Una antigua ferretería convertida en mesa, sobremesa y cocina con memoria
Aunque es ahora cuando se ha convertido en uno de los restaurantes de moda más solicitados de Madrid, Ferretería Restaurante empezó a coger forma en 2015, cuando su fundadora -a la que todo el equipo sigue llamando la Big Boss- tuvo clara una idea muy concreta: abrir un restaurante donde la gente comiera bien, se sintiera cómoda y alargara la sobremesa sin mirar el reloj. ¡Nada de prisas! y ya que estamos, tampoco poses, que hemos venido a disfrutar de un rato agradable. Hoy solo nos podemos permitir una buena mesa con vida.
Y es que aquí, la historia del local acompaña. El espacio recupera para la hostelería la que fue la ferretería más antigua de Madrid, un detalle que todavía se percibe en el Leña-Bar, con ese aire de otra época que no resulta forzado. Bajo tierra, los comedores se reparten en antiguas carboneras del siglo XVI, hoy convertidas en salas con bóvedas de ladrillo que aportan carácter sin distraer de lo importante: la comida y la conversación.

La propuesta de cocina mira a la tradición, pero con una lectura actual. Platos reconocibles, producto cuidado y combinaciones pensadas para disfrutar sin complicaciones. Con esa premisa nos sentamos a cenar cuatro personas, con ganas de probar bastante y compartir todo.
Lo que pedimos para empezar (y compartir)
Hay que tener en cuenta que vine con tres amigos, es decir, cuatro en total y que todo lo pedimos para compartir. Arrancamos por el apartado de Tapas y para compartir, que ya marca el tono de la casa. La Croqueta de cecina de León con nieve de parmesano llega cremosa se acerca bastante a lo que podría ser una croqueta casera, aunque no lo es… ¿Qué restaurante de Madrid tiene hoy en día a alguien liando croquetas caseras en su cocina? Creo que nadie, así que este intento no está mal. Es una croqueta que se hace respetar.

El Buñuelo de morcilla con mermelada de pera juega con contrastes conocidos. Y aquí ya sí, empieza a notarse la personalidad del local. La morcilla tiene presencia, la pera le da un toque de dulzor muy interesante y el conjunto resulta fácil de comer, sin saturar.
Cerramos esta parte con León en un bocado: Chorizo, morcilla, cecina y queso. Un plato directo, pensado para disfrutar sin analizarlo demasiado. Producto bien tratado y sabores que no necesitan explicación.
Pocos platos, bien elegidos, y una sensación clara: aquí se viene a compartir.
Un paso por el huerto
Del apartado Huerto nos decidimos por los Puerros a la brasa con salsa carbonara. Es uno de esos platos que sorprenden por lo sencillo que resulta todo cuando está bien hecho. El puerro mantiene textura, la brasa aporta fondo y la salsa envuelve sin tapar. Se agradece que no busque un protagonismo excesivo.

Pescados y platos que se disfrutan con calma
Seguimos con los Chipirones con porras, un plato con el que no pudimos evitar mojar el pan hasta terminarlo. El conjunto nos gustó a los cuatro comensales que llenábamos la mesa, un plato muy sabroso y bien ligado, seguramente lo repitamos cuando volvamos (porque volveremos…).
Después nos trajeron a la mesa uno de los platos centrales de la cena: Rigatoni con bogavante, salsa boletus y trufa. Aquí el ritmo baja. Es un plato para comer despacio, con una salsa que acompaña y un bogavante presente, sin imponerse.
Carnes para compartir sin prisas
En el apartado de Carnes apostamos por dos platos pensados claramente para compartir. Nos soprendió que aquí también hubiera cochinillo, así que no dudé en pedir su Cochinillo confitado con puré de castañas y piña a la brasa resulta meloso y equilibrado. La combinación funciona y el plato se deja comer con facilidad.

El Solomillo de ternera marinado con salsa de cebolla caramelizada y setas cierra la parte salada con una propuesta reconocible, bien ejecutada y sin excesos. Carne tierna, salsa amable y un conjunto que cumple lo que promete.
El final dulce
Para terminar, elegimos Armonía de Pistacho y Cacao: Bizcocho de pistacho, gofre de chocolate, mousse de pistacho, crema de chocolate blanco caramelizado, helado de chocolate. Es un postre para compartir, pensado para probar un poco de todo sin que resulte pesado. Dulce, equilibrado y bien presentado.

