Señales que indican que eres una persona tóxica (aunque no te hayas dado cuenta)

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Puede que seas una persona tóxica, pero sin malas intenciones. Si notas que hay algo en tu manera de relacionarte con la gente que provoca que salgan corriendo, tal vez haya aspectos de tu forma de ser a los que necesites darles un repaso… ¡Sigue leyendo!

Te has preguntado alguna vez si eres una  persona tóxica para los demás? ¿Notas que conoces a gente pero nunca terminas de forjar buenos vínculos con nadie? ¿Te enfadas con facilidad con la gente con la que tienes confianza? ¿Cambias mucho de amigos? O mejor dicho… ¿Tienes pocos amigos? ¿Alguna vez te han dicho que eres una persona tóxica? Si es así, puede que, leyendo este artículo estés dando un paso  en la dirección correcta.

Ser consciente de cómo es uno mismo es el primer paso para aceptar que cada uno de nosotros somos imperfectos. Sin embargo, en numerosas ocasiones, no nos damos cuenta de que nuestros hábitos o conductas son perjudiciales tanto para nosotros como para nuestros seres queridos.

Por lo tanto, siempre será muy beneficioso y liberador reflexionar al respecto e intentar reducir estos comportamientos que nos convierten en una persona menos brillante de lo que realmente podemos llegar a ser.

Para  ayudarte en este camino, aquí tienes seis señales de que podrías ser una persona  tóxica involuntariamente, sin mala intención.

SEÑALES QUE INDICAN QUE ERES UNA PERSONA TÓXICA

Haces muchas más promesas de las que puedes cumplir.

¿Tienes la costumbre de prometer muchas cosas? ¿Prometes cosas que no están en tu mano cumplir? Cosas como: «Te prometo que no voy a volver a llegar tarde» y no haces nada por remediar tu impuntualidad.

Si tiendes a prometer de más y a cumplir de menos, puede que no te des cuenta de que  estás siendo tóxico sin proponértelo.

Por lo general, prometer en exceso  obedece a nuestro deseo de caer bien o ser aceptados. Pero esto puede dañar tus relaciones e incluso tu reputación.

Para romper con este hábito, párate un momento antes de prometer algo. Piensa si serás realmente capaz de cumplirlo y cuáles son las consecuencias si lo no lo haces. Al identificar estas cosas, sabrás la carga que asumes con esa promesa. Si te resulta  excesiva, sé directo y comunicativo sobre tus límites. Entenderán tu postura siempre que seas claro al respecto.

Utilizas la pena y te victimizas para conseguir lo que quieres.

¿Utilizas la lástima o la culpa para condicionar  a otras personas? Diciendo cosas como: 

«Me agota tener que hacer yo todo en esta casa.  Si alguien pudiera ayudarme con los platos sería genial». O tal vez «Hace tanto tiempo que no tengo  tiempo para mí y todavía me queda estar de guardia esta noche». Con estas y otras expresiones le  pasas a los demás la pelota para que hagan lo que quieres por compasión con tu situación. Estas acciones son una forma de manipulación y habitualmente se deben sencillamente a  que no sabes pedir ayuda de manera directa.

Probablemente no seas una persona acostumbrada  a abrirse ante los demás. Pero esto puede llevar a que los otros te vean como alguien  egoísta o un auténtico manipulador.

Es conveniente saber cuándo  pedir ayuda directamente. Los demás lo entenderán. Además, cuando pides  ayuda, demuestras que confías en ellos.

Intenta ser una persona respetuosa y considerada,  pero a la vez lo suficientemente directa como para que se entienda tu punto de vista. No tengas miedo  de aceptar ayuda y ten generosidad para darla.

Siempre estás a la defensiva.

¿Notas que constantemente culpas a las personas  o a los factores externos por lo que te ocurre? Culpar es siempre una salida fácil. Hacemos responsable a alguien o a algo en  lugar de asumir nuestra responsabilidad.

Puede que te sientas inclinado a hacerlo  porque quieres demostrar que tienes razón, hasta el punto de victimizarte a ti mismo. Pero  a veces tener razón no resuelve la situación.

Pregúntate para empezar cuál es realmente el  problema. Y qué puedes hacer para solucionarlo. 

