La grande bellezza: una entrevista a Fernando Guallar

Fernando Guallar actor
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«Estamos constantemente buscando la idea de ser perfectos. Internet es una herramienta profesional, te hace estar conectado con el mundo pero potencia las inseguridades»

Solo es grande en la vida el que sabe ser pequeño. No sabemos quién firma esta frase, pero sí a quién dedicársela: a Fernando Guallar (Córdoba, 1989). Nuestro modelo por un día nos espera con un jet lag padrísimo (recién botado de México), total look black y unos ojos azules que en esta soleada mañana de primavera hacen soñar con que Madrid sí tiene mar. Si su percha impresiona (convirtió La Latina en Roma durante esta sesión de fotos solo con su aura de dandi), su belleza interior no hace otra cosa que alimentar la leyenda. Fernando es una de las grandes promesas de la pantalla, ya sea de tele, de cine o de smartphone. Generoso en palabras, en tiempo y hasta a la hora de pagar la cuenta, el talento nos habla sobre cómo se ha metido al elenco de Velvet Colección en el bolsillo, su verano de voluntario en Benín o lo mucho que le gusta el cine francés y Marion Cotillard. “En los castings me dicen que soy muy europeo”, y sonríe. Pero no, no vamos a renunciar a este pedazo de embajador español.

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Rísbel Magazine: Fernando, Fer, mil gracias por hacernos un hueco recién aterrizado de los Premios Platino.
Fernando Guallar: Sí, ha sido un palizón. Estuve el otro día contando el tiempo de viaje y desde que salí de casa hasta que llegué pasaron 27 horas para estar dos días y medio. Pero yo encantado. Aunque ni Asier Etxeandía ni Marta Hazas ni yo nos llevamos ningún premio por la serie fue una experiencia muy bonita.

R.M: ¿México es ya tu nueva casa?
F.G: Me ha encantado. Tengo previsto volver a D.F y a Tulum. Como país la industria española y la latina están mucho más cerca de lo que parece. La gente te conoce por la calle y te para. Incluso más que en España. En el aeropuerto la gente me gritaba: “¡Fernando Guallar!” Y ya estaban todos pidiéndome fotos.

R.M: ¿Hubo tiempo para el trabajo?
F.G: No, me faltaban horas, pero sí que durante la gala respondí a alguna entrevista para Tele Quito, o le mandé un saludo a nuestros amigos de “Vete-tú-a-saber”. Igual era el Sávame de allí (risas). No conocía a la prensa pero me sentí muy querido. Aquí en España el público veía Velvet en Antena 3. Cuando llegué yo a la serie, cambiaron Velvet a Netflix, de pago, y no todos han seguido viéndola. En México la gente la veía por Netflix y Velvet Colección igual, entonces no les supuso ningún cambio, por eso me siguen.

R.M: El momento «fan» ¿Cómo lo gestionas?
F.G: Muy bien. Si viene una persona que habla desde el corazón es muy bonito. Otros quieren solo la foto y no saben ni tu nombre. Te la haces y ya está. También hay otros momentos más íntimos en los que tienes que explicar que no puede ser, o que no estás presentable. Yo nunca he sido un fan loco de alguien, pero si he sentido nervios al ver a ciertos famosos.

R.M: ¿A quién?
F.G: Coincidí con Maisie Williams, Arya Starck en Juego de Tronos, cuando bajaba de una entrevista y dije: “¡Ostras, se ha me ha parado el corazón!” Hablamos un par de cosas. Pero para mí, acercarme o no a otra persona depende mucho del momento. Si me cogen en una discoteca sudando o tomándome una copa pues les digo: “Mira, no nos vamos a hacer una foto pero cuéntame qué tal”. Y si me dicen ahí te quedas, entonces no eres tan fan. Ya me gustaría a mí que Marion Cotillard me dijera: “¿Nos tomamos un café?”

R.M: Gajes del oficio…
F.G: Este es un mundo al que llegas con una ilusión brutal, como cuando sales de la escuela y te imaginas que todo es de oro. Luego te das cuenta de que no es oro y es bronce, pero intentas ver qué puedes hacer con él. Cuando haces un casting tras otro o te quedas siempre a las puertas de un proyecto te vas curtiendo y te cuestionas muchas cosas…

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R.M: En tu caso porque te esperaba Velvet Coleccion…
F.G: Sí, luego lo piensas pero claro, en el momento es duro. Mi carrera no empieza ahora, ni hace cinco o seis años. Empieza mucho antes.

R.M: ¡Y Con el título de arquitecto por el medio…!
F.G: Mis padres nunca me prohibieron estudiar interpretación, pero después de estudiar una carrera o en paralelo. Ahora lo entiendo. Yo ya había empezado a hacer mis pinitos en la escuela muy pequeño. Recuerdo mi primera función con ocho años. Interpretamos “La flauta mágica” de Mozart y yo hacía de Papageno. Se activó algo en mi interior. Luego crecí, seguí yendo a clases y una profesora vio en mí talento. Me animó.

