Texto: Mateo Carrasco
Fotógrafo: Darren Black en exclusiva para Rísbel Magazine

Aterriza en España la primera comunidad para experimentar nuevos caminos de la sexualidad sin tabúes

Son casi las diez de la noche de un sábado cualquiera del mes de noviembre en la capital de España. El invierno castiga las calles de Madrid y el frío se cuela por las rendijas de cada alfeizar que se lo permite. En un acomodado piso del centro de la ciudad, Alberto decide quedarse en casa. El toque de queda impuesto por el Gobierno da poco margen a planear una salida con la que sondear el ocio del fin de semana. Aunque en el exterior el frío castiga sin clemencia, en el salón de Alberto, sencillo pero decorado con exquisito gusto minimalista, la calefacción está a veintidós grados.

Alberto se recuesta sobre su sofá chaise longue y coloca el ordenador portátil sobre sus piernas. A su derecha, una mesita alumbra con una calidez extremadamente acogedora las teclas del portátil.

Desde que se declarase el Estado de Alarma, Alberto ha visto como su vida social se ha vuelto cada vez más limitada. La gran mayoría de sus amigos han regresado a sus ciudades de origen y trabajar desde casa tampoco le ayuda demasiado a conocer gente nueva.

Alberto tiene 33 años, trabaja como abogado en un importante despacho de Madrid y es original de Valencia. Apenas lleva un año viviendo en la capital, tiempo que ha pasado mayoritariamente en su casa debido al confinamiento. Su afición al deporte hace que, a pesar de todo, se siga manteniendo en forma y tal y como lo definen sus amigas “es más atractivo por lo que suma en conjunto que por su apariencia esbelta”.

A pesar de su evidente encanto, Alberto lleva soltero un año. Tras más de siete años manteniendo una relación estable con una compañera de su anterior trabajo, el cambio de ciudad y los problemas que encontraba la pareja para entenderse en el sexo hicieron que pusieran fin a su relación. Aunque él siempre fue partidario de explorar nuevas prácticas que vivificasen las relaciones entre ellos, ella era partidaria de mantener relaciones sexuales convencionales sin ir más allá de lo “comúnmente establecido” (porque para tener hijos y formar una familia, tampoco hace falta explorar tanto, Alberto…).

Alberto coloca un cojín en su nuca, se recuesta en el sofá y se desabrocha el pantalón vaquero. El vello de su pubis –debidamente recortado- asoma por fuera de un slip de tela de cuadros hasta unirse con su ombligo. Su frecuencia cardíaca se estabiliza, su respiración es profunda y pausada y comienza a notar como su flujo sanguíneo recorre cada extremo de sus arterias.

La tranquilidad que le produce la soledad de su piso lo colma de seguridad y haciendo alarde de plena confianza en sí mismo, abre su explorador de internet y accede al portal de JOYclub.

Imagen realizada en exclusiva por Darren Black para Rísbel Magazine

JOYclub.es es una comunidad que invita a sus usuarios a experimentar la sexualidad de forma liberal, consciente y se basa principalmente en el respeto entre sus participantes. Fundada en 2005 en Alemania, llegó a España para poner en contacto a personas que buscan vivir una sexualidad abierta y sin tabúes. Con más de 3,5 millones de miembros en el país germano, JOYclub invita a sus usuarios a fortalecer la autoconfianza sexual, uniendo a personas con una misma visión sobre la sexualidad y su práctica a la vez que pone en contacto a personas con las mismas fantasías sexuales para poder llevarlas a cabo.

La webcam del portátil enfoca directamente a su cara. En un primer momento, Alberto decide bajar la pantalla unos milímetros para encuadrar el enfoque de la webcam en su pecho (discretas medidas de seguridad para comenzar….). En algún momento de su relación anterior, Alberto le ofreció a su pareja participar en unos shows que realizaba JOYclub a través las webcams de sus suscriptores, sin embargo la idea se dispersó con el tiempo.

El número de usuarios que se encuentran activos en España llama la atención de Alberto. Ser partícipe desde la barrera de las relaciones sexuales de otras parejas siempre le había provocado un morbo especial. Explorar su sexualidad a través de las emisiones en vivo de JOYclub se ha convertido en la forma perfecta de divertirse desde casa.

De todas las emisiones que se encuentran en activo, Alberto decide conectar con una pareja de Barcelona que busca un chico para unirse a ellos. La intimidad de la pareja se ensambla con la de Alberto y en apenas un golpe de click, los miedos y los prejuicios desaparecen y los tres comienzan a desenvolverse con una agilidad asombrosa en un juego erótico que embadurna de morbo la estancia.

Abrir las puertas de tu hogar a gente desconocida para practicar sexo nunca ha sido buena idea y menos ahora, con un virus campando a sus anchas por cada esquina del globo. Sin embargo, gracias a JOYclub conocer a otras personas, parejas o grupos que comparten las mismas fantasías que tú es la primera toma de contacto perfecta para luego poder llevar a cabo cualquier tipo de fantasía con más tranquilidad y sobre todo, con la seguridad de que ya ha habido una toma de contacto previa para establecer unas pautas y que la práctica se pueda disfrutar el doble.

Alberto sigue las directrices que la pareja le manda desde el otro lado de la pantalla. Desvestirse poco a poco, enfocando zonas determinadas de su cuerpo mientras que la pareja empieza con los pasos previos al coito son algunas de las normas que los tres han establecido previamente por el chat que comparten de la emisión en directo por webcam. Alberto acepta las órdenes de la pareja sin rechistar y, de forma sumisa y complaciente, se regala al acto que sus compañeros catalanes están disfrutando a más de seiscientos kilómetros de distancia.

Alberto sabía que la pareja iba a cumplir con sus expectativas gracias a la opción que JOYclub le da a sus usuarios de compartir contenidos privados como fotos y videos antes de establecer una conexión en directo, sin embargo, la mezcla de nervios y exhibicionismo hacen que el pulso de Alberto se acelere y la excitación llegue a su clímax por lo que está viendo en la pantalla.

Sus compañeros de sexo se encargan de que Alberto no se pierda ni un solo detalle de lo que está pasando en su dormitorio de Barcelona: ajustan la luz y el sonido, y cada cierto tiempo colocan la webcam en un punto diferente para que Alberto los pueda acompañar en todo momento y se mimetice con ellos.

Cada fetiche fue indagado con pasión, cada deseo oscuro se convirtió en una realidad luminosa y placentera y de repente, aquella conexión establecida a más de seiscientos kilómetros de distancia entre unos desconocidos se fraguó en una cita personal en cuanto se levantase el Estado de Alarma. JOYclub se había convertido así en el aliado perfecto para llevar a cabo todas las prácticas sexuales que, injustamente, ocupaban los estantes de “tabú” y “prohibido” en la cabeza de Alberto. Y es que resulta que esta comunidad es el lugar ideal para explorar nuevos caminos para auscultar todos los rincones de la sexualidad y, lo que es aún mejor, como en toda cita, se puede comenzar el primer contacto con una fluida conversación, ya que en JOYclub el diálogo es uno de los pilares de la comunidad. Tal y cómo explica JOYclub, se intercambian 12 mensajes por segundo. Cualquier persona que lo desee puede darse de alta de forma gratuita y empezar a explorar entre las numerosas opciones que JOYclub pone al servicio de sus usuarios, independientemente de que estén solteros, en pareja o sean un grupo de amigos que quieran conocer gente nueva con sus mismas fantasías.