que he trabajado me han ayudado a formarme y a construir mi historia. Incluso ahora, me sigo emocionando cuando llega algo nuevo.

La longevidad es rara en el modelaje. ¿Cuál es tu secreto para seguir siendo relevante y demandado en una industria que persigue constantemente la siguiente cara nueva?
Creo que lo más importante es ser fiel a ti mismo y cuidarte. La industria está siempre cambiando y seguirá cambiando; eso no lo podemos controlar. Lo que sí puedes controlar es tu actitud, tu salud, tu profesionalidad y la energía que llevas a cada trabajo. Además, nunca he querido que el modelaje fuera toda mi identidad. Tener otras pasiones e intereses me da otra perspectiva, y creo que eso se nota en mi trabajo.
Hablemos del océano. Eres un surfero apasionado: vives en Brasil pero sigues volviendo a Bali en busca de olas. ¿Qué te da el surf que no te da ninguna otra cosa?
Surfear es, sin duda, uno de los mayores privilegios que tengo en mi vida. Me da libertad y conexión conmigo mismo. Cuando estoy en el agua, todo se vuelve muy simple y la presencia lo inunda todo. Estoy mirando las olas, sintiendo y conectando con el océano, concentrado en lo que ocurre en ese momento exacto. No hay teléfono, ni reuniones, ni presión. Cuando coges una ola, todo se detiene. Solo yo y el océano. Me mantiene humilde, porque ahí soy simplemente una gota de agua dentro de la inmensidad: no puedo controlar el mar. Tengo que respetarlo y aprender de él.

De hecho, has invertido en un hotel en Bali. ¿Es un anticipo de tu vida después del modelaje o solo otra forma de estar cerca del agua? ¿Cómo te ves como empresario?
Voy fluyendo, día a día, dejando que las cosas sucedan. Pero, desde luego, está conectado con mi amor por Bali y por el océano, aunque también se trata de construir algo para el futuro. El modelaje me ha dado experiencias increíbles, pero siempre he pensado en lo que viene después. Los negocios son muy diferentes al modelaje, porque tienes que pensar a largo plazo y entender cada detalle. Todavía estoy aprendiendo, pero disfruto ese reto. Y si puedo construir algo vinculado a un lugar que amo, mejor todavía.
Eres padre: tu hija tiene ya ocho años. ¿Cómo ha cambiado la paternidad tu manera de afrontar la carrera, los viajes, el tiempo lejos de casa?
Lo cambia todo. El amor incondicional hacia mi hija ha transformado por completo mi manera de ver el mundo. Antes de ser padre, puedes estar muy centrado en ti mismo y en tu carrera. Cuando tienes un hijo, tus prioridades se vuelven más grandes que tú. Sigo amando viajar y trabajar, pero ahora soy mucho más consciente de mi tiempo. Estar lejos de mi hija me hace apreciar aún más los momentos que pasamos juntos. Ella también me mantiene con los pies en la tierra y me da muchísima inspiración. Pase lo que pase con el trabajo, cuando llego a casa, solo soy papá.

No todo el mundo lo sabe, pero de niño superaste un cáncer. ¿Conocer esa historia sobre ti mismo ha moldeado tu manera de vivir, tu gratitud, tu calma, esa cercanía con la que todo el mundo te describe?
Sin duda. Creo de verdad que todo es un regalo de Dios, aunque en el momento no tenga sentido. Me operaron cuando tenía tres años y medio e hice quimioterapia hasta los ocho. Era muy pequeño, así que no lo recuerdo todo ni entendía bien lo que me estaba pasando. Creo que la mente puede curarnos, pero también puede destruirnos, y quizá no entender lo que me ocurría me ayudó mucho. Aunque, desde luego, fue durísimo para mi familia y mis seres queridos. Saber que sobreviví a algo tan serio siempre me ha hecho apreciar la vida y creer en Dios desde muy joven. Te das cuenta de que estar aquí ya es algo especial. Quizá por eso intento no complicarme demasiado. Me gusta disfrutar de las cosas simples: estar rodeado de buena gente, viajar, surfear y pasar tiempo con mi familia. La vida es demasiado corta para cargar con negatividad innecesaria.

Yoga, surf, conocer gente nueva allá donde vas… parece que has encontrado un equilibrio real que a muchos en la moda les cuesta alcanzar. ¿Cómo es un día libre perfecto para Marlon Teixeira?
Probablemente empezaría con amor y una buena práctica de yoga y meditación. Un buen desayuno y, después, a surfear. Quizá un poco más de amor después [ríe], pasar tiempo con amigos o familia, comer bien y estar al aire libre. No necesito nada demasiado complicado. Dame el océano, el sol, buena gente y un poco de paz, y soy feliz.
La última: estás en Madrid, vistiendo Louis Vuitton, en la portada de nuestro número de otoño 2026. ¿Qué quieres que los lectores de Rísbel sepan del hombre que hay detrás de la imagen?
Estamos aquí para compartir e inspirarnos los unos a los otros. Espero poder transmitiros un poco de mi buena energía e inspiraros a creer en vosotros mismos y a ser vosotros mismos. La imagen es solo una parte de quien soy. Soy un chico brasileño que ama el océano, a su familia, viajar y conocer gente de culturas diferentes. He tenido muchísima suerte con mi carrera, pero sigo siendo curioso y sigo aprendiendo. No quiero que me definan solo las campañas que he hecho o las fotografías que la gente ha visto. Detrás de la imagen hay alguien que valora las cosas simples, la buena energía y estar presente. Probablemente sea lo más importante que he aprendido en todos estos años.
Dirección de producción: Mateo Carrasco.
Fotógrafo: Jesús Isnard.
Dirección de moda: Berta Fdez.-Abascal.
Maquillaje y peluquería: Kley Kafe para Dior Beauty.
Modelo: Marlon Teixeira (One Management).
Asistente de fotografía: Alejandro Vaquero.
Asistentes de moda: Andrea Estirado y Paula Mora.


