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espués de esto, nada volverá a ser igual. Hace tiempo que el planeta llevaba avisando del desequilibrio que sufría y ahora es el propio planeta quien ha impuesto su propio sistema, necesario para restablecer el equilibrio, confinándonos en nuestros hogares -los que con suerte, podemos disfrutar de uno- y obligándonos a cambiar cualitativamente nuestra forma de vida actual.

Un paseo por las principales capitales del mundo en hora punto nos enfrentan cada día a una realidad más que evidente: estamos asistiendo, por primera vez en nuestra vida, al orden natural de la fuerza del planeta. Estamos contemplando perplejos la vulnerabilidad e insignificancia de nuestra existencia, una realidad que nos obliga a vivir de otra manera.

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