¿Por qué a veces aceptamos trabajar para un jefe abusivo?

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Un nuevo estudio sugiere que cuando un jefe es competente y resolutivo, los empleados son más propensos a etiquetar el abuso como simple amor duro.

Los resultados de la investigación muestran que los trabajadores son menos propensos a mostrar hostilidad hacia los jefes abusivos cuando el rendimiento del líder es alto, e incluso es probable que los empleados piensen que su carrera puede verse impulsada por un jefe exitoso, aunque este muestre conductas abusivas.

Según Robert Lount, autor principal del estudio y profesor de Gestión y Recursos Humanos en la Escuela de Negocios Fisher de la Universidad Estatal de Ohio (EE. UU.), las conclusiones de este trabajo, que ha sido publicado en la revista Organizational Behavior and Human Decision Processes, sugieren que los empleados pueden ser reacios a calificar de abusivo a un jefe de éxito, aunque su comportamiento lo delate como individuo tóxico.

Detectar un mal jefe en el entorno laboral puede ser crucial para mantener un ambiente de trabajo saludable y productivo. Sin ir más lejos, un estudio publicado recientemente en Group & Organization Management por investigadores del Instituto de Tecnología Stevens y la Universidad de Illinois Chicago, ambos en Estados Unidos, apunta a que los líderes tóxicos desaniman a los trabajadores a asumir responsabilidades.

Esto es así porque, en palabras de los autores, los directivos abusivos minan el empoderamiento psicológico del subordinado. Este tipo de empoderamiento consiste en confiar en que uno mismo puede desempeñar correctamente su trabajo, creer que su labor es importante y significativa para la compañía, y sentir que puede tomar decisiones propias sobre cómo desempeñar sus tareas en beneficio de la organización.

Jefes narcisistas, autoritarios y agresivos

Desde un punto de vista psicológico, los jefes abusones muestran combinaciones de ciertos rasgos y comportamientos que los delatan. Por ejemplo, pueden tener una alta necesidad de admiración y una falta de empatía hacia los demás. Estos jefes con inclinaciones narcisistas a menudo se ven a sí mismos como superiores y pueden desvalorizar y desacreditar a sus subordinados.

La presencia de un jefe narcisista en el lugar de trabajo aumenta el riesgo de que sus subordinados desarrollen un trastorno depresivo, según un estudio de la Universidad de Mánchester (Reino Unido).

Estos jefes también tienen tendencia a ejercitar el autoritarismo, ejercen el control de manera rígida y a menudo imponen su poder a través del miedo y la intimidación. Pueden ser muy críticos y punitivos cuando las cosas no se hacen exactamente como desean. A veces, esta conducta va emparejada a comportamientos agresivos, tanto verbales como no verbales, para dominar a los trabajadores. Esto incluye gritar, insultar, hacer comentarios sarcásticos y utilizar un lenguaje hostil.

Una falta de respeto hacia los subordinados

Algunos jefes tóxicos recurren a tácticas manipuladoras para influir y afianzar su dominancia; para ello, no hacen ascos a mentir, tergiversar hechos y recurrir a la información personal de los empleados para usarla contra ellos. En ocasiones, se muestran excesivamente desconfiados o incluso paranoicos, y creen que sus subordinados están constantemente tratando de socavarlos, desprestigiarlos o poner en entredicho su valía y potestad.

La escasa inteligencia emocional que demuestran muchos de estos jefes tóxicos los lleva a perder la perspectiva de que sus empleados son seres humanos con la misma dignidad que él y que, por tanto, merecen respeto. Esto se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando reaccionan de manera exagerada ante situaciones estresantes o desafiantes, mostrando explosiones de ira y llegando incluso a humillar a los trabajadores delante del resto de sus compañeros.

Otras conductas nada recomendables que comparten algunos superiores son la práctica descarada del favoritismo, el uso de tácticas emocionales para hacer sentir culpables a los empleados y las constantes amenazas de despido que generan un estado constante de incertidumbre y ansiedad en el lugar de trabajo.

