Inma Puig: “el pasado ha sido de los fuertes, el futuro es de los sensibles”

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La psicóloga Inma Puig nos da las claves sobre lo que significa la Sostenibilidad Emocional: “Todos necesitamos lo mismo para sentirnos bien”.

La sostenibilidad es un concepto acuñado por primera vez en el Informe  Brundtland , donde se refiere al consumo responsable de los recursos actuales, pero asegurando los que sean necesarios para el futuro.

El Informe Brundtland es un informe publicado en 1987 para las Naciones Unidas, que enfrenta y contrasta la postura del desarrollo económico actual junto con el de sostenibilidad ambiental, realizado por la Comisión Brundtland y liderado por la ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, con el propósito de analizar y replantear las políticas de desarrollo económico globalizador, reconociendo que el actual avance social se está llevando a cabo a un costo medioambiental alto.

Como psicóloga clínica de formación, cuando planteo la sostenibilidad emocional, es más que probable que lo haga por deformación profesional, pero echo de menos que la sociedad, las empresas, las familias… no se planteen la importancia de que las personas seamos sostenibles emocionalmente y cómo lograrlo. Probablemente sea debido al desconocimiento del beneficio que esto supondría en el bienestar y la salud mental de las personas, facilitando así la sostenibilidad en cualquiera de los ámbitos que nos propongamos.

Me sorprende que se hable, incluso, que se haga bandera de cuidar el planeta, de la sostenibilidad ambiental, de los mares, de la agricultura… que, por supuesto, está muy bien, pero que, sin embargo, nadie hable ni se tenga interés alguno en la sostenibilidad de las personas, que, al fin y al cabo, son las que van a tener que velar por la sostenibilidad de todo lo demás.

Sentimientos de proximidad

No se habla de emociones km 0, ni de sentimientos de proximidad, es decir, de nuestras emociones, de nuestros sentimientos y de los que tenemos cerca.

En la actualidad se destinan grandes presupuestos para investigar y desarrollar la inteligencia artificial, y nada o prácticamente nada para profundizar en el estudio de la emoción, que es más sostenible y, por encima de todo, es natural.

Alguna que otra vez, nos habremos preguntado por qué somos tan reacios a compartir nuestras emociones y sentimientos.

La respuesta es, sencillamente, porque todavía lo vivimos como una señal de debilidad, de vulnerabilidad, cuando, en realidad, es una señal de sensibilidad.

La sensibilidad es una fortaleza.

Solo el sensible es confiable.

No hay que fiarse nunca del insensible, del que ni siente ni padece.

La persona dura, sin escrúpulos, centrada únicamente en el resultado económico a costa de la vida emocional del otro, debería entrar en la categoría de las especies a extinguir.

No va a ser tarea fácil que esto cambie, ya que la historia no juega a nuestro favor: “el ser humano tiene tendencia a hacer lo que le han hecho”.

Les haré una confidencia: cuando un paciente viene a mi consulta para hacer un trabajo personal porque no se siente bien, a mi pregunta sobre qué es que lo que le ha llevado hasta ahí, la respuesta de la inmensa mayoría es que no quiere repetir lo que le han hecho o ha visto hacer a su alrededor y están viendo que, indefectiblemente, van hacia ahí.

 “Si no te han querido, es difícil que sepas querer”.

 “Si no te han escuchado, es difícil que sepas escuchar”.

 “Si no te han puesto límites, es difícil que sepas ponerlos”.

 “Si no te han dado reconocimiento, es difícil que sepas darlo”.

 “Si no te han mostrado confianza, es difícil que sepas confiar”.

 “Si no te han cuidado, es difícil que sepas cuidar”.

Los resultados llegan a través de las personas

Si se persiguen resultados hay que cuidar a las personas, porque los resultados llegan única y exclusivamente a través de las personas.

La palabra cuidar es una palabra muy peculiar. Es una palabra que no tiene opuesta. Si cuidas a una persona, tendrás una persona cuidada. Si no cuidas una persona tendrás a una persona deteriorada y, una persona deteriorada, jamás rendirá lo que puede.

Cuidar no significa sobreproteger. La sobreprotección no permite un crecimiento saludable. Cuidar, entre cosas varias, significa, principalmente, escuchar, poner límites y reconocer.

Necesitamos dos años de nuestra vida para aprender a hablar y hay quien vive una vida entera y todavía no ha aprendido a escuchar.

Llama la atención la cantidad de cursos y seminarios que se imparten para aprender a hablar. Para hablar en público, hablar para vender, para seducir, para hablar en otros idiomas, etc… y qué pocos hay para aprender a escuchar.

Si alguno de los lectores sabe de alguno, agradecería lo compartiera, pues mi interés está en saber cuál es el número de inscritos…

Y, en los negocios y en la vida, es más importante saber escuchar que saber hablar.

Tanto es el ruido que producen los charlatanes compulsivos que no nos permiten pensar… con lo importante que es pensar, ya que pensar sirve para entender y entender sirve para ver, porque solo podemos ver lo que somos capaces de entender.

Cuidar es también reconocer

El ser humano necesita el reconocimiento como el aire que respira, es más, me atrevería a decir que somos adictos al reconocimiento. Todo lo hacemos para que nos reconozcan o, lo que es lo mismo, para que nos quieran.

Llama la atención que, si nuestra pareja, hijos, colaboradores, amigos, de 100 cosas que hacen al día, hacen 90 de ellas bien y 10 mal, solo les señalaremos las que hacen mal.

Como asesora de empresas, mientras realizo el trabajo acostumbro a preguntar a los diferentes equipos de trabajo qué es lo mejor de su trabajo y de la empresa en la que trabajan, y qué es lo que encuentran a faltar en ella. Las respuestas que se refieren a lo mejor de su empresa son múltiples y variadas, pero la respuesta de qué es lo que encuentran a faltar o qué podría mejorarse, es prácticamente unánime: “Un poco más de reconocimiento no iría nada mal”

El otro día me preguntaban como serán las personas y las emociones en el futuro.

Para mí, una persona con futuro es una persona que no tiene coartada la creatividad.

La creatividad es lo que nos lleva a la innovación.

El futuro es transformar una cosa en otra

No sé exactamente por qué, cuando escuchamos la palabra innovación, habitualmente la asociamos a tecnología.

Si buscamos en el diccionario la palabra innovación, una de las acepciones es “hacer lo mismo que se hacía antes, de manera diferente, con la intención de mejorar”

El futuro no es algo que tenga que ver con el tiempo. El futuro no es lo que haré mañana, aunque sea lo mismo que hice ayer. El futuro es transformar una cosa en otra, desde el respeto.

Con la Revolución Industrial hubo un antes y un después tanto a nivel social como en el ámbito del trabajo. Ahora estamos inmersos en la Revolución Tecnológica, pero si no llevamos a cabo la Revolución Emocional, todas las revoluciones que se han llevado a cabo hasta ahora no nos van a servir para nada.

El pasado ha sido de los fuertes físicamente, el futuro es de los sensibles.

Artículo publicado por la psicóloga Inma Puig para el número 21 de Rísbel Magazine, edición de otoño/invierno 2023.

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