Cómo la pornografía está alterando nuestra forma de relacionarnos

Por Mateo Carrasco

El impacto de la pornografía en internet ha distorsionado la forma que teníamos de entender el sexo. Nos citamos con Lara Ferreiro, psicóloga y sexóloga en el portal de citas Ashley Madison, para conocer de cerca qué aflige al hombre en sus relaciones sexuales y cuáles son los mitos más comunes que están llenando su consulta de miedos y complejos.

La eclosión de la tecnología y la inquebrantable relación del hombre con el ordenador, las tablets y los smartphones con acceso a internet ha puesto al alcance de nuestra mano un basto universo de pornografía catalogada por fetiches, gustos y duración que hace que el hombre interactúe con más asiduidad con estos dispositivos que con las propias personas.

Según un estudio publicado por la Universidad de Navarra, más de quinientos millones de páginas web poseen contenido pornográfico. Su consumo mueve dos mil quinientos millones de dólares anuales solo en los Estados Unidos, y se ha detectado que provoca estragos en millones de familias y parejas de todo el mundo. El estudio afirma que la primera vez que una persona se encuentra con la pornografía es a la edad de ocho años, como consecuencia de su familiaridad con la tecnología móvil, lo que precipita un consumo habitual de estos contenidos a la edad de los 13 años.

Este hecho ha llevado a los jóvenes a generar unas ideas distorsionadas sobre la práctica sexual y la idea de la masculinidad, tan difuminada hoy en día, que no se corresponden en absoluto con la realidad.

La falta de referentes reales ha establecido como pautas sexuales las versiones ficticias, edulcoradas y tóxicas que aloja internet. Esto, unido a una deficiente educación sexual, se ha convertido en un buen caldo de cultivo para desarrollar traumas, complejos y creencias distorsionadas acerca del hombre y el sexo.

Desde hace pocos años las consultas de los psiquiatras y psicólogos han comenzado a llenarse de pacientes con dificultades en el manejo de su sexualidad, nublados por la idea difuminada que han creado en su cabeza sobre la práctica del sexo.

Lara Ferreiro, psicóloga y sexóloga nos recibe en su consulta de Madrid para explicarnos cuáles son los mitos más comunes que afligen al hombre y como deshacerse de ellos.

“La confusión entre el hombre como animal y el hombre como humano es uno de los principales problemas. El hombre cazador/reproductor se ha estado tomando como referente de la virilidad: con cuantas más personas se ha acostado un hombre, más hombre se siente. Ello genera expectativas irreales e inalcanzables sobre un estado de excitación constante que no se corresponde con la realidad, si tiene que estar preparado para la acción en cualquier momento. Además, esta creencia puede generar ciertas inseguridades sobre su capacidad sexual. Muchos de mis pacientes se ven a sí mismos como perdedores, pocos hombres y muy culpables por no tener un deseo sexual permanente”- nos explica Lara- “este convencimiento genera en el hombre una presión que le ocasiona frustración sobre su rendimiento sexual”.

A menudo se confunde el deseo sexual con la respuesta de excitación. La excitación es la primera y más rápida fase de la respuesta sexual humana y fundamental para llegar al orgasmo. La libido involucra diferentes áreas cerebrales y es un proceso más lento y complejo que la excitación.

El deseo sexual tiene un doble componente: el componente físico y el psicológico. El primero requiere, entre otros, de alimentación, descanso y testosterona en sangre, la hormona encargada de regular el deseo sexual. Descartando posibles causas orgánicas o médicas, esta parte no suele estar generalmente en la base de los problemas sexuales.

El componente psicológico consiste en un estado anímico y mental que favorezca al hombre a tener relaciones sexuales. Para ello, el hombre tendrá que tener, entre otras variables, una serie de necesidades básicas cubiertas, entre las que destacan una economía resuelta, un trabajo estable, tranquilidad y equilibrio mental así como seguridad vital. Estos factores predisponen al hombre a tener una posición psicológica favorable para mantener relaciones.


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 “Otro de los mitos que debemos derribar es el de que los hombres no lloran o que pierden su atractivo al mostrarse sensibles. El imaginario colectivo ha encasillado de una forma muy reduccionista a los hombres sin permitirles mostrar sus verdaderos sentimientos. Las emociones son universales y no entienden de género. Ser sensible significa tener la suficiente empatía hacia la otra persona para poder transmitir lo que se siente con inteligencia emocional, que es la más importante para vivir en sociedad”

Uno de los perfiles más habituales en la consulta de Lara es el del hombre que oprime sus emociones en lugar de identificarlas. “Esta represión genera desequilibrios emocionales que favorecen al desarrollo de patologías que les llevan a confundir sus necesidades y sus deseos reales.

La seguridad en uno mismo es el pilar fundamental para la autoestima. La capacidad del hombre para expresar y canalizar sus sentimientos contribuye a incrementar la seguridad en uno mismo. Tener la capacidad de poder transmitir las emociones, incluso las más frágiles nos humaniza y abre canales insondables de comunicación con nuestra pareja”, aclara Lara.

Sin embargo, el mito más veterano relacionado con la sexualidad del hombre es el del estigma del sexo anal y su relación con la homosexualidad. La estimulación del punto G a una mujer es irrelevante para, e independiente de, su orientación sexual y por pura naturaleza humana, ocurre lo mismo en el hombre.

“El hombre se queda sólo en la estimulación genital básica, sin aventurarse a otras zonas de su cuerpo, lo que limita su capacidad de experimentación y satisfacción. La estimulación rectal, por ejemplo, puede ser tan placentera como el coito o la masturbación ya que es una de las zonas con mayor número de terminaciones nerviosas. En muchas ocasiones, es el propio hombre al que le da vergüenza pedirle a su novia que le estimule esta zona del cuerpo”.

El punto G masculino, también llamado punto P por referencia a la próstata, se encuentra a unos cinco o siete centímetros en el interior del ano. Esta es una de las zonas más erógenas del cuerpo y su estimulación, por sí sola, puede producir orgasmos más intensos, placenteros y de mayor duración.

Los factores que producen la consolidación de los mitos relacionados con la sexualidad humana son diversos, y en la gran mayoría de los casos vienen potenciados por causas sociales como la familia, los círculos de amistades, la religión o la propia política.

La carga genética con la que las personas se enfrentan desde su adolescencia a la práctica de sexo suele desencadenar los primeros complejos, miedos, traumas y tabúes.

Por esta razón, y puesto que el acceso al sexo cibernético es una realidad democratizada, se hace más necesario que nunca una buena educación sexual basada en valores que nos construyan como seres humanos y nos acerquen de una forma sana y respetuosa a nuestra pareja.

En un momento en el que la humanidad aboga por el empoderamiento de la mujer y por la igualdad de género es imprescindible arropar al hombre bajo los mismos principios de equidad y ecuanimidad.

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