R.M: De pequeños vivimos lo que después desarrollamos con los años.
F.G: Así lo creo. Cuando tuve que elegir una carrera me decanté por arquitectura porque me gustaba mucho el arte. Me permitió vivir en Valencia y fuera de España y no me arrepiento. En la universidad he aprendido muchas cosas. El esfuerzo, estar 46 horas sin dormir por una entrega, responsabilidad… Y mientras estudiaba empecé a poner copas, a conocer gente, me propusieron hacer algún anuncio, me metí en publicidad… Se volvió a activar algo en mi estómago (se toca la barriga). Uy, uy, uy… Y decidí darle dedicación total. Me vine a Madrid, me metí en una escuela y mi primera serie fue “Amar es para siempre”.

R.M: ¿Recuerdas a quién le diste la exclusiva de que te cambiabas a Velvet Colección?
F.G: Velvet fue un proceso muy duro. Me llamó mi repre por Facetime, algo muy raro, y ya me dio la noticia. De ahí avisé a mis padres. La verdad es que no me di cuenta de lo que suponía hasta que lo fui contando. Ocurre una cosa muy bonita cuando sientes la alegría de los que te quieren de verdad. De otros no percibes lo mismo.

R.M: ¿Quién fue tu mayor apoyo en los primeros rodajes?
F.G: Me apoyé mucho en Ignacio Montes, que hace el personaje de Manolito. Yo llegué a Velvet en el medio de un elenco más que consolidado, que llevaba mucho ahí y que era su casa. Llegué y llamé a la puerta: “¿Se puede?” Todos me acogieron con admirable profesionalidad, pero inevitablemente, me sentí un poco inseguro.

R.M: ¿Eres inseguro?
F.G: ¿Qué actor no lo es? En el ámbito personal no tanto pero en el profesional siempre saltan las dudas. Además yo entré a interpretar un personaje que se mueve en un entorno muy adulto. Ahora tengo 29 años pero necesitaba aparentar una madurez, una planta, una estabilidad nueva y también cierta vulnerabilidad.

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R.M: A Sergio Godó lo han dejado plantado en el altar…
F.G: Claro. Él ha tenido que luchar contra dos focos. El de la persona que quieres y que huye el día de nuestra boda y luego los ojos de los 500 invitados que han ido a la ceremonia. “Me tengo que ir, perdona”. A partir de ahí Sergio evoluciona. Él es un tío impecable, muy bueno en lo suyo, muy legal. Ha estado muchos años muy triste. No es mujeriego, es un antihéroe. Ante la gente que se quiere pasar no entra en el juego pero sí planta cara. Eso me gusta. Tiene fuerza el tío. Sabe moverse. Es un personaje precioso.

R.M: Sergio es muy pasional. ¿Te sientes identificado?
F.G: A mí cada vez me mueve más el corazón. Soy más sensible, y me encanta. Yo no lo veo como algo malo. Además estuve unos años muy desconectado de mí. Los tiempos en la televisión son diferentes y no es como cuando estábamos en la escuela de actores sintiéndolo todo a flor de piel. Ahora me he vuelto a escuchar a través de la meditación, de mis momentos, disfruto de la soledad…

R.M: Me encanta que lo digas. Hoy parece que tener sentimientos es una debilidad.
F.G: El problema, creo, es esto (coge el móvil). Estamos constantemente buscando la idea de ser perfectos. Internet es una herramienta profesional, te hace estar conectado con el mundo pero potencia las inseguridades, el aparentar y el alejarse de uno mismo. De la realidad. Demostrar lo guapo que soy, lo atractivo, lo feliz que estoy. Ojo. Todo el mundo, no solo los personajes públicos, lo potenciamos.

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R.M: Me resultó muy ameno stalkear tus perfiles en las redes sociales para prepararme la entrevista porque tienes un discurso. Solo hay que verte con el traje de Ernesto Artillo.
F.G: El de “La mujer que llevo fuera”. A mí no me importa decir que soy feminista. Yo soy un firme defensor de la igualdad en todo. Y soy el primero que ha practicado el machismo porque lo hemos mamado, pero si puedo trabajar para cambiarlo lo haré. Con cosas pequeñas, como una foto que igual alguien la ve y pasa pero otro se para y lee. Los actores tenemos una parte de oficio y otra de profesión. El oficio se produce en el set. Adriana Ozores y yo grabamos una escena. La profesión es todo lo que se crea fuera, toda la energía que se genera, la polémica, lo que se puede hacer por el mundo.

