Karl Lagerfeld, histórico director creativo de Chanel y Fendi, mandó fabricar un coche a su medida, con una configuración tan personal como poco común para la industria del automóvil de aquel momento, rompiendo por completo con los estándares establecidos.
Cuando pensamos en coches hechos a medida, casi siempre miramos a Italia o a marcas británicas de ultra lujo. Sin embargo, uno de los encargos más personales de finales de los noventa salió de Múnich. Y tuvo como protagonista a Karl Lagerfeld.
El diseñador de moda que marcó una época en Chanel y en la moda europea eligió un BMW Serie 7 L como coche personal. Hasta ahí todo encaja. Lo interesante llega cuando analizamos cómo lo configuró.
El BMW Serie 7 L de Karl Lagerfeld: una berlina alemana reinterpretada
A finales de los años noventa, el BMW Serie 7 representaba el máximo exponente tecnológico del fabricante bávaro. La versión L, con batalla alargada, ofrecía más espacio para las plazas traseras y un enfoque claramente orientado al confort.

El Serie 7 competía directamente con el Mercedes-Benz Clase S y el Audi A8, dos referentes en el segmento de las grandes berlinas. BMW apostó por un equilibrio entre dinamismo y representación. Más firme que sus rivales en cuanto a comportamiento pero igual de sofisticado.
En ese contexto aparece el encargo de Karl Lagerfeld. El diseñador pasaba olímpicamente de conformarse con combinación estándar. En primer lugar, el kaiser de la moda apostó por un color exterior poco frecuente dentro de la gama habitual. Un tono claro y elegante que rompía con los clásicos negros y grises dominantes en este tipo de coches.
Pensado para viajar detrás con el máximo confort
El interior del coche de Karl Lagerfeld siguió la misma lógica: materiales en tonos muy luminosos, una atmósfera minimalista y una sensación de amplitud poco común en las berlinas ejecutivas de la época. Karl Lagerfeld trasladó su universo estético al habitáculo del Serie 7.
La versión larga del BMW Serie 7 L añadía distancia entre ejes y convertía las plazas traseras en el verdadero espacio protagonista

Esta elección de la versión larga en realidad tenía todo el sentido. El BMW Serie 7 L añadía varios centímetros a la distancia entre ejes. Esa cifra se traducía en más espacio para las piernas y una experiencia mucho más cómoda en la segunda fila de asientos.
Lagerfeld utilizaba chófer con frecuencia por lo que la configuración encajaba con su rutina. En este tipo de coches, el verdadero protagonista, o sea él mismo, viaja detrás.

La generación del diseñador ofrecía motores de seis, ocho e incluso doce cilindros. En lo más alto de la gama, el V12, superaba los 300 CV y entregaba la potencia de forma progresiva y silenciosa, ofreciendo el máximo confort.
BMW introdujo en aquel Serie 7 elementos tecnológicos que hoy damos por sentados. Pantalla central, controles electrónicos avanzados y sistemas de confort como el masaje o el ajuste eléctrico en los asientos que anticipaban la digitalización actual. En su momento, la berlina alemana marcaba distancia frente a muchos competidores.
Más que un capricho estético de Karl Lagerfeld
La relación entre BMW y Karl Lagerfeld fue más allá de este coche. El diseñador mostró interés por la estética industrial y por la precisión técnica alemana. En 2016, años después, colaboró con BMW en una sesión fotográfica del nuevo Serie 7.

Hoy en día, programas como BMW Individual permiten configuraciones prácticamente ilimitadas. Pinturas exclusivas, tapicerías específicas y combinaciones únicas que forman parte del catálogo habitual en modelos de lujo. A finales de los noventa, ese nivel de personalización resultaba mucho menos frecuente en una berlina ejecutiva.
El Serie 7 L de Lagerfeld anticipó esa tendencia que apareció años después. Demostró que una gran berlina alemana también podía convertirse en una extensión directa de la personalidad de su propietario.
Un capítulo distinto dentro de la historia del BMW Serie 7
Cuando repasamos la trayectoria del BMW Serie 7, encontramos hitos tecnológicos, motores V12 emblemáticos y generaciones que marcaron época. El coche de Karl Lagerfeld aporta un ángulo diferente a esa historia. Colocó al Serie 7 en un terreno distinto: el cruce entre moda y automóvil. Dos industrias obsesionadas con el detalle, la imagen y la evolución constante.

