La cara B de las apps para ligar ¿Cómo están afectando a nuestro cerebro?

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En un momento de la historia en el que las relaciones interpersonales están más restringidas que nunca, las apps de citas arrojan unos resultados aterradores en los efectos sobre nuestro cerebro

La mayoría de personas hemos pasado por esta situación alguna vez en nuestra vida. Todos hemos corrido el riesgo de sufrir una lesión emocional de estrés postraumático al deslizar el pulgar hacia la izquierda y ocasionalmente hacia la derecha en una aplicación de citas como Tinder, Grindr, Bumble, etc.

Ves una cara que te llama la atención en la aplicación de citas que has elegido, lees la descripción estilo  “relaciones públicas” que la persona ha escrito sobre sí misma y con un simple gesto de pulgar decides si vive o muere (para ti…) como si se tratase de una sentencia a la horca del siglo XVIII. Si el perfil te gusta, con suerte, harás Match. Si no, ¿qué más da? Pasarás al siguiente perfil en el mercado de la carne online.

Infinidad de personas han descargado apps de citas como Tindr, Grindr, Lovoo o similares en algún momento, ya sea por curiosidad o porque verdaderamente buscan encontrar una relación (del tipo y duración que sea…) Pero ¿Qué porcentaje de éxito real tienen estas apps de citas? ¿Qué hay detrás de los elaborados algoritmos que deciden si mostrar tu foto a una persona u a otra? ¿Cómo se queda alguien al ser continuamente rechazado por apps que solo muestran el escaparate de un ser humano? O por el contrario… ¿en que se convierte una persona cuyo perfil recibe continuamente halagos y proposiciones indecentes…?

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Si bien es cierto que hay gente aburrida de las herramientas tradicionales de cortejo y ligoteo a las que este nuevo sistema de dating le resulta tremendamente útil, los últimos estudios y encuestas revelan unos resultados terriblemente alarmantes en lo que al desarrollo personal respecta: narcisismo, frivolidad, complejos y soledad son la consecuencia de una generación que aspira a relacionarse a golpe de click e imágenes de cuerpo. 

En la era de la digitalización, automatización y la impulsividad, empezamos a dar por hecho que las relaciones entre personas estén también sujetas a algoritmos que valoren cual debe ser nuestro posicionamiento dentro de un universo de fotografías y descripciones, donde los sentimientos se troquelan a base de golpes visuales, sin apreciar que nuestro cerebro solo está preparado para valorar a una persona tras verla en movimiento.

“La principal mentira que te encuentras en una app de citas es la foto. Prácticamente nadie cuelga una foto actual”- nos cuenta Joan Massanés, autor del libro Internet, Citas y Soledad (Stoneberg Editorial) – “También es frecuente que la persona se quite un par de años, sobre todo si hace poco que ha cambiado de década. Otra mentira muy recurrente es decirte, mientras quedan contigo, que no están interactuando con otras personas, pero casi siempre acaban delatándose”.

Y es que, detrás de los perfiles que juzgamos por una imagen y en consecuencia, aceptamos o rechazamos, hay personas reales con una historia que desean compartir con nosotros y que, la gran mayoría de veces, se queda en un simple “hola” la espera de una respuesta que probablemente, nunca llegará. En el avatar digital, escondidos tras la pantalla, las personas nos envalentonamos y dejamos de tener en cuenta a quien se encuentra al otro lado, porque lo que jamás hubiéramos hecho en la vida real, sí lo hacemos en la vida virtual: “¡Hasta luego Lucas!”, sin ni siquiera responder a un saludo que no sabemos cuánto esfuerzo le ha costado a la otra persona enviar.

“Lo que más se valora, por encima de todo, en las apps de citas es la imagen externa” -continua Joan- “No solo que una persona sea atractiva, sino también que se cuide, vaya al gimnasio, vista bien… Más de una persona me ha insistido en sus mensajes en que la verdadera belleza es la interior, pero siempre establecen el filtro del físico, aunque el suyo tampoco sea atractivo”.

Joan Massanés es licenciado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Barcelona y doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona. Recientemente ha publicado su primer libro Internet, citas y soledad, dos novelas en una, en las que se desarrolla la historia de Jordi, un profesor universitario especializado en Inteligencia Emocional, que conoce de una forma muy poco convencional a una mujer que acaba de abandonar una orden religiosa muy estricta en la que permanecía desde la adolescencia. Entre ambos nace una relación que deberá superar las estrictas normas que la mujer sigue cumpliendo en su día a día y que parecen ajenas al siglo XXI.

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Al igual que el resto de redes sociales está afectando a nuestro cerebro, este tipo de aplicaciones de móvil para ligar también tienen efectos en nuestra neurobiología. Según declaró en la BBC la neurobióloga Lucy Brown, profesora del Colegio Einstein de Medicina de Nueva York y autora de distintos estudios sobre la neurobiología del amor romántico, el cerebro humano no está diseñado para funcionar de esta forma tan plana. En lo que respecta a las relaciones interpersonales, el cerebro humano funciona juzgando a las personas al verlas en movimiento: cómo hablan, cómo gesticulan, cómo sonríen, etc…

“El cerebro humano está preparado para tomar detalles sobre la forma en la que alguien se mueve o la forma en la que sonríe. Lo que hace lógico conocerse a la mayor brevedad posible”

Y ahora, una patada de expectativas: ¿Cuántas veces nos hemos envalentonado a quedar con alguien que hemos conocido a través de Tindr, Grindr (o su primo hermano) y que nos había causado buena impresión, y al verlo en persona el encanto se desvaneció por completo? Hagamos aquí un ejercicio de sinceridad: más de una…

La dopamina ejerce aquí un papel fundamental. La dopamina es un neurotransmisor que está presente en diversas áreas del cerebro y que es especialmente importante para la función motora del organismo. Esta hormona se encarga también de la regulación del humor, del placer, de la atención y del aprendizaje. Los niveles de dopamina se elevan durante las primeras etapas de una relación, por lo que la gente se siente emocionada y eso a todos nos gusta… y hasta genera adicción.

Este factor es determinante y nos impulsa a buscar frecuentemente nuevas relaciones para volver a tener la sensación que la dopamina provoca en nuestro cerebro, por lo que Brown insiste en que es fundamental que conozcamos bien nuestro cerebro y seamos conscientes de que la naturaleza puede llegar a descontrolarnos como consecuencia del uso “estimulante” de las apps de citas: “¡¡¡aaaahhh, he hecho Match!!!”.

Hay que tener en cuenta que el objetivo principal de las apps de citas no suele ser ayudarnos a encontrar pareja, sino hacer que sigamos usándola. Es por eso que las más exitosas han desarrollado una mecánica que incentivan su utilización constante. Esto en principio no es malo pero en algunos casos, se puede llegar a caer en un uso abusivo. Esto no solo significa que se pierde más tiempo; además , puede producir un desgaste psicológico importante, y además, se ha observado que por estadística, quienes más usan estas plataformas digitales tienden a encontrarse menos en persona con aquellos a quienes ya conocen, algo que puede ser visto como un empobrecimiento de su vida social.

En cuanto a la duración de las relaciones, la neurobióloga comenta que “no necesariamente las aplicaciones de citas están haciendo que la gente tenga fobia al compromiso. Retirarse de una relación después de un período de intensidad es probable que sea un rasgo de la personalidad, pero es, sin embargo, un rasgo que las citas en línea permiten”.

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