Texto: Marita Alonso

Os vamos a contar un secreto, pero antes de hacerlo, queremos crear algo de ambiente. Asegurémonos de que nadie más nos está leyendo. Despejemos nuestra mente para centrarnos en la información que está por venir y preparémonos para, tal vez, darnos cuenta de que hay un vacío quizás no existencial -tampoco exageremos-, pero sí estilístico, que hay que rellenar en nuestro armario. Os vamos a decir cuál es la prenda imprescindible para tener un vestidor completo. Es una prenda atemporal que sienta bien a millennials y a hombres que aún no entienden qué demonios es eso de la Generación Z. Coge aire. Os vamos a susurrar (por escrito) el secreto, aunque tenemos que advertirte de que en realidad, es un secreto a voces. Hay una prenda que te convierte, con un simple chasquido, en todo un dandy. Te la pones y te vuelves, de repente, más interesante, más sofisticado, más maduro. Hablamos -¿estáis preparados?- del trench, que te impregna con su aroma de caballero sin ocultar tu verdadero allure.

Esta prenda mágica no disfraza, maquilla ni oculta, sino que permite al que la viste que su personalidad y singularidad emerjan por encima de las puntadas que dan forma a su icónico y milimétricamente estudiado cuello. Harry Styles sigue siendo un sensual canalla british cuando luce su trench bordado de la colección primavera/verano 2017 de Alexander McQueen y David Grant continúa siendo un irresistible lord inglés con su gabardina de Ozwald Boateng. Da igual si optas por un modelo clásico o por un diseño más barroco: la gabardina aporta un halo seductor y varonil que se entremezcla del mismo modo que un buen perfume se fusiona con el aroma de tu cuerpo. La gabardina impregna el ambiente de sofisticación y funciona con vaqueros y con traje, con loafers y con deportivas, con maletín y con riñonera. El trench, en definitiva, siempre funciona.

El abrigo de entretiempo por antonomasia -¿acaso existe, realmente, el contratiempo, o es un invento de las revistas de moda?- exhibe hoy su legado militar al imponerse con valentía y actitud guerrera entre las propuestas invernales de Christian Dior y Louis Vuitton, demostrando que fue creado para proteger a los soldados británicos durante la Primera Guerra Mundial. Pero algo especial tenía que tener este abrigo combativo para que los soldados, al regresar de la guerra, lo acortaran para poder seguir utilizándolo fuera de las trincheras (trenchs) de las que tomó su nombre.

Como señalamos al comienzo, la gabardina no esconde el espíritu del que la lleva, sino que lo atrapa, encapsula, realza y ensalza. Eso fue lo que le pasó al trench de Burberry que Humphrey Bogart lucía al final de ‘Casablanca’, que condensó la fuerza y la personalidad de su personaje para convertirse en un símbolo de virilidad y elegancia atemporal.

El trench es un lienzo en el que se plasman las tendencias y los materiales del momento. ¿Recordáis la gabardina de pana con la que Roger Moore interpretó al icónico James Bond? Hoy, la licencia para matar de 007 se convierte en licencia para dictar tendencia, pues la pana es el material del invierno por excelencia.

El cine ha hecho de la gabardina un icono pop y las revistas de moda lo han convertido en un icono de moda que sienta a la perfección a monarcas ingleses (lo ha llevado, por ejemplo, el Príncipe Carlos, que incluso llegó a lucirlo en una suerte de twin-style con Diana de Gales ante las cámaras), a malotes irresistibles (hablamos de Brad Pitt en ‘Ocean´s Twelve’) e inspectores ciertamente negados (nos referimos a Peter Sellers en ‘El regreso de la Pantera Rosa’). Cuesta creer que una prenda que funciona como un chupito de elegancia fuera considerada en los años 40 una prenda deportiva que se anunciaba como la elección perfecta para pasear al perro, aunque hasta hace bien poco el chándal también lo era y ahora lo lucimos incluso en actos sociales. Menos mal que en los años 80 el artista David Hockney combinó su trench con una pajarita de lunares marcando el momento preciso en el que los hombres tuvieron un claro referente de estilismo en el que la gabardina era protagonista. Es imposible que un fotógrafo de street style no caiga rendido ante un trench de patronaje impecable que convierte al que lo lleva en todo un referente de estilo de forma inmediata y que es capaz de hacer que un look parezca salido de un orquestado editorial de moda. Algún día le preguntaremos al fotógrafo Scott Schuman cuántas gabardinas ha inmortalizado y publicado en The Sartorialist.

Desde entonces, las gabardinas se han convertido en el abrigo más sexy del armario masculino hasta el punto de tener que perdonarles tapar a los trajes, que por ende, se trasladan ahora a la segunda posición del erotismo fashion. Quizás una de las razones por las que consideramos a la gabardina tan irresistible es ese afán de masoquismo emocional que algunos adolecemos y que nos empuja a fijarnos siempre en el chico malo. El rebelde Tom Hardy luce su trench de Burberry sobre la alfombra roja y no eres capaz de necesitar ver qué traje lleva debajo -si es que lo lleva, claro… perdonad: ha sido un desliz ocasionado por el recuerdo del actor- y sientes un irremediable y repentino escalofrío al recordar a Sean Connery lucir el suyo en ‘Brumas de inquietud’. Poco nos importa ya que ese pliegue de la espalda -que proviene de los modelos originarios- estuviera pensado para que los oficiales se movieran con mayor facilidad al correr o al montar a caballo y que en la actualidad, un abogado o un contable lo mantengan por más que no se vayan a levantar de sus sillas en ocho horas.

El trench nos encandila porque tiene historia, porque sabe a cine, porque huele a literatura y porque respira moda. El trench nos fascina porque no se encasilla y baila con aristócratas, deambula con punks y charla con clásicos. El trench nos enamora porque funciona con su silueta de hombros majestuosos y silueta cuadrada, como el que Alain Deloin lucía en ‘El silencio de un hombre’, y con la silueta skinny por la que se decanta el sensual Harry Styles. Sí, es la segunda vez que Harry aparece en el texto, pero qué demonios: luce la gabardina como nadie.

Del trench nos gusta hasta el cinturón, bien se anude sin ayuda de hebilla alguna o se abroche como un cinturón al uso, esos que en la pasarela del invierno 2018 se han convertido en los protagonistas de los abrigos de firmas como Prada y que toman como referentes a los cinturones de las gabardinas.

La pasarela reinventa una y otra vez la fórmula haciendo del trench un lienzo sobre el que dibujar tendencias, ideas, locuras y genialidades. Alexander McQueen lo estampa en sus propuestas, Berluti hace del cuero en tonalidades caramelo el aliado de los suyos y Wooyoungsmi los capea como si fueran piezas de origami que desfilan haciendo del arte un show infinito.

En definitiva, digámoslo ya sin rodeos, aunque llegados a este punto del texto, me temo que decirlo abiertamente es el equivalente a indicarlo en un cartel de neón, un armario masculino sin un trench -y he aquí toda una advertencia- no es un armario. El trench es el equivalente al jean, una prenda atemporal y camaleónica que construye fondo de armario y que funciona en la oficina, en el afterwork y en el fin de semana. ¡Arriba las prendas todoterreno, todo-elegancia y todo-lo-demás! Trench, we can!

 

Trench kiss: el encanto del hombre en gabardina
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