A veces no resulta sencillo detectar a un jefe abusivo

Ahora bien, a veces las señales de un liderazgo abusivo no se detectan de manera evidente por parte de los trabajadores. «Si los empleados ven a su jefe como un líder de éxito, esto les puede parecer incompatible con que sea un jefe abusivo —dice Lount. Y añade—: Así que etiquetan el abuso como algo más positivo, como amor duro».

El amor duro en el contexto laboral hace referencia a un enfoque de gestión y liderazgo por parte de los directivos que combina firmeza en las expectativas y estándares con apoyo genuino al desarrollo personal y profesional de los empleados.

En definitiva, esta estratagema no busca otra cosa que promover un ambiente de alto rendimiento al tiempo que se mantiene el compromiso de preservar el bienestar, la salud mental y el crecimiento de los trabajadores.

Fomentar una cultura de la excelencia y el esfuerzo continuo

El líder que practica el amor duro con sus empleados ofrece retroalimentación clara y directa, tanto positiva como negativa, que ayuda a que los empleados entiendan dónde y cómo pueden mejorar. El jefe establece estándares altos y espera que todos los miembros del equipo los cumplan; el propósito es fomentar una cultura de la excelencia y el esfuerzo continuo en el lugar de trabajo.

A pesar de su firmeza, el amor duro también implica un fuerte compromiso con el desarrollo personal y profesional de los empleados. Esto puede incluir formación, mentoría y oportunidades de aprendizaje continuo. Y aunque pueda parecer estricto, un buen líder adscrito al amor duro también mostrará empatía y entenderá las circunstancias personales de sus empleados, y ofrecera apoyo cuando sea necesario, según los psicólogos.

Jefe exitoso vs. jefe tóxico

Para ahondar en cómo la imagen de jefe de éxito puede interferir con la de jefe abusivo, los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio llevaron a cabo dos estudios. Uno de ellos consistió en un seguimiento dividido con 576 trabajadores de diversos sectores de Estados Unidos. Los participantes completaron tres encuestas on line cada dos semanas. Se les preguntó sobre los comportamientos abusivos de su jefe y cómo calificaban la eficacia general de su liderazgo.

En el caso de los participantes que declararon haber sufrido abusos, se los invitó a que respondieran a una batería complementaria de preguntas con el objetivo de averiguar si los empleados calificarían a su jefe de maltratador o si pensaban que era más bien un líder del tipo amor duro.

En la encuesta, los jefes duros eran descritos como «severos pero cariñosos», «insensibles pero cariñosos» y «rudos pero bienintencionados».

El rendimiento del jefe cuenta

Los resultados mostraron que cuando los empleados notificaban conductas abusivas de sus jefes, como ridiculizar a los trabajadores y tachar de estúpidos los pensamientos y sentimientos de un empleado, la etiqueta que ponían a su superior dependía en cierta medida del rendimiento.

En efecto, cuando calificaban al jefe de eficiente, los trabajadores eran más propensos a etiquetar a su jefe abusivo como «un supervisor de mano dura». Pero cuando el rendimiento del jefe se consideraba bajo, era más probable que los empleados le pusieran la etiqueta de «maltratador».

Pero ¿por qué los jefes maltratadores son vistos de forma diferente si tienen éxito? Bennett Tepper, coautor del estudio y profesor de Gestión y Recursos Humanos en la Universidad Estatal de Ohio, asegura que los empleados pueden estar buscando una especie de resquicio de esperanza.

Un rayo de esperanza en un entorno laboral tóxico

«Puede que estos directivos traten con dureza a los empleados, pero es de suponer que su intención no es otra que ayudar a sus empleados a que desarrollen su potencial: esa es la parte del amor duro — explica Tepper en una nota de prensa de la Universidad de Ohio. Y continúa—: Y si los jefes tienen un alto rendimiento, esto sugiere que tienen éxito a la hora de sacar a relucir las habilidades de sus subordinados».

Es posible que a los empleados de jefes abusivos pero exitosos no les gustara ser víctimas de los abusos, pero, para sorpresa de los investigadores, afirmaron que esperaban que algo bueno saliera de su mala situación laboral. Los resultados del estudio mostraron que estos trabajadores eran más propensos que otros a pensar que ascenderían dentro de su organización, presumiblemente debido a su experiencia trabajando para un jefe exitoso.

