Una mirada a Jesús Castro

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Por Mateo Carrasco
Fotos: Juan Serrano en exclusiva para Rísbel Magazine

«La mezcla entre una sensibilidad oculta, enmascarada tras unos rasgos de chico duro salió a relucir por unos ojos azules que fueron capaces de transmitir la seguridad de una persona que se crece y que, además, tiene un misterio añadido»

Hay quien dice que los guapos nacen con ventaja. Que su belleza física ya les sirve de apoyo para salvar muchos obstáculos con los que debe enfrentarse el común de los mortales. En el terreno del cine, ello podría ser doblemente cierto. Por eso nos gustan Antonio Banderas o Javier Bardem, por eso quizás Jesús Castro  nos ha caído en gracia. Los dos grandes del celuloide hispano se identifican solo con su apellido, pero el de Castro es el único que ha llegado en un tiempo récord a ser sinónimo de apuesto, de guapo sin tapujos. Motivos hay, desde luego. El negro carbón de su pelo, sus ojos azules de mirada de confiada seducción intimidadora, y una sonrisa que pasa de lo canalla a la candidez en cuestión de segundos. Posiblemente haya algo más por dentro y que no se puede definir : tal vez esa fuerza imprecisa que han tenido todas las grandes estrellas, guapas o feas del séptimo arte.

La historia de este joven de mirada enigmática está íntimamente ligada a la de sus dos “hadas madrinas”- como él mismo las denomina- que lo descubrieron y que ahora nos cuentan la otra historia de Jesús Castro.  Eva y Yolanda, dos jóvenes amigas que llevan a sus espaldas la dirección de castings de más de sesenta películas, que han descubierto actores de la talla de Adriana Ugarte, María Valverde o Quim Gutiérrez. Nos cuentan las distintas fases a las que este vejeriego tuvo que hacer frente hasta alzarse con el papel protagonista.

Primera fase: Se necesitan chicos del sur. Ese fue el planteamiento inicial con el que el equipo de casting de Eva y Yolanda se puso manos a la obra para descubrir al que sería el chico de la temporada, nuestra próxima gran estrella. Ningún actor andaluz encajaba en el papel. Ninguno daba la talla. Tocaba echarse a la calle. Una linea cruzada el mapa de Andalucía, dividiendo la comunidad en dos partes confrontadas: oriente y occidente. Sólo los chicos que se encontrasen  en la ciudades andaluzas entre Sevilla y Cádiz podrían acceder a las pruebas para lograr el papel. El equipo de Eva y Yolanda se fue por todos los institutos de estas ciudades, entrevistando a más de 3000 chavales que se presentaron al casting. Estos 3000 aspirantes solo tenían un minuto para convencer a las directoras de que ellos podrían ser el protagonista de la próxima película de Daniel Monzón.

“El equipo de grabación no tiene absolutamente ninguna referencia de cómo es el perfil del chicos que nosotras estamos buscando” nos aclaran las dos amigas. “No es bueno dar más datos de la cuenta que den lugar a interpretaciones erróneas que puedan llegar a excluir a cualquier chico. Los único datos que les damos al equipo de grabación es que buscamos chavales jóvenes, de entre 18 a veintipocos años. Cuantos menos datos, mejor.  Luego nosotras estableceremos el filtro necesario”.

Segunda fase: en mitad de un viaje en Ave Madrid-Sevilla, Eva recibe un video en su móvil de las pruebas que su equipo ha realizado en un instituto de Vejer, dónde casi por casualidad se han topado con un niño haciendo pellas que iba acompañando a su amigo al casting. “Hacer estas entrevistas durante el horario escolar resulta tremendamente efectivo. Si hubiésemos hecho las pruebas de selección a las cinco de la tarde posiblemente no hubieran venido ni la mitad de los chicos que se presentaron al casting y por supuesto, no hubiéramos dado con Jesús. A esas horas Jesús era el típico niño que prefiere irse con sus colegas por ahí, que hacer un casting para una película de <<vete-tú-a-saber-quién>>. Sin embargo, poner el casting  en horario escolar te asegura que muchísimos niños se presentarán con tal de no acudir a una clase de mates…” Nos confiesa Eva. “Hay mucha gente que cuando oye la palabra casting se asusta, porque lo asocian a lo que ven en la televisión. Los talents shows han hecho mucho daño- continúa Yolanda- ese rollo de que te ridiculizan y luego e critican… eso no pasa con nosotras”.

Tercera fase: el tiempo se para. Eva y Yolanda llaman a su equipo de grabación, que se encontraba en Cádiz. “Queremos volver a ver a ese chico de los ojos azules”.  En ese clip de un minuto, la mezcla entre una sensibilidad oculta, enmascarada tras unos rasgos de chico duro salió a relucir por unos ojos azules que fueron capaces de transmitir la seguridad de una persona que se crece y que, además, tiene un misterio añadido.

Es innegable que Jesús Castro es un tío muy guapo, pero por encima de todo, es una persona capaz de transmitir misterio detrás de su mirada.

En cuanto Eva y Yolanda entrevistaron a Jesús en persona se dieron cuenta de que se sentía como un pulpo en un garaje y que, sin embargo, repetía el mismo patrón de conducta que la mayoría de los grandes actores: era un chico muy tímido.

En el caso de los grandes del cine, la timidez tiene mucho que ver con que son personas muy sensibles, que quizás, por algún extraño capricho del sistema, no han podido expresar esa sensibilidad en su entorno, entre su familia o con sus amigos. Se trata de gente que no sabe como «actuar» en su día a día con esa sensibilidad tan aguda y que de repente se sienten desencajados. Como si no formasen parte de este mundo. “Jesús tiene un mundo interior alucinante, pero hay veces que el mundo no está hecho para las personas sensibles” añade Yolanda.  Y entonces, como si de un cuento de hadas se tratase, Jesús ha encontrado un camino que jamás se hubiera planteado.

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