Si quieres que alguien se obsesione contigo (y no pueda sacarte de su cabeza), haz esto

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Cuántas veces te ha pasado que empieza siendo la otra persona la que te escribe, la que te insiste para quedar, la que pone más de su parte y, al cabo de un tiempo, eres tú quien tiene que hacer todo el esfuerzo para que te haga caso? Que se cambien las tornas en una relación es más habitual de lo que pensamos.

Lo primero que debes saber es que la actitud tiene mayor poder de seducción que el físico. Es un hecho. Además, la atracción implica una evaluación positiva que una persona realiza sobre otra y el deseo de aproximarse a ella. Cuanto más positiva sea la evaluación hacia la otra persona, mayor será la atracción que experimentamos hacia ella.

El atractivo psicológico es una realidad y una parte muy importante a la hora de enamorar a alguien. Si bien es cierto que el atractivo físico es el primer impacto, la primera imagen que mostramos de nosotros, es el atractivo emocional el que termina enganchando y haciendo que la otra persona quiera estar con nosotros para siempre.

CÓMO HACER QUE SE OBSESIONE CONTIGO

Ley de la recompensa variable

En 1957, el profesor y psicólogo estadounidense Skinner, realizó un experimento en Harvard con dos palomas que tenían a su alcance dos botones cada una respectivamente. Cada vez que las palomas oprimían el botón, se les daba alimento. Durante un tiempo, las palomas siguieron un patrón regular: pulsaban el botón y se les daba automáticamente el alimento.

Sin embargo, un día, Skinner cambió el método: sólo les daría comida a las palomas de forma aleatoria por cada botón presionado. La respuesta que obtuvo fue fascinante. Lejos de dejar de hacerlo, las palomas estuvieron pulsando el botón de forma compulsiva hasta obtener lo que querían, el alimento.

Esto es lo que se conoce como “Ley de la recompensa variable” y te estarás preguntando… ¿qué tiene que ver el experimento de las palomas conmigo?  Pulsar el botón les producía a las palomas chutes de dopamina –neurotransmisor conocido como “la hormona del placer”- y relacionaban el acto de pulsar el botón directamente con el acto de comer y, por tanto, de placer.

Si trasladamos este hecho a las personas, cuando acostumbras a una persona a recibir toda tu atención, a recibir tus mensajes, a tratarla bien, a recibir tus llamadas o tus elogios y un día, de buenas a primeras, cortas radicalmente esta actitud, la otra persona buscará como volver a recibir esas “dosis de dopamina” que tus mensajes, llamadas y actos producían en su cerebro.

Ley del efecto de familiaridad

Nuestro instinto humano está diseñado para que nos sintamos más cómodos entre aquello que ya conocemos y esto se traslada también a las personas.

Cuantas más veces vemos a alguien, más posibilidades tiene esa persona de resultarnos agradable y, por tanto, más confianza nos da.

La ley de familiaridad explica por qué cuando estamos expuestos repetidas veces a un estímulo nuevo, nuestra respuesta hacia él se vuelve más positiva.

Dicho de otro modo, refleja nuestra predilección por aquellas situaciones, personas u objetos que nos resultan conocidos.

Si quieres gustarle a alguien, trata de frecuentar los lugares a los que esa persona va, pero ¡muy importante! Sin que resulte invasivo ni acosador. Estas “coincidencias en lugares” deben de ser de forma fluida y no forzada.

Ley del efecto de similitud

Nos gusta la gente similar a nosotros: a más semejanza con las personas, mayor atracción. Las aficiones, los gustos, la ideología política y religiosa y, sobre todo, experiencias.


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La psicología social ha puesto mucho foco a dos de sus dimensiones: la semejanza actitudinal, y la semejanza de personalidad.

En cuanto a la primera, Theodore Newcom mostró en uno de sus principales trabajos, el impacto que el hecho de tener actitudes similares tenía sobre la atracción entre dos personas.

En cuanto a la segunda, por regla general, cuando la dimensión de la personalidad se manifiesta con claridad, la semejanza provoca un mayor grado de atracción que la diferencia. Alguien que ha vivido experiencias similares a las que nosotros hemos vivido tendrá mayor capacidad de empatía y sabrá comprendernos mejor. Este hecho hará que el vínculo entre las dos personas se forje de una forma más sólida, ya que sus actos pueden llegar a ser predecibles, lo que fomenta la confianza.

Ley del efecto de reciprocidad

No tengas miedo a mostrar entusiasmo. Normalmente, nos asusta que la otra persona se dé cuenta de que nos sentimos atraídos por ella, por miedo al rechazo, a que dejemos de verla y caemos en el error de hacernos los duros, forzando una actitud de indiferencia o incluso de chulería. ERROR.

Normalmente, cuando le gustamos a alguien, esa persona empieza a gustarnos también a nosotros. A este hecho los psicólogos lo llaman «efecto de reciprocidad». Es decir, la atracción genera atracción, nos agradan aquellas personas a quienes les agradamos y esto se traslada a cualquier tipo de relación.

Saber que gustamos a otra persona es reconfortante y genera sentimientos positivos. Asimismo, asumimos que aquellos a quienes les gustamos tienen buenas intenciones hacia nosotros y nos tratarán bien o nos ayudarán cuando lo necesitemos. También reafirman nuestra creencia de que somos agradables porque les resultamos lo suficientemente atractivos como para gustarle a los demás.

Efecto del contacto visual

El contacto visual comunica atención, intención y atracción. Cuando se produce el contacto visual entre dos personas, se produce una liberación de Oxitocina, comúnmente conocida como la hormona del amor, ya que nos ayuda a crear vínculos estables.

Sin embargo, es importante no clavar la mirada de forma permanente, sino hacerlo de forma espontánea y, como siempre, con naturalidad.

Efecto del elogio

A todos nos gusta que nos valoren. Hacer cumplidos es un arma social muy poderosa para estrechar lazos con los demás. Por desgracia, nuestro cerebro está sesgado y más orienta para detectar los errores o los fallos que cometemos, tanto nosotros como los demás. Enfrentarse a este hecho tiene que llevar herramientas activas que nos permitan también ver lo positivo, reconocerlo y resaltarlo. Si somos capaces de destacar las cualidades de los demás, reforzaremos la relación que tengamos con esa persona.

El secreto para elogiar sin resultar zalamero es ser sincero y oportuno. Cualquier interacción social, sea del tipo que sea, tiene un momento adecuado. Si conocemos en bien a la otra persona, sabremos cuándo realizar este halago.

Recibir halagos sinceros y con afecto nos hará sentir más cómodos con esa persona y, por tanto, hará que queramos estar más tiempo con ella. ¡Un consejo! No hagas consejos exclusivamente del aspecto físico, eso te hará parecer muy superficial. Valora y destaca aspectos de la personalidad.

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