El print floral vuelve a subir de nivel y cambia la forma en la que vestimos la primavera
Ahora que se va a estrenar la segunda parte de El diablo viste de Prada -han pasado veinte años, que no es poco- es imposible no pensar en Miranda Priestly y en una de sus frases más repetidas: “¿Flores, en primavera? Groundbreaking…”. Lo curioso es que, dos décadas después, esa ironía vuelve a tener sentido. Porque sí, los estampados florales regresan en la primavera de 2026. Y lo hacen con más intención que nunca.
No es una novedad absoluta. El estampado de flores ya lo vimos la temporada pasada. Pero este año varias casas han empujado la tendencia un poco más arriba. Más tamaño, más presencia y, sobre todo, más intención a la hora de vestirlos. Las flores dejan de ser un simple recurso decorativo para las camisas y pasan a marcar el ritmo del look completo.
FLORES MAXI: cuando el estampado manda
En primavera, el estampado floral siempre encuentra su sitio. Tiene lógica. Apetece. Encaja con el momento del año. La diferencia en 2026 está en la escala. Las flores crecen, ocupan espacio y se convierten en el centro del conjunto. No acompañan: lideran.

En Prada, las margaritas aparecen en tamaño grande y con una puesta en escena muy pensada. El desfile SS26 lo deja claro desde el primer minuto: hay una voluntad de volver a lo orgánico, a lo natural, también en la forma de vestir. Las flores no están ahí para suavizar el look, sino para darle dirección. Funcionan en total look, pero también cuando se combinan con prendas lisas que bajan el volumen visual.

Algo parecido ocurre en Kenzo, donde las amapolas toman el control. El estampado cubre la prenda casi por completo y obliga a simplificar el resto del estilismo. Pantalones amplios, capas ligeras, calzado sencillo. Aquí la clave está en dejar que la flor haga su trabajo sin añadir ruido alrededor.
Rosas, girasoles y flores
En Dries Van Noten, las rosas aparecen con un punto más emocional. No buscan impacto inmediato, sino construir una imagen con calma. Funcionan bien en pantalones cropped, camisas fluidas o trajes relajados. La idea no es llamar la atención, sino sostener el look durante todo el día sin cansar.

Por su parte, Hed Mayner apuesta por girasoles de gran tamaño y siluetas amplias. Aquí el estampado floral se mezcla con volúmenes generosos, capas superpuestas y una sensación casi artesanal. Vestir flores, en este caso, implica asumir una forma distinta de ocupar el espacio. Más libre. Menos contenida.

Cómo vestir flores en 2026 sin complicarse
La primera regla es sencilla: si el estampado es grande, el resto del look debe respirar. Camisas florales con pantalones neutros. Pantalones estampados con partes de arriba lisas. No hace falta equilibrar con colores apagados, pero sí con formas claras.
Otra clave está en el tejido. Los florales de esta temporada funcionan mejor en materiales ligeros, con movimiento. Nada rígido. Nada excesivamente estructurado. Por eso muchas marcas los llevan a pantalones amplios, capas, abrigos de entretiempo o trajes desarmados.

En propuestas como las de KidSuper, el estampado floral se mezcla con una actitud más lúdica. Colores directos, combinaciones inesperadas y una forma de vestir menos pensada y más intuitiva.
El traje floral también tiene su sitio
La primavera de 2026 también abre la puerta al traje floral masculino. No como algo puntual, sino como una opción real para eventos, presentaciones o incluso para el día a día si el contexto lo permite. Willy Chavarria lo plantea desde una sastrería relajada, con estampados que cubren chaqueta y pantalón.

La clave está en la actitud. Un traje floral funciona mejor cuando se lleva con naturalidad, con camisas sencillas y accesorios discretos. Las flores hacen el resto.
Flores como forma de vestir, no como recurso
Lo interesante de esta tendencia es que no se queda únicamente en una camisa con un estampado de flores, no. Las flores en 2026 hablan de una forma de vestir más conectada con el momento, menos rígida y más consciente del entorno. No es una moda pasajera ni un guiño puntual a la primavera. Es una manera distinta de construir el armario.
Miranda Priestly tenía razón en su ironía. Pero esta vez, las flores no buscan sorprender. Buscan quedarse.

