Aunque en sus vídeos presume de Rolls-Royce y Ferraris, la realidad del garaje de Benito es muy distinta. Solo dos vehículos han marcado su trayectoria personal, y uno de ellos esconde una historia de sencillez que nadie esperaba.
Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, acaba de ganar el Grammy al Álbum del Año con Debí Tirar Más Fotos y se convierte en el primer artista de habla hispana en lograrlo con un disco íntegramente en español. En paralelo a ese momento histórico, y más allá de los escenarios y los premios, es inevitable que nos preguntemos qué coches ha tenido Bad Bunny a lo largo de su carrera. Lo cierto es que la respuesta es más sencilla de lo que mucha gente podría esperar, porque solo hay dos coches que le hemos visto conducir y que él mismo ha reconocido como propios: un Toyota y un Bugatti.
Los coches de Bad Bunny
Uno lo compró para hacer historia en una alfombra roja y el otro lo usa para recordar quién era antes de la fama. Y es que parece ser que Bud Bunny tiene muy claro que su coche de 2.000 dólares le da una libertad que el de cuatro millones simplemente no puede pagar.
Toyota Corolla (2003)
El Toyota Corolla es el principio. Un coche sencillo, sin pretensiones, que formó parte de su vida antes de la fama y que Bad Bunny nunca ha escondido. Lo condujo cuando aún no era una estrella mundial y lo mantuvo como símbolo de normalidad incluso después de alcanzar el éxito. Hay referencias claras en letras de sus canciones e incluso lo vimos conducirlo en el videoclip de Yonaguni, lanzado en 2021.

Ese Corolla terminó convirtiéndose, casi sin buscarlo, en una declaración de cómo es realmente Benito. En un sector donde el lujo suele funcionar como carta de presentación, Bad Bunny opta por mostrar algo cotidiano. Es un coche que cualquiera puede tener y que conecta directamente con su público; hoy en día ronda los 2.000 dólares en el mercado de segunda mano. Lejos de parecer una estrategia, transmite coherencia. No necesita impresionar a nadie con lo que conduce.
Bugatti Chiron Sport “110 Ans”
El salto al extremo opuesto llegó en 2020, con uno de los coches de lujo más exclusivos del mundo. El Bugatti Chiron Sport “110 Ans” entró en su vida por una razón muy concreta: para su participación en los Grammy de 2020, quiso hacer su presentación en Puerto Rico conduciendo un Bugatti por el puente Teodoro Moscoso.
Bad Bunny explicando porque se compró un bugatti de más de 3 millones de dólares 😂 pic.twitter.com/OyqEpwoZW4
— Bohorquez (@vicmarymendoza) November 27, 2020
Ese Bugatti no es una versión cualquiera. Forma parte de una edición limitada a solo 20 unidades en todo el mundo, creada para conmemorar los 110 años de la marca y con un precio cercano a los tres millones de euros cuando lo compró; ahora ronda los cuatro millones y medio de euros. Equipa un motor W16 con 1.500 CV de potencia capaz de alcanzar una velocidad máxima de 420 km/h. Durante un tiempo, lo vimos circular por Puerto Rico y aparecer en distintos vídeos; uno de los más famosos y que se viralizó en redes sociales junto a Kendall Jenner cuando ambos mantenían una relación.
La relación con el Bugatti fue breve. El propio Bad Bunny explicó que ese coche le generaba demasiados problemas. Costes de seguro elevados, impuestos, gestiones constantes y, sobre todo, una atención permanente cada vez que salía a la calle. En un entorno como Puerto Rico o incluso Estados Unidos, moverse en un Bugatti implicaba convertirse en un espectáculo sobre ruedas. Esa exposición no coincidía con su forma de vivir, por eso decidió desprenderse de él años después.
El contraste entre el Corolla y el Bugatti define bien su manera de entender las cosas. Uno representa sus raíces y su comodidad. El otro responde a una idea puntual y a una necesidad creativa concreta. No existe apego al lujo por el simple hecho de ser exclusivo.
¿Son estos los únicos coches de Bad Bunny?
Más allá de esos dos modelos, no hemos visto otros vehículos directamente asociados a Bad Bunny como propios, aunque sí en el aspecto más visual dentro de su carrera como artista. En el videoclip de Where She Goes aparece un Rolls-Royce Silver Shadow transformado en un descapotable con estética off-road.

También hemos visto Mercedes-Benz Clase G, Ferrari Testarossa o incluso Cadillac Escalade durante los traslados a sus shows, además de otros modelos de alto nivel. Estos coches funcionan como recursos narrativos y estéticos, no como vehículos que él haya reconocido como propios ni con los que lo hayamos visto conducir fuera de ese contexto.
Por eso, cuando hablamos de los coches de Bad Bunny, conviene separar su imagen como artista de como es él realmente. Su historia se resume en dos modelos muy distintos entre sí: un Corolla de 2003 que sigue representando quién era y quién sigue siendo, y un Bugatti que apareció para cumplir una idea concreta y desapareció cuando dejó de tener sentido.

