Qué es el Bud Sex: relaciones sexuales de hombres heterosexuales con otros hombres

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Por Valérie Tasso

Sin perjuicio de que su heterosexualidad sea cuestionada, cada vez son más los hombres heterosexuales que se animan a practicar Bud Sex como una forma de encontrar nuevas (y muy placenteras) sensaciones.

Todo el mundo ha oído hablar de ello. Pero pocos hombres se atreven a reconocer que practican o han practicado esta erótica so pena de sentirse rechazados, estigmatizados, insultados, etc. Sin embargo, son cada vez más numerosos (o eso creemos) los hombres que se han animado a practicar sexo con otros hombres, solo por placer, sin vínculo afectivo ninguno y, sobre todo, sin dudar, ni un instante, de su heterosexualidad.

Pero, ¿por qué esta eclosión repentina del “bud sex”, como así lo llaman los anglosajones y los aficionados a las etiquetas? Realmente, el fenómeno no es nada nuevo si repasamos las costumbres sexuales a lo largo de la historia. Siempre ha existido. Otra cosa es que se haga tan visible.

En nuestra sociedad en la que las redes sociales pululan como champiñones, es muy fácil ahora desplegar nuestra sexualidad como queremos sin correr el riesgo de tener que dar explicaciones.

El fenómeno de la plataforma para adultos Onlyfans tiene mucho que ver en ello. Esta red social está cada día más en boca de todos (y eso que existe desde 2016). Es para adultos y la mayoría de los contenidos son imágenes y vídeos eróticos de todo tipo, si bien es cierto que no todo lo que se publica en OnlyFans es erótico.

Muchos artistas han visto en esta red la posibilidad de ganar dinero con sus fans durante el confinamiento. La pandemia ha hecho estragos en muchas personas que han visto sus recursos económicos mermar de la noche a la mañana.

Pero volvamos a lo nuestro. Si bien el bud sex es una categoría que se puede encontrar en Onlyfans, lo interesante es entender por qué se da esta práctica erótica y por qué, rompiendo tabúes alrededor de ella, no debería escandalizarnos. Ese es el objetivo de este artículo.

La diversidad de nuestras inclinaciones eróticas

¿Os acordáis del personaje de Torrente? Su frase favorita era “¿Nos echamos unas pajillas?, pero sin mariconadas, ¿eh?, nada de mariconadas”. Torrente, con esta frase, ponía en valor dos cuestiones. La primera, naturalmente, su tontería y su ordinariez, pero la segunda, la existencia del “bud sex”, del “sexo entre colegas”, amiguetes, sin que por ello se tenga una orientación homo erótica.

Estas “pajillas” entre colegas, pero también el fantasear con la genitalidad masculina, es algo que ha permanecido oculto al ojo público por el principio fundamental de que quien lo realiza se declara (y, sobre todo, se siente) indiscutiblemente heterosexual.

Para él, el reconocer públicamente esta erótica o estas inclinaciones puede suponer  el que se dude de su orientación o hasta de –y eso es peor- su masculinidad (lo de las “mariconadas” del personaje de Torrente) solo por el motivo de yacer o fantasear con yacer carnalmente con su semejante.

Ni siquiera la ambigua y discutible calificación de “bisexual” la puede aceptar (y con razón), pues no tiene ningún armario de donde salir, ninguna duda que asumir ni ninguna categorización en la que entrar, más que la de heterosexual. Lo cual pone, en estos tiempos de “tener” que asumir las etiquetas reivindicativas(demasiadas), de muy mala leche a más de uno que cree ver en ellos machitos que no se quieren reconocer homosexuales, pero confirma a otros en sus creencias de la ficción y los convencionalismos culturales que determinan nuestras identidades de género y nuestras preferencias sexuales.


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Para los sexólogos, servidora incluida, corroboran algo que a muchos no les entran en la sesera; la diversidad de nuestras inclinaciones, la frontera tan fina de los canales entre el asco y el gozo, los infinitos y a veces retorcidos circuitos de la erotización y la estupidez de tener que reafirmarse permanentemente en una categorización erótica que es pura convencionalidad  (no somos nosotros los que nos tenemos que ajustar a las etiquetas, sino acaso ellas a nosotros… y tampoco).

