No resulta nada fácil responder a las preguntas acerca de los orígenes del champagne, ya que no existe ningún documento escrito de cuando se produjo el acontecimiento, principalmente porque hay una alta probabilidad de que fuera un hecho fortuito.

¿Puede que, entonces, estemos hablado de «historia de un accidente»? Las evidencias así lo indican. La efervescencia de los vinos históricamente no se ha considerado una virtud, sino todo lo contrario: siempre ha sido un defecto.

En regiones tan al norte y frías como la Champaña-antigua provincia francesa, organizada en torno al condado de Champaña- los gélidos otoños provocaban un paralización de la fermentación de los vinos antes de que estos hubieran convertido todo el azúcar en alcohol. La llegada de los primeros rayos de sol en primavera producía la reactivación de las levaduras y la continuación de la fermentación, con la consiguiente aparición de un cierto burbujeo en los vinos. Como decíamos este hecho siempre se consideró una tara del vino y por ello nadie se atribuyó su sonoro descubrimiento.

Desde Pernod Ricard y de la mano de Javier Martinez, Brand Ambassador de Champagne Mumm, nos encontramos con el champagne al que todos llaman directamente Cordon Rouge por su distintivo cordón rojo en honor a la legión francesa.  Posicionado como el champagne más vendido en Francia y el tercero en el mundo, Champagne Mumm se ha mostrado siempre fiel a su lema solo lo mejor desde 1827 y fue bautizado popularmente como el champagne de los franceses. Un champagne con el que celebrar cualquier ocasión y convertir el momento en inolvidable. Yo solo tomo champagne en dos ocasiones, cuando estoy enamorada y cuando no lo estoy, palabras de Coco Chanel.

Sin duda alguna, este espumoso apreciado en el mundo entero, es el símbolo francés por excelencia, en especial relación con el Rey y la Nobleza. La uva para su elaboración se cultiva en suelo calizo formado por sedimentos marinos y en temperaturas extremas con una media anual de unos 11-12°C. Esta combinación de suelo, clima y hombre constituyen lo que conocemos como el famoso terroir de Champagne. Son 7 los tipos de uva, pero las uvas reinas son tres: uva Pinot Noir que da estructura e intensidad, la Chardonnay que aporta finura por su delicadeza y la uva Meunier dulce y afrutada que permite el perfecto diálogo entre las dos anteriores.

El decálogo perfecto

¿Cuál es la temperatura ideal? La clave: entre 8 y 10ºC.

La temperatura juega un papel crucial, el champagne idealmente se toma a una temperatura entre 8ºC y 10ºC, brindando un sabor, estructura y aroma perfectos.

Una temperatura demasiado fría reduce la efervescencia, altera los aromas e incluso adormece las papilas gustativas. Por otro lado, una temperatura demasiado elevada crea un exceso de espuma, dificultando el descorche y enmascarando sus aromas.

¿Cuál es la copa perfecta? La clave: copa para vino blanco.

Las copas para vino blanco son una buena opción, ya que son perfectas para capturar el sabor específico del champagne. Las que son en forma de tulipán también son una buena opción. Además de concentrar los sabores, tienen suficiente espacio para permitir una completa efervescencia de la bebida que es uno de los elementos clave.

¿Cómo servirlo? La clave: servir la copa medio llena

El protocolo del champagne establece que hay que servirlo en dos fases para potenciar el carbónico y así generar más chisporroteantes burbujas. El truco consiste en verter una cantidad inicial de champagne inclinando lentamente la copa (el flujo a lo largo de la pared promoverá la formación de burbujas), después toma una pausa para permitir que la espuma se asiente, y vierte una segunda vez para llenar dos tercios de la copa.

Lo ideal sería llenar la copa a 10cl, lo que podría ser aproximadamente un cuarto del contenido. Tratamos de servirlo solo medio lleno, de esa manera se mantiene frío y se puede rellenar más a menudo.

¿Cómo descorchar? La clave: discretamente.

Descorchar la botella es el secreto para el éxito, se recomienda que se haga de manera silenciosa, después de todo es el signo de la verdadera clase es la elegancia y discreción. El primer paso es voltear suavemente la botella boca abajo para crear una temperatura absolutamente uniforme. A continuación, tomar la botella con una mano sosteniéndola siempre por el cuerpo y no por el cuello y retirar la cobertura. Aflojar la jaula de alambre, liberar el corcho y POP.

¿Cómo conservarlo? La clave: lugar fresco y con poca luz.

A menos que se vaya a abrir en menos dos o tres días lo mejor es que guardes la botella en un lugar fresco y con poca luz. Si lo guardas en la nevera durante semanas es un problema porque no hay mucha humedad en el frigorífico y el corcho se nos secará. A medida que el corcho se seca, el sellado de la botella disminuye y el Champagne se irá oxidando, lo que cambiará sus aromas. Y nunca jamás en el congelador.

¿Cuál es el maridaje perfecto? La clave: cómo y cuando quieras.

Esta bebida no tiene por qué ser sólo para celebraciones o días señalados. No es necesario darle tanta ceremonia., no hay porqué esperar a un momento de celebración, simplemente hay que abrirla y crear esa ocasión especial. Napoleón tuvo las mejores palabras para definir esta bebida: en la victoria te lo mereces y en la derrota lo necesitas.

Poco a poco va decayendo el mito de que el champagne debe acompañarse con platos elegantes cuando realmente la mejor manera de maridar el champagne es como te más te guste ya que más que maridaje, deberíamos denominarlo Armonía entre parte sólida y líquida.

El Champagne es el comodín perfecto, puede ir con casi todo por 3 motivos principales:

  1. La acidez natural que posee permite refrescar el paladar, limpiarnos la boca.
  2. La complejidad que posee, lo que le permite defenderse con prácticamente cualquier plato, ya sea carne o pescado.
  3. El Champagne es un vino nada invasivo, no se superpone a ninguno de sus acompañantes, es un vino con una textura sedosa en boca no cargada de taninos.

Con el champagne simplemente se disfruta.