Además, los empleados eran menos propensos a arremeter contra los jefes abusivos de alto rendimiento, desobedeciéndoles o dándoles la callada por respuesta.

El abuso del jefe, en tiempo real

En el segundo estudio, se examinó cómo se desarrolla en tiempo real la dinámica de trabajar para un líder abusivo y otro de éxito en un experimento de laboratorio. En este caso, 168 estudiantes universitarios participaron en una prueba en la que se les dijo que trabajaban en equipos online dirigidos por un estudiante de un máster Universitario en Administración de Empresas (MBA).

Los equipos competirían entre sí para resolver un problema del campus. Aunque, en realidad, no había equipos ni líderes.

Los participantes en el estudio leían un mensaje en la pantalla de su ordenador que supuestamente procedía del líder de su equipo, pero que en verdad era de los investigadores. Estos enviaron a los estudiantes uno de dos mensajes: abusivo o no abusivo.

El mensaje abusivo, supuestamente remitido por el líder del MBA, decía a los estudiantes: «¡No me hagáis perder el tiempo con ideas estúpidas! Hacedlo mejor que un estudiante cualquiera y no nos avergoncéis». El mensaje no abusivo simplemente animaba a los participantes a «esforzarse».

Rendimiento por encima y por debajo de lo esperado

Los participantes desarrollaron ideas que luego fueron supuestamente evaluadas por su jefe de equipo y enviadas a expertos para su valoración. Más tarde, todos los participantes recibieron uno de estos dos mensajes: uno decía que su equipo había rendido muy por encima de la media en comparación con los demás equipos, según los expertos. El otro decía que su equipo había rendido muy por debajo de la media.

A continuación, se pidió a los participantes que evaluaran a su líder. Y efectivamente, los participantes que recibieron el mensaje abusivo tendían a dar a su líder una puntuación más baja en «conducta abusiva» cuando su equipo estaba por encima de la media que cuando estaba por debajo de la media.

«Descubrimos que, en muy poco tiempo, se podía reducir rápidamente el etiquetado abusivo de un jefe con un alto rendimiento —afirma Lount—. El mero hecho de descubrir que su equipo obtuvo mejores resultados gracias al criterio de su líder realmente atenuó la disposición a calificar a esa persona de abusiva, aunque su líder hiciera exactamente las mismas declaraciones que los demás líderes que fueron calificados de abusivos tras un rendimiento inferior a la media».

Los jefes tóxicos son los causantes del mal ambiente en el lugar de trabajo

Lount y Tepper subrayan que su estudio no está diciendo que el comportamiento abusivo pueda hacer que algunos líderes tengan éxito. Hay pruebas abrumadoras de años de investigación de que el liderazgo abusivo no es bueno para los empleados o las organizaciones, asevera la pareja de investigadores. Sin duda alguna, los jefes tóxicos son los causantes del mal ambiente en el lugar de trabajo.

De hecho, otras investigaciones sugieren que los jefes de éxito conocidos por su enfoque de amor duro podrían tener incluso más éxito si utilizaran técnicas de gestión más aceptadas. En cambio, según los investigadores, este estudio trata de cómo responden los empleados a una supervisión abusiva.

«Creo que nuestros datos hablan realmente de cómo reaccionan los subordinados ante líderes que son a la vez abusivos y exitosos. Dudan en calificarlos de abusivos. Los empleados creen que no pueden ser abusivos porque tienen éxito», afirma Lount.

«Los resultados también pueden sugerir por qué, incluso hoy en día, algunos jefes abusivos pueden tener largas carreras —dice Tepper. Y concluye—: Los jefes que se salen con la suya en su comportamiento abusivo pueden ser aquellos que de alguna manera encuentran una forma de obtener un alto rendimiento a pesar de su comportamiento».

En palabras de Tepper, «su alto rendimiento los aísla de las consecuencias porque incluso sus empleados dicen que solo es un jefe del tipo amor duro».