El tercer trabajo del artista grancanario llega cargado de timples, chácaras y esa nostalgia que solo entiende quien ha tenido que hacer las maletas
Pedro Luis Domínguez Quevedo quería que este disco oliera a casa. Y vaya si lo ha conseguido. El pasado viernes, a las 00:00 en punto, las plataformas digitales recibieron El Baifo, un trabajo de 14 canciones donde el grancanario pone sobre la mesa lo que lleva tiempo rondándole la cabeza: que se puede ser un artista global sin dejar de hablar el idioma de tu tierra.
Un lanzamiento al estilo Quevedo: 10.000 personas en Las Canteras
La cosa empezó el lunes 20 de abril. Quevedo convocó a más de 10.000 personas en la Playa de Las Canteras para un espectáculo de drones que dibujó en el cielo símbolos canarios. Ahí soltó el nombre del álbum y poco más. Durante toda la semana mantuvo el suspense sobre la fecha exacta, hasta que el jueves avisó por stories de Instagram: esa misma madrugada salía todo. Una forma muy suya de hacer las cosas. Y muy efectiva también, porque a esas alturas la expectación ya estaba por las nubes.
‘El Baifo’ y la identidad canaria como columna vertebral
El reguetón sigue siendo el hilo musical principal, pero aquí Quevedo hace algo distinto. Mete el timple, las chácaras, el tambor herreño. El timplista Hirahi Afonso aporca texturas que conviven con una producción actual sin sonar forzadas.
«El Baifo es volver a casa para contar quién soy de verdad», explicó el artista en Canarias7. Esa frase resume bien el espíritu del disco. La primera canción, Está en casa, marca el tono desde el minuto uno: es la imagen que se le aparece cuando aterriza en Las Palmas después de meses fuera.
Las producciones dejan aire. Los graves no saturan. Las percusiones tienen cuerpo sin comerse el protagonismo. Se nota que hay decisiones pensadas, no acumulación por acumulación.
Las colaboraciones que dan vida a ‘El Baifo’
El álbum reúne nombres muy distintos y esa mezcla funciona. Hijo de Volcán cuenta con Los Gofiones, y ahí aparece esa memoria colectiva canaria que eriza la piel. El pulso caribeño llega de la mano de Tonny Tun Tun y Elvis Crespo en Gáldar y La Graciosa. Y hay sitio también para Nueva Línea, la revelación de los últimos carnavales, que se une en Al golpito.
Pero había una colaboración escrita desde el principio. «La única colaboración que tenía clara era la de Lucho RK, La Pantera y Juseph. Era necesario un tema los cuatro juntos», cuenta Quevedo. El resultado es Algo va a pasar, una reunión de los cuatro amigos que empezaron haciendo música por pura diversión.
De Elvis Crespo, Quevedo guarda un recuerdo especial. Grabaron el tema en La Graciosa. «Cuando veo a gente que lleva 30 años en la industria y sigue siendo cercana… eso es una lección», reconoce.
Ibiza, el germen creativo detrás del álbum
Antes del disco estuvo el retiro. Quevedo se fue a Ibiza con sus amigos. De aquellas noches salió Ni Borracho, compuesta la última madrugada del encuentro. Esa canción fue la chispa. Ahí coincidieron también Juseph, Lucho RK y La Pantera, y de esa energía acabó cuajando Algo va a pasar.
«Había terminado, había sacado Buenas Noches, ya llevaba varios meses fuera, y dentro de nada me iba para Latinoamérica con el tour. Sentí la necesidad de crear música», recuerda. La última canción en completarse fue Flakito.
El recuerdo del 24 de mayo y lo que viene
Aquella noche en el Estadio Gran Canaria, con 41.000 personas cantando cada tema, marca un antes y un después. La aparición sorpresa de Los Gofiones sembró la semilla de lo que después sería Hijo de Volcán. El propio Quevedo admite que iba con el piloto automático: «Por desgracia, recuerdo muy pocas cosas del escenario. Probablemente, la presión me jugó un mal momento».
Ahora quiere volver al estadio, pero con otra cabeza. «Quiero volver al estadio para disfrutarlo entero esta vez».
Con Scandic y Ni Borracho ya rompiendo listas desde hace semanas, y más de 28 millones de oyentes mensuales en Spotify, el grancanario llega a este tercer disco con todo a favor. Y lo aprovecha para hacer lo que menos se esperaba: mirar hacia dentro.

