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Texto: Elisa H. Biffa

Richard Branson, Jeff Bezos y Elon Musk priorizan el estudio del espacio y el turismo espacial por encima de las empresas que los han hecho conocidos

Yuri Alekséyevich Gagarin fue el cosmonauta y el piloto soviético que se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio exterior. Ese hito le convirtió en uno de los protagonistas de la carrera espacial. Su cápsula, Vostok 1, completó una órbita de la Tierra el 12 de abril de 1961.

Gagarin fue considerado una celebridad internacional y fue portador de diversos títulos, incluido el de Héroe de la Unión Soviética, la mayor condecoración de su país. Además, su viaje espacial puso de manifiesto la superioridad de la economía comunista de la URSS sobre la del bando de occidente, provocando que los americanos tuvieran que invertir más millones de dólares de lo que ya hacían para ganar la carrera espacial que se llevaba librando desde 1955. Los americanos no estaban dispuestos a quedar en evidencia frente a los rusos, por lo que su objetivo estaba claro: lo de ellos no trataba de conquistar la órbita de la Tierra, sino la Lula. Y así sucedió el 20 de julio de 1969. Neil Amstrong se convirtió en el primer humano en poner un pie sobre nuestro satélite.

Precisamente fue el 20 de julio cuando Jeff Bezos junto con otros 3 tripulantes, abordaron la cápsula New Shepard y el primer asiento se subastó con fines benéficos. En 2021, empresas privadas como Virgin Galactic y Blue Origin fijan sus horizontes en los confines universales para poner en práctica la mentalidad del libre mercado en el ámbito espacial.

Sin embargo, el siglo pasado, no solo fue el país americano el que apostó por el espacio. Mao quería elevar a la república y ese deseo se volvió realidad recién en abril de 1970 cuando China lanzó con éxito su primer satélite, Dong Fang Hong 1 “El este es Rojo 1”.

Este hecho marcó el comienzo de la exploración extraterrestre de la nación. Armstrong plantó una bandera estadounidense en la Luna para la historia y el gigante asiático, después de llegar a órbita, el artefacto empezó a transmitir el himno nacional de la república para que todo el espacio (literalmente) lo oyera durante veinte días. Todavía sigue en órbita y en el calendario: desde entonces, cada 24 de abril se celebra en China el Día del Espacio.

Los logros se igualaban a las estrellas y con ello no solo demostraba el poder de América en la Tierra, también su presencia en el espacio y sus pasos firmes sobre el suelo lunar. En plena Guerra Fría, los horizontes que conquistar sobrepasaban el planeta y se elevaban a las líneas del universo.

Los dos bloques que dividían el mundo en occidental y oriental trasladaron sus rencillas a los cielos y en vez de utilizar la armas, quisieron demostrar la supremacía sobre el otro a través del empleo de la tecnología aplicada al espacio. En ese momento, el cielo no tenía límites y esa motivación de verse superiores al otro bloque los llevó a la Luna. ¿Y ahora? ¿qué es lo que motiva a invertir en los cielos? ¿por qué interesa tanto el turismo espacial?

Existen tres embajadores de este tipo de viajes y todos ellos tienen el mismo objetivo; comienzo de una nueva era en la que el espacio comienza a civilizarse. Estos tres nombres propios también se conocen como los nuevos exploradores espaciales.

El empresario y multimillonario británico Richard Branson subió al espacio en un avión espacial desarrollado por su compañía, Virgin Galactic, y pocos días después, Jeff Bezos abordó la nave New Shepard para realizar un primer viaje de placer al espacio y con su compañía Blue Origin. Posterior a estas expediciones fue el turno de SpaceX con Inspiration4, pero a diferencia de las primeras dos misiones, el CEO de SpaceX y Tesla, Elon Musk no formó parte de la tripulación.

“Miré deliberadamente hacia el espacio exterior, mirando más allá de los dedos de mis pies. La vasta e ilimitada extensión del espacio exterior conmovió mi alma”

Zhai Zhigang, primer chino en agitar la bandera de su país durante una caminata espacial.

SpaceX

Musk cree que el futuro de la humanidad depende de su capacidad para asentarse en Marte. Años antes de convertirse en el CEO de Tesla y convertirse en una figura recurrente en Twitter, fundó SpaceX. Esta compañía nació en 2002 y surgió de una idea que Musk tuvo de enviar una nave espacial llamada “Mars Oasis” al planeta rojo.

