Entrevista publicada en el número impreso de Rísbel 10

Producción y coordinación: Mateo Carrasco López-Jurado
Texto: Maria Segade
Fotógrafo: Valero Rioja (Mr. Pérez Management)
Estilismo: Estilismo: Fran Jiménez

Peluquería: Belén Ros para I.C.O.N. Spain (Mr. A & The Shave)
Maquillaje: Naomi Gayoso

Asistente de fotografía: Pedro Melo y Andrés de Barbosa.

 

Solo es grande en la vida el que sabe ser pequeño. No sabemos quién firma esta frase, pero sí a quién dedicársela: a Fernando Guallar (Córdoba, 1989). Nuestro modelo por un día nos espera con un jet lag padrísimo (recién botado de México), total look black y unos ojos azules que en esta soleada mañana de primavera hacen soñar con que Madrid sí tiene mar. Si su percha impresiona (convirtió La Latina en Roma durante esta sesión de fotos solo con su aura de dandi), su belleza interior no hace otra cosa que alimentar la leyenda. Fernando es una de las grandes promesas de la pantalla, ya sea de tele, de cine o de smartphone. Generoso en palabras, en tiempo y hasta a la hora de pagar la cuenta, el talento nos habla sobre cómo se ha metido al elenco de Velvet Colección en el bolsillo, su verano de voluntario en Benín o lo mucho que le gusta el cine francés y Marion Cotillard. “En los castings me dicen que soy muy europeo”, y sonríe. Pero no, no vamos a renunciar a este pedazo de embajador español.

Rísbel Magazine: Fernando, Fer, mil gracias por hacernos un hueco recién aterrizado de los Premios Platino.
Fernando Guallar: Sí, ha sido un palizón. Estuve el otro día contando el tiempo de viaje y desde que salí de casa hasta que llegué pasaron 27 horas para estar dos días y medio. Pero yo encantado. Aunque ni Asier Etxeandía ni Marta Hazas ni yo nos llevamos ningún premio por la serie fue una experiencia muy bonita.

R.M: ¿México es ya tu nueva casa?
F.G: Me ha encantado. Tengo previsto volver a D.F y a Tulum. Como país la industria española y la latina están mucho más cerca de lo que parece. La gente te conoce por la calle y te para. Incluso más que en España. En el aeropuerto la gente me gritaba: “¡Fernando Guallar!” Y ya estaban todos pidiéndome fotos.

R.M:¿Hubo tiempo para el trabajo?
F.G: No, me faltaban horas, pero sí que durante la gala respondí a alguna entrevista para Tele Quito, o le mandé un saludo a nuestros amigos de “Vete-tú-a-saber”. Igual era el Sávame de allí (risas). No conocía a la prensa pero me sentí muy querido. Aquí en España el público veía Velvet en Antena 3. Cuando llegué yo a la serie, cambiaron Velvet a Netflix, de pago, y no todos han seguido viéndola. En México la gente la veía por Netflix y Velvet Colección igual, entonces no les supuso ningún cambio, por eso me siguen.

R.M:¿El momento fan cómo lo gestionas?
F.G: Muy bien. Si viene una persona que habla desde el corazón es muy bonito. Otros quieren solo la foto y no saben ni tu nombre. Te la haces y ya está. También hay otros momentos más íntimos en los que tienes que explicar que no puede ser, o que no estás presentable. Yo nunca he sido un fan loco de alguien, pero si he sentido nervios al ver a ciertos famosos.

R.M: ¿A quién?
F.G: Coincidí con Maisie Williams, Arya Starck en Juego de Tronos, cuando bajaba de una entrevista y dije: “¡Ostras, se ha me ha parado el corazón!” Hablamos un par de cosas. Pero para mí, acercarme o no a otra persona depende mucho del momento. Si me cogen en una discoteca sudando o tomándome una copa pues les digo: “Mira, no nos vamos a hacer una foto pero cuéntame qué tal”. Y si me dicen ahí te quedas, entonces no eres tan fan. Ya me gustaría a mí que Marion Cotillard me dijera: “¿Nos tomamos un café?”

R.M: Gajes del oficio…
F.G: Este es un mundo al que llegas con una ilusión brutal, como cuando sales de la escuela y te imaginas que todo es de oro. Luego te das cuenta de que no es oro y es bronce, pero intentas ver qué puedes hacer con él. Cuando haces un casting tras otro o te quedas siempre a las puertas de un proyecto te vas curtiendo y te cuestionas muchas cosas…

R.M: En tu caso porque te esperaba Velvet Coleccion…
F.G: Sí, luego lo piensas pero claro, en el momento es duro. Mi carrera no empieza ahora, ni hace cinco o seis años. Empieza mucho antes.

R.M: ¡Y Con el título de arquitecto por el medio…!
F.G: Mis padres nunca me prohibieron estudiar interpretación, pero después de estudiar una carrera o en paralelo. Ahora lo entiendo. Yo ya había empezado a hacer mis pinitos en la escuela muy pequeño. Recuerdo mi primera función con ocho años. Interpretamos “La flauta mágica” de Mozart y yo hacía de Papageno. Se activó algo en mi interior. Luego crecí, seguí yendo a clases y una profesora vio en mí talento. Me animó.

R.M: De pequeños vivimos lo que después desarrollamos con los años.
F.G: Así lo creo. Cuando tuve que elegir una carrera me decanté por arquitectura porque me gustaba mucho el arte. Me permitió vivir en Valencia y fuera de España y no me arrepiento. En la universidad he aprendido muchas cosas. El esfuerzo, estar 46 horas sin dormir por una entrega, responsabilidad… Y mientras estudiaba empecé a poner copas, a conocer gente, me propusieron hacer algún anuncio, me metí en publicidad… Se volvió a activar algo en mi estómago (se toca la barriga). Uy, uy, uy… Y decidí darle dedicación total. Me vine a Madrid, me metí en una escuela y mi primera serie fue “Amar es para siempre”.

R.M: ¿Recuerdas a quién le diste la exclusiva de que te cambiabas a Velvet Colección?
F.G: Velvet fue un proceso muy duro. Me llamó mi repre por Facetime, algo muy raro, y ya me dio la noticia. De ahí avisé a mis padres. La verdad es que no me di cuenta de lo que suponía hasta que lo fui contando. Ocurre una cosa muy bonita cuando sientes la alegría de los que te quieren de verdad. De otros no percibes lo mismo.

R.M: ¿Quién fue tu mayor apoyo en los primeros rodajes?
F.G: Me apoyé mucho en Ignacio Montes, que hace el personaje de Manolito. Yo llegué a Velvet en el medio de un elenco más que consolidado, que llevaba mucho ahí y que era su casa. Llegué y llamé a la puerta: “¿Se puede?” Todos me acogieron con admirable profesionalidad, pero inevitablemente, me sentí un poco inseguro.

R.M: ¿Eres inseguro?
F.G: ¿Qué actor no lo es? En el ámbito personal no tanto pero en el profesional siempre saltan las dudas. Además yo entré a interpretar un personaje que se mueve en un entorno muy adulto. Ahora tengo 29 años pero necesitaba aparentar una madurez, una planta, una estabilidad nueva y también cierta vulnerabilidad.

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