R.M: Es ser un actor social y actor social, como Leticia Dolera.
F.G: O como Clara Lago. He tenido la oportunidad de trabajar con ella en “Gente que viene y bah” y he comprendido por qué ciertas personas tienen éxito. Clara lo da todo como compañera y lo da todo fuera. Ha montado con su chico, con Dani (Rovira), la Fundación Ochotumbao y hacen mil proyectos de ayuda humanitaria.

R.M: ¿Tú también has sido cooperante?
F.G: Con 22 años me fui a Benín con Mensajeros de la Paz para pasar el verano con niños en proceso de reintegración social. Fue una experiencia increíble. Estoy deseando que me den una semana de vacaciones para volver. Espero que no pase de este año.

R.M: De ahí tu conexión con Clara. Además curiosamente interpretas a un arquitecto.
F.G: Sí pero mi personaje no tiene nada que ver conmigo. Tiene un andar más chulesco, viste desarreglado, se ríe todo el rato… Cuando me vi no me reconocía. Pero me ha gustado mucho compararme con Álex García, el nuevo novio de Clara, que es monísimo, y verme de desastre después de estar acostumbrado al galán de Sergio Godó.

R.M: ¿Es tu primera película?
F.G: En el estudio de Juan Codina, grabamos un documental de tres meses todos los alumnos. Un metadocumental exactamente. Lo estrenaremos a principios de verano y cuenta nuestra preparación para la obra de “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega. El título del documental son sus primeros versos: “Amor, no te llame amor”. Fui al primer pase el año pasado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. De toda la película me pude pasar el 70% llorando. Ver la inocencia y la libertad que teníamos me emocionó mucho. Los profesores ya me miraban como: “¿Quieres parar?”.

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R.M: Laura Norton, autora del libro que inspira la película, también ha escrito “No culpes al karma de lo que te pase por gilipollas”. ¿Qué opinas de esa frase?
F.G: Creo en cierta medida en el karma pero no estoy pendiente en todo momento. Tengo la esperanza de que si haces cosas buenas recibes cosas buenas, pero no te puede mover solo el recibir. Al final es una estrategia humana para darse ánimo en los momentos bajos.

R.M: ¿Alguna vez has hecho algo para que el universo te lo devuelva?
F.G: No para nada, pero aunque esté mal decirlo en mi familia siempre hemos sido muy solidarios. De voluntario aprendí muchas cosas porque no es un ambiente fácil. Estás guarro todo el día, la comida no te sienta bien, y por supuesto lo que ves también te afecta, pero recibes mucho más. Yo tuve colgados a cinco niños en cada brazo desde el minuto uno, y eso te aumenta la capacidad de querer, como hablábamos antes. Debería ser obligatorio el trabajo humanitario. Igual no ir a África pero 30 créditos de ayuda social en la universidad sí porque te va a hacer ver las cosas desde otra perspectiva siempre. Aunque me gustaría, tengo miedo de volver.

R.M: ¿Por qué?
F.G: Mis niños ahora tendrán 12 años y allí ya son hombres. Me va a impactar. Creo que lo más importante en estas zonas es invertir en educación para que no se vayan los jóvenes y tengan una gran motivación para ser el motor de cambio de sus países. Países que tienen gobiernos corruptos que nosotros alimentamos porque nos conviene. Yo lo que hago desde aquí todos los años es apoyar un festival para recaudar fondos que se llama Magia por Benín.

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R.M: Además de tu faceta social, ¿hacia dónde quieres orientar tu futuro?
F.G: Me quiero acerca al cine, poco a poco. Me gustaría hacer de un malo malísimo o de alguien realmente oscuro. Un thriller, una peli inspirada en los libros de Agatha Christie… No me importaría el papel. Puedo hacer desde un sospechoso hasta un detective.

R.M: Te sientes cómodo en la época.
F.G: Sí, aunque no tengo problemas tampoco con esta. Creo que las personas tenían más bagaje, debían pasar más dificultades y eran más ricos en valores antes.

R.M: ¿Te gustaría dirigir?
F.G: Igual más adelante. Tengo un guión escrito de una historia de amor que me contaron. Sentí la necesidad de volcarla en un papel sin mayor pretensión. Escribo mucho, me dejo notas… Luego me leo y pienso…

R.M: Mientras otros tenemos miedo a la hoja en blanco…
Pues para nada. Suelta todo lo que tengas dentro. Te ayuda a ordenarte, a purificar. Simplemente para ti.

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Entrevista publicada en el número impreso de Rísbel 10


Producción y coordinación: Mateo Carrasco López-Jurado
Texto: Maria Segade
Fotógrafo: Valero Rioja (Mr. Pérez Management)
Estilismo: Estilismo: Fran Jiménez
Peluquería: Belén Ros para I.C.O.N. Spain (Mr. A.The Shave)
Maquillaje: Naomi Gayoso
Asistente de fotografía: Pedro Melo y Andrés de Barbosa


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