Mientras otros coleccionistas guardan bajo llave sus coches más exclusivos, esta joya del programa Coachbuild recorre las calles de Londres presumiendo de un detalle artesanal de 1.600 piezas que tardó años en completarse.
Siempre pensé que hay coches que parecen existir solo en las revistas o en vídeos de YouTube. Muchos dueños los compran, los meten en un garaje con la temperatura controlada y se olvidan de ellos. Con el Rolls-Royce La Rose Noire Droptail pasa algo muy distinto. Aunque cuesta unos 30 millones de euros, su dueño ha decidido que lo mejor que puede hacer con él es conducirlo.
Qué es la serie Droptail y por qué no hay dos iguales
La Rose Noire Droptail forma parte del programa Coachbuild, la división más exclusiva de Rolls-Royce, encargada de crear automóviles totalmente personalizados, desarrollados prácticamente a mano y creados como piezas únicas según el deseo de su propietario. Dentro de ese programa nació la serie Droptail, una familia compuesta por cuatro coches en total.

Aquí conviene aclarar un punto clave: no existen cuatro Droptail iguales. Cada uno responde a un encargo distinto, con su propio concepto, diseño y materiales. No estamos ante una serie limitada tradicional, sino ante cuatro proyectos independientes que comparten una base común, pero se desarrollan como obras únicas.
De esos cuatro, La Rose Noire fue el primero en presentarse públicamente y es, además, el único que hemos visto circular con cierta regularidad. Los otros existen, pero permanecen fuera del foco.
Así es el Rolls-Royce La Rose Noire Droptail
La inspiración del coche nace de la rosa Black Baccara, una variedad de origen francés conocida por su tono oscuro y cambiante, capaz de moverse entre el rojo profundo y el negro según la luz. Esa idea se traslada directamente a la carrocería, que utiliza un color desarrollado específicamente para esta unidad tras decenas de pruebas hasta lograr el efecto deseado.

La pintura está pensada para reaccionar a la luz, con matices que varían según el entorno y acentuan la sensación de estar ante algo verdaderamente singular.
La silueta también se aleja de cualquier Rolls-Royce convencional. El concepto Droptail recupera la idea de los grandes descapotables clásicos, con una trasera muy marcada que recuerda claramente a la forma de un yate moderno. Desde luego, está más cerca de ser una escultura que de un coche tradicional.
Un interior que se construye pétalo a pétalo
Si el exterior impresiona, el interior termina de explicar por qué este proyecto es único. Rolls-Royce utilizó más de 1.600 piezas de madera ensambladas a mano para crear un patrón que recuerda a los pétalos de una rosa. Cada elemento se colocó de forma individual, cuidando hasta el más mínimo detalle y sin recurrir a procesos industriales.

El resultado es un habitáculo que prioriza la armonía visual por encima de la simetría perfecta, remarcando una vez más la idea de estar ante una auténtica obra de arte con ruedas.
Entre los detalles más llamativos aparece un reloj integrado desarrollado junto a Audemars Piguet, diseñado específicamente para este coche y con un coste que ronda los 200.000 euros. No es un simple adorno: mediante un mecanismo eléctrico lo podemos extraer y utilizar fuera del vehículo, porque sí, también funciona perfectamente en la muñeca.

Mecánica clásica, filosofía Rolls-Royce
Bajo el capó encontramos el conocido V12 biturbo de 6,75 litros, una mecánica pensada para ir suave, en silencio y sin brusquedades. No busca cifras llamativas, aunque su potencia ronda los 600 CV y acelera con la facilidad que cabe esperar en un coche de este nivel.
En Rolls-Royce la deportividad nunca ha sido lo importante. Aquí manda el confort: circular con sensación de aislamiento total, mover el volante con un solo dedo y recorrer kilómetros sin esfuerzo. Todo está pensado para circular con calma y comodidad.
El único que se ve en carretera
Uno de los aspectos que más ha hecho que resalte tanto este Rolls- Royce es su presencia en la calle. Se le ha visto rodar en varias ocasiones por Reino Unido, especialmente en Londres, algo poco común en un coche de este nivel.
Muchos vehículos de este precio se compran para permanecer expuestos en colecciones privadas. Aquí ocurre justo lo contrario: su propietario lo usa, lo mueve y lo integra en su vida cotidiana, dentro de lo que permite un coche de estas características, claro.
Sobre la identidad del propietario, Rolls-Royce mantiene la discreción habitual, aunque las informaciones más repetidas apuntan a una pareja francesa vinculada al mundo del vino, sin confirmación oficial.
¿Es el Rolls-Royce nuevo más caro de la historia?
Rolls-Royce nunca ha confirmado una cifra exacta, pero la mayoría de estimaciones sitúan su precio por encima de los 30 millones de euros, lo que lo coloca en lo más alto del mercado de coches nuevos jamás vendidos.

Más allá de la cifra, La Rose Noire Droptail y el resto de unidades del programa, plantean algo más interesante: hasta dónde puede llegar el lujo cuando un coche deja de ser un producto y pasa a convertirse en una idea personal hecha realidad. Como vehículo, su precio puede resultar difícil de justificar. Entendido como una obra de arte creada a medida, la interpretación es muy distinta.

