Esta marca histórica, certificada por el Libro Guinness, demuestra que una tecnología que muchos daban por muerta ha logrado lo que parecía imposible en condiciones de tráfico real.
Últimamente parece que los fabricantes de coches solo hablan de qué coche eléctrico tiene más autonomía y quién llega más lejos con una batería. En plena carrera por la electrificación, acaba de aparecer un récord que nos ha dejado a todos con la boca abierta. Lo curioso es que esta marca no la ha conseguido «un coche del futuro» (entiéndeme…), sino un coche que podrías cruzarte cualquier día por la calle.

El piloto de rallies polaco Miko Marczyk, decidió que quería ver hasta dónde podía llegar realmente un coche sin parar en una gasolinera.
El protagonista inesperado: una mecánica diésel en el punto de mira
La elección para este reto fue un Škoda Superb 2.0 TDI. Este modelo tiene un depósito de 66 litros, que ya es bastante generoso para su categoría. Pero la clave no era solo el tamaño del tanque, sino la eficiencia de su motor diésel de 150 CV.

Al final, el objetivo era simple pero difícil de cumplir: llenar el depósito una vez y conducir hasta que el coche no pudiese más.
Así fue la ruta de 2.800 kilómetros cruzando Europa
El viaje empezó en la ciudad de Łódź, en Polonia. No penséis que buscaron una pista de pruebas lisa y perfecta. El coche cruzó Alemania, Francia, Bélgica y los Países Bajos antes de dar la vuelta.
Se enfrentaron a lo que nos encontramos cualquiera de nosotros cuando salimos de viaje: retenciones, lluvia, carreteras secundarias y tramos de autopista. No hubo trucos de laboratorio. Al final, cuando el motor se apagó, el cuentakilómetros marcaba una cifra increíble: 2.831 kilómetros.
¿Cómo se consigue un consumo de 2,6 litros a los 100?
Para que os hagáis una idea, es como ir de punta a punta de España casi tres veces seguidas sin bajarte a repostar. Lograron un consumo medio de 2,61 litros cada 100 kilómetros. Incluso hubo momentos donde, gracias al viento a favor, bajaron hasta los 2,2 litros.

Mucha gente se preguntará si el coche estaba modificado. Lo cierto es que era un coche de serie con su cambio automático DSG de siete marchas. Las únicas diferencias respecto al que puedes comprar en un concesionario eran unos neumáticos que ofrecen menos resistencia al rodar y una suspensión un poco más baja para mejorar el aire que pasa por debajo del vehículo.
Lo que esta hazaña nos enseña sobre los coches de hoy
El verdadero secreto de este récord de autonomía con un solo depósito estuvo en las manos del conductor. Miko Marczyk utilizó técnicas de conducción eficiente que cualquiera puede aplicar: suavidad con el pedal, aprovechar las bajadas y leer muy bien el tráfico para no frenar innecesariamente.
Esta historia nos deja pensando. Y es que a veces nos obsesionamos con las nuevas tecnologías y olvidamos que las mecánicas de toda la vida, bien aprovechadas, todavía tienen mucho que decir (y eso en Europa, lo saben…). Este récord nos demuestra que el factor humano sigue siendo lo más importante para gastar poco combustible, sea cual sea el coche que conduzcas.