El vehículo entregaría un invernadero experimental y equipo para hacer fotografías del planeta y enviarlas de vuelta a la Tierra. El empresario esperaba que el proyecto generara interés en llegar a Marte dentro del gobierno de Estados Unidos y prometió más de 16 millones de euros para financiar la misión. Sin embargo, descubrió que el proyecto estaba fuera de su presupuesto. Fundó SpaceX para desarrollar cohetes reutilizables que reducirían el coste de enviar personas y cosas al espacio.

En 2012, se convirtió en la primera empresa privada en enviar una nave espacial a la Estación Espacial Internacional (EEI). En 2020 fue la primera en enviar humanos al espacio y a la EEI. Y en abril, la NASA eligió a la compañía para llevar a los primeros astronautas a la Luna desde 1972. El proyecto dejaba de ser un sueño y pasaba a ser realidad. SpaceX también está trabajando en Starlink, un servicio de Internet de banda ancha que comprende miles de satélites. El servicio tiene como objetivo ofrecer Internet de alta velocidad a áreas remotas y rurales lo que favorecería el desarrollo tecnológico de situaciones geográficas alejadas de los núcleos urbanos. SpaceX dijo recientemente que tiene más de 500.000 pedidos y reservas.

Blue Origin

Jeff Bezos fundó Blue Origin en el año 2000 con un objetivo similar al de la empresa de Musk: hacer que la exploración espacial sea más barata a través de impulsores que se pueden reciclar para futuros lanzamientos. La compañía con sede en Kent, Washington, operó en total secreto hasta alrededor de 2003, y Bezos se mantuvo callado sobre sus planes durante más de una década después de eso.

Virgin Galactic

Se centra en el turismo suborbital, en lugar de enviar personas y cargas útiles al espacio. La compañía aún no ha transportado turistas, pero ha vendido 600 billetes entre 136.000 y 204.000 euros cada uno.

Cuando la nave espacial alcance su altitud final, los clientes pueden levantarse de sus asientos y flotar alrededor de la lujosa cabina para observar la Tierra o el espacio.

El trío pone la vista en el infinito y más allá y los justifican con la idea de que los demás planetas o satélites salvarán al ser humano del deterioro de La Tierra. Además, en general, las historias relativas a las misiones espaciales suelen ser positivas, mientras que las de los océanos son tremendamente pesimistas.

Es esperanzador pensar que vamos a ser capaces de encontrar nuevas formas de vida en otros planetas, frente a los datos que revelan la injustificable contaminación que el humano ha provocado en sus océanos. Además, las misiones espaciales cuentan con un buen marketing. Exaltan los logros de la humanidad a nivel colectivo y muestran el deseo de exploración que tanto nos caracteriza como especie.

Amitai Etzioni, un sociólogo estadounidense revela en un artículo sobre la justificación del turismo espacial que la razón básica es que el espacio profundo es un lugar lejano, hostil y estéril. Sin embargo, su estudio es una fuente potencial de descubrimientos que podrían ser útiles para abordar varias preocupaciones del país, desde el cambio climático hasta las enfermedades. También para reducir la escasez de energía, minerales y agua potable. De la misma manera, contribuiría a la industria, la seguridad y las defensas contra desastres naturales como huracanes y tsunamis. Finalmente, aumentaría  conocimiento sobre la historia geológica.

Hay otras empresas que invierten en el turismo espacial como como Airbus, Boeing, Honeywell o Safran, que tienen una tradición importante en el ámbito de la aviación comercial y militar, pero también existen otras compañías que desarrollan capacidades útiles para la navegación espacial, como Atos, General Motors, Garmin, Maxar, Iridium Communications, Trimble o Teledyne.

En España, también se trabaja en la exploración del espacio. Es el caso de Zero 2 Infinity, una compañía creada por José Mariano López-Urdiales en 2009 en Barberà del Vallès (Barcelona) y tiene como objetivo enviar turistas al espacio desde Andalucía gracias a globos de helio. Su intención es poder subir casi 40 kilómetros, por encima del espacio aéreo controlado y por debajo de los satélites, en un globo de helio con una cápsula presurizada.

El director general de Zero 2 Infinity, López-Urdiales, apunta que “se tardan unas tres horas en subir. Una vez arriba estás dos horas”. Para el descenso, la cápsula se desprende del globo y aterriza “bajo un paracaídas muy grande”. Además de tener la ventaja “de tener cero emisiones nocivas”.

Los primeros vehículos, como en el que voló Dennis Tito, suben a órbita y necesitan de una preparación previa. Solo la agencia espacial rusa, Roscosmos, lo ha ofrecido y el asiento ya se cotiza a más de 70 millones.

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