Pero bueno, esa inclinación que no por frecuente permanecía sin empaquetar en el armario de la condición humana, parece que ahora tiene un nuevo cajón; el “bud sex”. Vaya tela.

Otro de los modelos más conocidos por esta práctica es Leo Stuke (xleox). En su cuenta de Only Fans se le puede ver manteniendo relaciones con mujeres y Bud Sex con hombres.

El “bud sex” permite, entre otras cosas, el refuerzo de vínculos amistosos o el satisfacer una demanda de goce sin exigencias

Para alguien ajeno a las complejidades de nuestra condición sexuada, el número de heterosexuales sin fisuras que practican sexo con personas del mismo género es sorprendentemente alto. Y no hay que irse –por dar un ejemplo- a una cárcel para verificarlo, un lugar en el que el sexo se emplea muchas veces en su faceta más lúdica o en la de pura dominación y autoridad.

Esto que llaman ahora “bud sex” forma parte, por ejemplo, de los procesos de iniciación a la sexualidad adulta de un número ingente de hombres y mujeres, pero también, y ya en edad adulta, permite o bien el refuerzo de vínculos amistosos o el satisfacer una demanda de goce sin exigencias de demostraciones emocionales o afectivas o el alimentar el morbo que genera el transgredir, sin anular, las auto prohibiciones (como decimos, los canales de deseo y excitación son muy poco cristalinos, nunca están del todo definidos ni buscan siempre establecer o perpetuar lo que llamaríamos amor).

Una cosa curiosa: esta “etiqueta” se utiliza exclusivamente para los hombres

La categorización de “bud sex” se suele emplear casi en exclusiva para los hombres. El motivo puede ser el que a nosotras nos importen muy poco, o mucho menos que a ellos, las categorizaciones en materia erótica, con lo que si una mujer mantiene encuentros esporádicos con otra mujer y la quieren clasificar de “bisexual” pues tenemos menos problemas en mirar la categoría y decirle que “bueno, pues vale, pues lo que digas”.

El segundo motivo que se emparenta al primero es que la masculinidad y su paradigma de excelencia, la virilidad, han soportado muy mal que se las cuestionen (y eso que a la virilidad antigua le importaba muy poco el con quién sino el cómo), con lo que prefería no publicitar esas preferencias esporádicas, casuales o recurrentes (uno puede estar todo el día en ello y seguir manteniendo su orientación heterosexual), con lo que venir ahora diciendo que, en realidad, lo que hacen es “sexo de amiguetes”, pues como que suena a descubrimiento de una nueva especie de hombres palmípedos.

Por lo general, se tratan de contactos emocionalmente fríos

Normalmente, estos tipos de contactos suelen ser emocionalmente fríos; sin besos, sin caricias afectivas, sin cariñosas carantoñas, pues no buscan, como anunciábamos, el amor, sino con quien tocarse, el satisfacer una apetencia erótica.

A veces, se producen como un desaire hacia la pareja femenina (no siempre pero ocurre) o como una vía de escape (sin querer escapar) de ella o del entorno (lo de liarse un poco con alguien del mismo género tras una noche de farra es algo muy frecuente).

En cualquier caso, y puestos a definir, estas caracterizaciones, mucho más que las etiquetas de orientaciones eróticas, serían junto a la realización del encuentro erótico con alguien del mismo género, las que definirían esta común y antigua relación que, ahora, a alguien se le ha ocurrido llamar “bud sex” y que, groserías aparte, no me imagino yo al bueno de Torrente ni a muchos otros, diciendo con toda la razón y propiedad del mundo, algo así como; “Compañero, ¿practicamos un poco de “bud sex”?… pero sin poner en cuestión nuestra orientación hetero erótica, ¿eh?, nada de ponerla en cuestión”.

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