En 2011 Fiat y Gucci sorprendieron con una colaboración inesperada: un Fiat 500 reinterpretado por una de las firmas de moda más influyentes del mundo
A finales de los años 2000, la casa Fiat conseguía que el nuevo Fiat 500, lanzado en aquel momento en el año 2007, se convirtiera en un coche con mucha identidad. Recuperó el espíritu del Fiat 500 original de 1957 y lo reinterpretó con un diseño que conectó muy bien con el público, algo que las cifras de ventas corroboraron.
Viendo el éxito que estaba teniendo, Fiat empezó a buscar posibles colaboraciones que reforzaran esa imagen de «coche con personalidad». Fue en 2011 cuando la marca italiana decidió trabajar junto a la firma Gucci, una de las marcas de moda de lujo más reconocidas en todo el mundo. Además, ese año Italia celebraba el 150 aniversario de su unificación y Fiat tenía en sus planes lanzar una edición especial que pusieran de manifiesto el diseño y la creatividad italiana.
Fiat y Gucci: dos símbolos diferentes de la cultura italiana
En un primer momento puede parecer una mezcla extraña. Fiat siempre ha representado el coche accesible. Gucci, en cambio, pertenece al universo del lujo y sus productos se asocian a exclusividad y estatus.

Aun así, ambas marcas comparten el formar parte de la identidad italiana. Fiat representa la tradición industrial del país y su capacidad para crear coches pequeños y funcionales mientras que Gucci simboliza el lado más creativo de Italia, ligado a la moda, el diseño y la artesanía.
La colaboración entre ambas marcas jugaba precisamente con el contraste de un coche urbano muy popular reinterpretado por una de las casas de moda más exclusivas del mundo.
Así nació el Fiat 500 by Gucci
El proyecto lo lideró Frida Giannini, directora creativa de Gucci en aquel momento, junto al Centro Stile de Fiat y desde el primer momento pusieron el foco en los detalles para marcar la diferencia frente al modelo convencional. Por ejemplo, el Fiat 500 by Gucci se ofrecía únicamente en dos colores de carrocería: blanco o negro

En los laterales del coche aparecía una franja que recorría la carrocería con los colores verde, rojo y verde, el patrón más característico de Gucci. Ese mismo detalle también lo encontramos en otros elementos del coche, marcando todavía más la presencia de la firma de moda italiana en el 500.

Las llantas también tenían un diseño específico con el logotipo GG en el centro. Ese emblema aparecía en varias zona del coche, como en los tapabujes o el portón del maletero.
Un interior también firmado por Gucci
En el interior se apreciaba todavía más el trabajo de la firma de moda italiana. Los asientos incorporaban el patrón de Gucci, con costuras en contraste y el logotipo bordado. El cinturón de seguridad también utilizaba los colores verde y rojo e incluso la llave del coche dejaba ver el emblema de Gucci. Todos esos pequeños detalles reforzaban la sensación de estar ante una versión especial.

A nivel mecánico, mantenía las mismas configuraciones ya conocidas dentro de la gama del 500. El coche podía montar motores como el 1.2 de 69 CV, el 0.9 de 85 CV o el 1.3 diésel de 95 CV. A nivel de chasis, tampoco había diferencias, era el mismo Fiat 500 convencional, pero con una estética mucho más exclusiva.
El lanzamiento del Fiat 500 by Gucci estuvo directamente unido a la moda
Fiat presentó el modelo durante la Semana de la Moda de Milán, un escenario bastante coherente para un coche que nace de una colaboración con una marca de moda. El Fiat 500 by Gucci fue vendido en distintos mercados como el europeo, japonés e incluso estadounidense.

El precio también reflejaba ese salto de exclusividad respecto a un Fiat 500 normal. En Europa arrancaba en torno a 20.000 euros, dependiendo del motor y el equipamiento elegido. Por ponerlo en contexto, el Fiat 500 convencional partía desde unos 13.000 euros, así que esta edición especial aumentaba considerablemente valor simplemente por la colaboración con la firma italiana.
En definitiva, lo que buscaba Fiat con el 500 by Gucci era acercar el universo del lujo a un producto relativamente accesible. El 500 ya tenía ese punto de coche con estilo, y añadir el nombre de Gucci reforzaba todavía más esa idea. También entraba en juego una cuestión de estatus. Conducir un utilitario firmado por una casa de moda tan reconocida tiene algo especial.

