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El restaurante Cielo de Urrechu: una escapada con vistas, buen producto y cocina con fundamento

Restaurante del restaurante El Cielo de Urrechu en Pozuelo de Alarcón Restaurante del restaurante El Cielo de Urrechu en Pozuelo de Alarcón

Ubicado en lo más alto del Zielo Shopping de Pozuelo, el restaurante El Cielo de Urrechu ofrece cocina de autor sin pretensiones, una bodega de muy bien seleccionado y un comedor con vistas que bien merece el desvío.

Por si no hubiera suficientes excusas para escaparse un día hasta Pozuelo, aquí va una más que suma puntos: el restaurante El Cielo de Urrechu, un clásico «de ahora» que lleva más de una década demostrando que se puede comer muy bien fuera del centro sin renunciar a nada. Ni a la cocina seria, ni al producto bien tratado, ni a ese ambiente en el que se respira calma sin que nada se vuelva estirado.

En la planta superior del centro comercial Zielo Shopping, este espacio dirigido por Íñigo Urrechu ha encontrado la fórmula perfecta para convertir un lugar inesperado en una de esas direcciones que apuntas en la agenda para volver. Un sitio donde te reciben siempre bien, te ofrecen una barra con picoteo disfrutón, una sala con mantel y vistas al skyline de Madrid, y una carta de vinos que roza el capricho.

Una bienvenida que arranca con burbujas y tapas en la barra

Nada más entrar, la primera parada es su barra circular, que bien podría considerarse un bar dentro del restaurante. Aquí se viene a lo que se viene: a dejarse llevar por una copa de champagne —porque sí, tienen más de 250 referencias— y acompañarla con platos pensados para compartir y disfrutar.

Ostra del restaurante El Cielo de Urrechu en Pozuelo de Alarcón

La propuesta de Urrechu para esta zona es más desenfadada, pero no por ello menos interesante. De hecho, algunos de los platos más sorprendentes están aquí, en ese menú de picoteo donde la creatividad se nota y la técnica no falla.

Nos lanzamos de cabeza al Tiradito de ventresca con yuzu ponzu y oliva esférica, y seguimos con un Tataki de atún que llega con leche de tigre nikkei y lima rallada, fresquísimo y con un punto cítrico que lo borda. Hay también una Oreja crocanti con chipirón y tomate dulce que no te esperas pero que engancha, unas Churripapas —su versión canalla de las bravas— que hacen honor al nombre, y unos Dados de solomillo sobre crema de patata que confirman que aquí no se viene a picar por picar, sino a gozar.

Todo esto lo puedes maridar con alguno de los vinos por copas que te recomiendan desde la barra, o directamente con un champagne si te apetece darte un homenaje. Una experiencia sin corsés, como ellos mismos dicen. Y con razón.

Una sala luminosa con vistas y cocina con empaque

Cuando decides pasar de la barra al salón, lo haces atravesando una bodega acristalada que es puro espectáculo. Más de 600 vinos y etiquetas que te van guiando el camino hasta una sala moderna, sin excesos, donde los ventanales regalan una de las vistas más bonitas de la ciudad: la Casa de Campo en primer plano y el perfil de Madrid al fondo.

Bodega del del restaurante El Cielo de Urrechu en Pozuelo de Alarcón

Aquí la cosa se pone más seria, pero sin perder el punto amable. El ambiente en El Cielo de Urrechu es tranquilo, el servicio sabe lo que hace, y la carta cambia de registro: manteniendo algunos platos de barra, pero sumando otros con más elaboración y empaque.

Entre los entrantes que no pasan desapercibidos están las Alcachofas salteadas con boloñesa de rabo de toro y tagliatelle de txipirón, un plato de esos que te reconcilian con la cocina caliente. También los Briochitos de centolla y rabo de toro, que juegan con lo dulce, lo salado y un puntito picante que se agradece. O la Ensalada de bogavante con cebolla trufada y vinagreta de su coral, que se presenta con una estética impecable y un sabor aún mejor.

Plato de carne del restaurante El Cielo de Urrechu en Pozuelo de Alarcón

En cuanto a los principales, las carnes llegan con cuerpo y cariño, como el Rabo de toro guisado al vino tinto con setas y espárragos verdes, o esa Costilla de pecho de vaca confitada durante 10 horas que se deshace al tocarla. Para los que prefieren el mar, brillan el Txangurro a la donostiarra servido en su cáscara, que no falla nunca, y el Arroz meloso de carabineros a la plancha, que es un chute de sabor en toda regla.

Postres que se comen con ganas y sin remordimientos

Aquí los postres no son una nota a pie de página, sino parte de la experiencia. Hay pocas opciones, pero todas bien pensadas y mejor ejecutadas. La Tarta fina de manzana con helado de vainilla cumple con creces lo que se espera de un clásico. La Tarta fluida de Santiago con crema helada de Baileys es una sorpresa golosa y elegante, y el Marmolizado de dos chocolates con helado de chocolate blanco es directamente un cierre redondo.

Son dulces que no empalagan, que no se disfrazan y que están bien resueltos. Lo justo para terminar sin perder el ritmo.

Una bodega para perderse (y encontrarse)

Uno de los grandes aciertos de El Cielo de Urrechu es que su carta líquida no es solo decorativa. La bodega acristalada no está ahí para impresionar, sino para acompañar cada comida con una propuesta a la altura. Y en eso, El Cielo de Urrechu no se anda con rodeos.

Más de 600 vinos y una selección de champagnes que roza la locura (en el buen sentido). Y lo mejor: un equipo que sabe recomendar, que no te intenta colar la botella más cara, y que entiende perfectamente si te apetece una copa suelta o una etiqueta concreta para ese plato que estás esperando con ganas.

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