Con cocina abierta todo el día, productos gourmet y alma de colmado tradicional, el restaurante Martín Tostón recupera la esencia del barrio con el sello de los Martín-Hevia.
Un sitio que suena a barrio y sabe a clásico
En una ciudad como Madrid, donde lo nuevo no siempre significa mejor, da gusto encontrar proyectos que rescatan lo de siempre sin dejar de mirar hacia delante. Es justo lo que pasa con Martín Tostón, un restaurante que aterriza en el corazón del barrio de Salamanca con esa mezcla que cada vez cuesta más encontrar: producto bueno, cocina sin artificios y un concepto pensado para acompañarte en cualquier momento del día.
No hablamos de un restaurante al uso, ni de una tienda gourmet de las que hay mil. Hablamos de un espacio que bebe de los colmados de toda la vida, pero que se adapta al ritmo actual con cocina continua desde las 9:00 hasta las 23:00 horas, y una carta pensada para desayunar, tomar el aperitivo, comer, cenar… o simplemente llevarte a casa unas buenas chacinas.
Todo con el sello de la familia Martín-Hevia, herederos del mítico Hevia de la calle Serrano y responsables de seguir mimando una forma de entender la hostelería que, por suerte, no se ha perdido del todo.
El colmado de antes, con el ritmo de hoy
Nada más entrar, Martín Tostón deja claro que esto va de recuperar el espíritu castizo, pero con una puesta en escena actual y cuidada. El local se divide en dos plantas, y cada una tiene su personalidad bien marcada.
Arriba, con mesas altas y un ambiente más ligero, está el espacio perfecto para los desayunos tranquilos, los aperitivos animados o ese picoteo que se alarga sin querer. Aquí mandan el dinamismo y la cercanía.
Abajo, la cosa cambia. Se baja el volumen, la luz se vuelve más cálida y las mesas bajas invitan a sentarse con calma. Ideal para una comida larga, una cena más pausada o simplemente para dejarte llevar por los platos más elaborados de la carta, sin prisas.
En medio de todo esto, una estética que evoca a los colmados de antes: ladrillo visto, madera, mármol, y ese expositor que da gusto mirar, con chacinas, conservas, vinos y laterío bien presentado y listo para llevarte a casa o disfrutar allí mismo.
Cocina abierta todo el día (y con criterio)
Si hay algo que hace especial a Martín Tostón es su capacidad para encajar en cualquier franja del día sin desentonar. ¿Te apetece desayunar bien? Tienen tostadas con AOVE y tomate, churros, porras, croissants, y también clásicos como el pan con jamón o el sándwich mixto. Todo de buena calidad, sin complicaciones.
A media mañana, empieza a sonar el aperitivo. Y aquí ya entran las chacinas ibéricas de Arturo Sánchez, una selección de laterío de primera (mejillones, berberechos, navajas, ventresca de bonito…), gildas, torreznos que hacen honor al nombre, ensaladilla rusa como mandan los cánones, o un salpicón de gambas que reconcilia con los entrantes de toda la vida.
¿Tienes hambre de verdad? Pues la carta sube el tono. Callos, rabo de toro, albóndigas, chipirones en salsa o el tartar de atún rojo son solo algunos de los platos que muestran esa cocina más de fondo, con sabor, que no necesita disfrazarse para convencer.
Y si prefieres ir picando, también hay opciones pensadas para compartir: hojaldre de sardina ahumada con ajo blanco, puerros confitados con salsa de espárrago, brioche de carrillera ibérica… Todo con ese punto de creatividad que no desentona, sino que suma.
Producto que se come y se lleva
Una de las cosas más interesantes de Martín Tostón es que la experiencia no acaba en la mesa. Si algo te ha gustado —la cecina, las conservas, el vino que te han servido—, puedes llevártelo a casa.
Porque esto también es un colmado, y eso significa que los productos están a la vista y disponibles para compra directa. No es solo un guiño estético, sino parte real de la propuesta.
Hay embutidos, quesos, vinos nacionales e internacionales, salsas y conservas. Y no hace falta hacerse con una caja entera: puedes coger una lata suelta, un tarro o una botella, y salir con un pedazo de Martín Tostón bajo el brazo.
Servicio de los de antes, sin perder naturalidad
Otra de las cosas que se agradecen es que aquí el servicio va en sintonía con el resto del proyecto. Los camareros van con corbata y delantal, pero sin que eso resulte impostado. Atentos, profesionales y, sobre todo, cercanos.
Se nota que les gusta lo que hacen, que conocen el producto y que entienden el ritmo del cliente. Si quieres estar tranquilo, te dejan espacio. Si te apetece que te cuenten algo más de un plato o un vino, se enrollan lo justo y necesario.
Es ese equilibrio tan difícil entre lo clásico y lo actual, entre el respeto por la tradición y las formas, y la calidez que se espera de un sitio que quiere ser de barrio (aunque esté en una de las zonas más exclusivas de Madrid).
El sello Hevia, bien entendido
Detrás de este proyecto están Ismael y Fernando Martín-Hevia, tercera generación de una familia que lleva décadas defendiendo otra manera de hacer hostelería. La buena. La de siempre.
Ambos asumieron la dirección de Hevia en 2014, y desde entonces han sabido mantener el legado familiar sin quedarse anclados en el pasado. Ismael se formó en dirección de empresas y sumillería, Fernando en cocina en Le Cordon Bleu. Y ese tándem se nota: saben lo que hacen, pero no lo gritan.
Primero llegó el Bar H Emblemático, luego este Martín Tostón. Y en cada paso, han sabido adaptar el estilo Hevia a nuevos formatos y nuevos públicos, sin perder ni un gramo de autenticidad.
El homenaje a su padre, Ismael Martín, no es solo emocional. Está en cada detalle, en cada plato, en cada gesto del equipo. Y como diría Rafael El Gallo, “clásico es lo que no se pué mejorá”.
Reservar mesa en el restaurante Martín Tostón
- Dirección: Calle de Castelló, 112. Madrid
- Horario: de martes a sábado de 9.00 h a 11.00 h con horario ininterrumpido de cocina. Domingos de 9.00 h a 15.00 h.
- Precio medio: 30 euros.
- Teléfono: 919 89 66 66.