Un desfile con sabor a fiesta privada donde la sastrería se relaja, los códigos clásicos se doblan y el armario masculino gana personalidad propia.
Al caer la tarde del pasado domingo, 25 de enero, entré al palacete del del Museo Picasso con la sensación de asistir a un cuento de mi infancia. La luz tibia rozaba los muros y el patio de este palacete del siglo XVII, que olía a historia y a verano tardío. Jacquemus eligió este lugar como quien regresa a casa después de un invierno internado, y decidió mirarse en sus propios recuerdos. Su colección Le Palmier nace de sus primeros años en París y de la coleta en forma de palmera de su hija, un gesto mínimo que aquí se convierte en idea central.
Las siluetas tomaron formas geométricas claras, hombros redondeados, cinturas en tulipán y sombreros circulares que marcaban el ritmo del paso. Vi abrigos con estructura de pez y cuellos calisson que afinaban la línea del torso. Las rayas y los lunares aparecieron convertidos en cintas de grosgrain y pequeños confetis en primarios y negro. El menswear avanzó con abrigos de piel patchwork, esmóquines de noche firmes y abalorios negros tipo rocaille con efecto caviar que atrapaban la luz. La artesanía creció gracias a Maison Février y Maison Lemarié, con discos de plumas de avestruz y bordados trompe l’œil de faisán. Sentí cercanía, humor y memoria, como si Simon Porte Jacquemus me contara su historia al oído mientras el público sonreía y aplaudía despacio.
Salí del museo con la certeza de haber visto algo honesto y personal, un invierno pensado para hombres que quieren vestir bien sin perder la alegría de vivir, piezas que funcionan cada día y también de noche, con un carácter sereno y recuerdos que acompañan a lo largo del tiempo.
Los mejores looks de hombre del desfile de Jacquemus otoño/invierno 2026-2027
