Intenta pensar en equipo en lugar de señalar los  defectos individuales. Cualquier situación siempre tendrás varias caras y diferentes perspectivas. Así que la próxima vez que te encuentres en esta situación, intenta preguntarte  cómo puedes ser mejor. Al hacerlo, estarás asumiendo parte de la culpa y  trabajando para encontrar una solución mejor.


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Eres demasiado sensible.

¿Sientes que necesitas tener una respuesta para todo? Cuando eres demasiado sensible puedes convencerte de que todo el  mundo está en tu contra o que lo que dicen es una confrontación a tu existencia o creencias. Ser demasiado sensible puede estar causado por una baja autoestima, que te hace sentir que tienes que  estar constantemente defendiéndote ante los demás.

Esto suele ser consecuencia de una educación  infantil dura. Si te ridiculizaban constantemente por cosas que no controlabas, lo más probable  es que hayas crecido con inseguridades y dudas.

Para intentar superar esta sensibilidad excesiva,  es necesario ser consciente de uno mismo. Reconoce tus tendencias e intenta  no enfrentarlas en exceso, sino acomodarlas en tu proyecto de vida. Practica el autocuidado y date algún capricho, si lo necesitas. Identifica qué partes  de ti te gustan y céntrate en ellas. Y, una vez que tengas una visión sana de  tu propia persona y de tu identidad, verás cómo eres perfectamente capaz de encogerte  de hombros ante las opiniones de los demás.

Eres excesivamente pesimista.

¿Eres el tipo de persona que siempre espera el peor resultado? Pongamos por caso que alguien te hace un cumplido, ¿aprecias simplemente el  gesto o piensas que hay algo oculto en ello?

Ser pesimista significa que siempre ves el lado negativo de las cosas. Cuando otras personas están constantemente sometidas a esta energía cínica, pueden terminar pensando que eres un cenizo  que no quiere otra cosa más que aguarles el ánimo.

Ojo, puede que seas pesimista como una manera de intentar ser práctico y realista, pero ten en cuenta que a veces  es bueno soltarse y divertirse.

Además, ser demasiado negativo puede provocar estrés, ansiedad y depresión. 

Siempre hay mejores formas de enfocar las situaciones que ser completamente pesimista.

Por todo ello, en lo sucesivo trata de analizar primero las palabras en tu cabeza antes de decirlas en voz alta. ¿Crees que si lo dices acabarás con el buen rollo y buen estado de ánimo? 

Si es así, probablemente haya una forma y un momento mejores para decirlo. Desarrollar una mentalidad positiva es un esfuerzo consciente. Busca soluciones en lugar de problemas potenciales.  Así, no te regodearás en lo malo y, por supuesto, siempre es mejor rodearse de personas  comprensivas y optimistas que te apoyen.

Dependes de  los demás para que te validen.

Cuando estás demasiado pendiente de las opiniones de los demás hasta el punto de que haces girar tu vida en torno a  lo que ellos dicen, puede que no te des cuenta de que estás siendo tóxico. Y no  precisamente para ellos, sino para ti mismo.

Tu cuerpo, tu personalidad, tus habilidades,  cada parte de ti es hermosa. Cada parte de ti es importante. Pero si necesitas que otras  personas lo digan para sentirte validado, es posible que te enfrentes a inseguridades  provocadas por una baja autoestima.

Si llegas al punto en que te das cuenta  de que confías más en las opiniones de los demás que en las tuyas propias, intenta dar  un paso atrás y examinar por qué te sientes  así. ¿Es porque quieres sentirte aceptado?  ¿Tu propia opinión no es suficiente en este asunto? ¿Por qué crees que es así? Ve dando pequeños pasos conscientes para ser más feliz y depender menos de la validación  exterior. Verás cómo mejora mucho tu vida.

¿Te has sentido identificado con algunos de los puntos de este artículo? Recuerda que no eres una mala persona si te sientes  identificado con estas señales. De hecho, ya estás en el buen camino por  informarte sobre todo esto…

¿Tienes experiencias con amigos  que están siendo involuntariamente tóxicos? ¿Cómo los manejas? Comparte tus  experiencias en los comentarios de abajo.  Si te ha gustado este artículo, compártelo con alguien a quien le pueda ayudar.

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