Texto: Ana Gallo

E

n enero de 1920 entró en vigor la 18ª enmienda a la Constitución de Estados Unidos, más conocida como Ley Seca o Ley Volstead, que prohibía la fabricación, transporte y venta de bebidas alcohólicas en casi todo el país. Estos nuevos delitos se sancionaron a partir de aquel momento con multa y prisión. Las medidas prohibicionistas extremas provocaron el nacimiento de una gran industria dentro del crimen organizado. Los speakeasies (bares clandestinos) florecieron en las ciudades estadounidenses, protegidos por la colaboración de los ciudadanos opuestos a la prohibición y apadrinados por la mafia. El dios Baco sube al poder noctámbulo y los Gansgters lo custodian. En 1925 había 100.000 bares secretos en las principales urbes, 10.000 de ellos en Nueva York.

Las primeras industrias cerveceras de Estados Unidos estaban en manos de inmigrantes alemanes e irlandeses y este hecho, sumado a la decadencia social generada por la Primera Guerra Mundial, fue aprovechado por las activistas de la templanza, para mostrar que el país necesitaba un “mejoramiento moral”. La propaganda anti-alcohol se intensificó abonando el terreno, primero, para la aprobación de una resolución que vedaba la venta, importación, exportación, fabricación y el transporte de bebidas alcohólicas en algunos Estados y luego, en 1920, la prohibición se extendió a todo el país.

La coacción de los anti-alcohol fue tan poderosa que la proscripción, promovida por el Diputado Volstead de Minnesota, tuvo más peso que el veto del presidente Woodrow Wilson. Con la aprobación de la Ley Seca esperaban lograr una nueva nación y así fue, aunque no en el sentido que imaginaban. La prohibición no impedía explícitamente el consumo de alcohol, pero lo hacía muy difícil. Sin embargo, el ingenio humano siempre gana a la hora de saltarse las leyes. Por ejemplo, la producción de vino no estaba permitida, pero se comercializaba una especie de zumo de uva, en formato semisólido (como un ladrillo –bricks of wine-), para que cada uno lo fermentara en casa. La nueva ley tenía excepciones. Los médicos podían recomendar el consumo de alcohol como tratamiento. De hecho un medicamento utilizado en la época (Jamaica Ginger), cuya base era el alcohol etílico, se modificó para que contuviera más alcohol y saciara las ansias de tomar un trago. Con todo, el truco no fue suficiente para calmar la demanda que producía la ‘sequía’. Tampoco lo fue la permisividad del uso de vino en los ritos cristianos o los vinos kosher de los judíos.

Asociada a la producción encubierta de alcohol, nacieron los Speakeasy, bares clandestinos que vendían licores al margen de la legislación y a puertas cerradas, protegidos por sus mismos parroquianos y, muchas veces, por el crimen organizado. Su nombre tenía que ver con una de las consignas básicas: hablar en voz baja para no despertar sospechas (“Please, speak easy!”).

La ley estaba allí y las ganas de beber néctares, vinos y cervezas, no desaparecía. Se prolongó produciendo e importando alcohol, innovando una verdadera industria clandestina con precios elevados y un creciente mercado negro, que hasta adulteraba el alcohol destinado a usos industriales. La situación de los estos bares clandestinos corría de boca en boca, como una especie de misterio público. Para entrar era necesario cierto sigilo, conocer la palabra clave o contraseña que abría las puertas al reino del dios Baco. Los Speakeasy contaban tanto con asistencia masculina como femenina y eran los propios asistentes los que fidelizaban a la clientela, invitando directamente a sus amigos.

Entre las sombras de prohibición, locura, lujuria y depresión aparece la figura del gangster, en guerra contra las leyes en la época.

Hace apenas un siglo que nació este personaje: el fugitivo urbano, el nuevo héroe, primero positivo y casi al instante trágico en nuestro imaginario. El canalla, el elegante, la figura legendaria con un vestuario ejemplar y del todo inspirador.

Gansta Style

El sombrero Gangster, Borsalino
Primero fueron las gorras de tweed a la irlandesa o de tela según el estilo centroeuropeo. Luego vinieron los sombreros “El Panamá”, pero sobre todo, de fieltro. El Borsalino –con una cinta grande– se convierte en el emblema del gangster. Gris, negro… o blanco. Su cinta anudada, su corona triangular, sus alas que añaden misterio al rostro, no hay ni un solo gangster que no se cubra la cabeza.

El abrigo
El abrigo Chesterfield, un clásico británico popularizado por la nobleza inglesa y reinterpretado por el gánster. En el siglo XIX George Stanhope (1805-1866), sexto Duque de Chesterfield, popularizó el abrigo que se conocería con el nombre de dicho ducado. George Stanhope formaba parte de un grupo de dandies entre los que se incluían personajes importantes en el devenir de la moda masculina en la época victoriana como Lord Byron y el Conde d’Orsay. Stanhope no lo sabía, pero con el tiempo el abrigo Chesterfield, una pieza clásica británica, se convertiría en indispensable en todo armario de un caballero apasionado por el buen vestir. El abrigo Chesterfield original se caracteriza por una solapa corta, el cuello de terciopelo negro (fue tomado de la aristocracia francesa que, tras la ejecución de Luis XVI y de otras víctimas de la Revolución Francesa, cosía a sus abrigos ribetes de terciopelo negro como muestra de duelo) y está hecho en lana tejida en punto de espiga. Fue el primer abrigo sin costuras horizontales y de forma acampanada; el más común es el modelo de una hilera de botones, cubiertos por una tapeta. Así, la espiga gris de lana con el cuello de terciopelo negro representa el abrigo Chesterfield por excelencia. Los Gansters reinterpretan la excelencia de la prenda ciñéndola y contribuyendo a la silueta del mafioso. , el hecho de eliminar la hilera sencilla de botones para dejar paso a la doble botonadura, es decir, “cruzado”. Contando con bolsillos laterales rectos o inclinados, incluso con el bolsillo cerillero en su parte derecha.

La corbata
La corbata de pala es la primera forma de corbata moderna y apareció en los años veinte. Corta, triangular y con el extremo ancho. A menudo con una joya cosida en la corbata. De lana o de seda, italiana. Con frecuencia con rayas tenis. Con el nudo deshecho al acabar la noche. A veces sustituida por un gran pañuelo anudado. O un atrevido fular con lunares.

El traje
El traje de un Gansgters es una visión de un hombre deliciosamente vestido, con la indumentaria cuidada en el supremo detalle, trajes completos con chaleco de seis botones y pantalones de cintura alta materiales que se ciñen a su corporalidad con la amable caída que tiene el material y al observarlo, se palpa en su la elegancia del caballero sensible al vestir, aunque paralelamente sea un delincuente. Seres conscientemente atractivos, seductores, pero criminales. En ellos su traje es su talismán.

Los tirantes y el cinturón
Tras haber llevado durante mucho tiempo tirantes, según el modelo anglosajón o centroeuropeo, el gangster aprecia cada vez más el cinturón de ante, al estilo italiano, signo de refinamiento suplementario.

El calzado
El zapato gangsters de tipo oxford brogue, de piel blanca con la puntera y el talón negros. Esta versión es conocida con el nombre de Spectator Shoe (Inglaterra):
La puntita que encontramos en la parte superior de la puntera se denomina en inglés wingtip y es lo que diferencia un oxford normal o semi-brogue, que acaba de forma rectilínea, del oxford brogue que tiene este detalle