R.M: A Sergio Godó lo han dejado plantado en el altar…
F.G: Claro. Él ha tenido que luchar contra dos focos. El de la persona que quieres y que huye el día de nuestra boda y luego los ojos de los 500 invitados que han ido a la ceremonia. “Me tengo que ir, perdona”. A partir de ahí Sergio evoluciona. Él es un tío impecable, muy bueno en lo suyo, muy legal. Ha estado muchos años muy triste. No es mujeriego, es un antihéroe. Ante la gente que se quiere pasar no entra en el juego pero sí planta cara. Eso me gusta. Tiene fuerza el tío. Sabe moverse. Es un personaje precioso.

R.M: Sergio es muy pasional. ¿Te sientes identificado?
F.G: A mí cada vez me mueve más el corazón. Soy más sensible, y me encanta. Yo no lo veo como algo malo. Además estuve unos años muy desconectado de mí. Los tiempos en la televisión son diferentes y no es como cuando estábamos en la escuela de actores sintiéndolo todo a flor de piel. Ahora me he vuelto a escuchar a través de la meditación, de mis momentos, disfruto de la soledad…

R.M: Me encanta que lo digas. Hoy parece que tener sentimientos es una debilidad.
F.G: El problema, creo, es esto (coge el móvil). Estamos constantemente buscando la idea de ser perfectos. Internet es una herramienta profesional, te hace estar conectado con el mundo pero potencia las inseguridades, el aparentar y el alejarse de uno mismo. De la realidad. Demostrar lo guapo que soy, lo atractivo, lo feliz que estoy. Ojo. Todo el mundo, no solo los personajes públicos, lo potenciamos.

R.M: Me resultó muy ameno stalkear tus perfiles en las redes sociales para prepararme la entrevista porque tienes un discurso. Solo hay que verte con el traje de Ernesto Artillo.
F.G: El de “La mujer que llevo fuera”. A mí no me importa decir que soy feminista. Yo soy un firme defensor de la igualdad en todo. Y soy el primero que ha practicado el machismo porque lo hemos mamado, pero si puedo trabajar para cambiarlo lo haré. Con cosas pequeñas, como una foto que igual alguien la ve y pasa pero otro se para y lee. Los actores tenemos una parte de oficio y otra de profesión. El oficio se produce en el set. Adriana Ozores y yo grabamos una escena. La profesión es todo lo que se crea fuera, toda la energía que se genera, la polémica, lo que se puede hacer por el mundo.

R.M: Es ser un actor social y actor social, como Leticia Dolera.
F.G: O como Clara Lago. He tenido la oportunidad de trabajar con ella en “Gente que viene y bah” y he comprendido por qué ciertas personas tienen éxito. Clara lo da todo como compañera y lo da todo fuera. Ha montado con su chico, con Dani (Rovira), la Fundación Ochotumbao y hacen mil proyectos de ayuda humanitaria.

R.M: ¿Tú también has sido cooperante?
F.G: Con 22 años me fui a Benín con Mensajeros de la Paz para pasar el verano con niños en proceso de reintegración social. Fue una experiencia increíble. Estoy deseando que me den una semana de vacaciones para volver. Espero que no pase de este año.

R.M: De ahí tu conexión con Clara. Además curiosamente interpretas a un arquitecto.
F.G: Sí pero mi personaje no tiene nada que ver conmigo. Tiene un andar más chulesco, viste desarreglado, se ríe todo el rato… Cuando me vi no me reconocía. Pero me ha gustado mucho compararme con Álex García, el nuevo novio de Clara, que es monísimo, y verme de desastre después de estar acostumbrado al galán de Sergio Godó.

R.M: ¿Es tu primera película?
F.G: En el estudio de Juan Codina, grabamos un documental de tres meses todos los alumnos. Un metadocumental exactamente. Lo estrenaremos a principios de verano y cuenta nuestra preparación para la obra de “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega. El título del documental son sus primeros versos: “Amor, no te llame amor”. Fui al primer pase el año pasado en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. De toda la película me pude pasar el 70% llorando. Ver la inocencia y la libertad que teníamos me emocionó mucho. Los profesores ya me miraban como: “¿Quieres parar?”.

R.M: Laura Norton, autora del libro que inspira la película, también ha escrito “No culpes al karma de lo que te pase por gilipollas”. ¿Qué opinas de esa frase?
F.G: Creo en cierta medida en el karma pero no estoy pendiente en todo momento. Tengo la esperanza de que si haces cosas buenas recibes cosas buenas, pero no te puede mover solo el recibir. Al final es una estrategia humana para darse ánimo en los momentos bajos.

R.M: ¿Alguna vez has hecho algo para que el universo te lo devuelva?
F.G: No para nada, pero aunque esté mal decirlo en mi familia siempre hemos sido muy solidarios. De voluntario aprendí muchas cosas porque no es un ambiente fácil. Estás guarro todo el día, la comida no te sienta bien, y por supuesto lo que ves también te afecta, pero recibes mucho más. Yo tuve colgados a cinco niños en cada brazo desde el minuto uno, y eso te aumenta la capacidad de querer, como hablábamos antes. Debería ser obligatorio el trabajo humanitario. Igual no ir a África pero 30 créditos de ayuda social en la universidad sí porque te va a hacer ver las cosas desde otra perspectiva siempre. Aunque me gustaría, tengo miedo de volver.

R.M: ¿Por qué?
F.G: Mis niños ahora tendrán 12 años y allí ya son hombres. Me va a impactar. Creo que lo más importante en estas zonas es invertir en educación para que no se vayan los jóvenes y tengan una gran motivación para ser el motor de cambio de sus países. Países que tienen gobiernos corruptos que nosotros alimentamos porque nos conviene. Yo lo que hago desde aquí todos los años es apoyar un festival para recaudar fondos que se llama Magia por Benín.

R.M: Además de tu faceta social, ¿hacia dónde quieres orientar tu futuro?
F.G: Me quiero acerca al cine, poco a poco. Me gustaría hacer de un malo malísimo o de alguien realmente oscuro. Un thriller, una peli inspirada en los libros de Agatha Christie… No me importaría el papel. Puedo hacer desde un sospechoso hasta un detective.

R.M: Te sientes cómodo en la época.
F.G: Sí, aunque no tengo problemas tampoco con esta. Creo que las personas tenían más bagaje, debían pasar más dificultades y eran más ricos en valores antes.

R.M: ¿Te gustaría dirigir?
F.G: Igual más adelante. Tengo un guión escrito de una historia de amor que me contaron. Sentí la necesidad de volcarla en un papel sin mayor pretensión. Escribo mucho, me dejo notas… Luego me leo y pienso…

R.M: Mientras otros tenemos miedo a la hoja en blanco…
Pues para nada. Suelta todo lo que tengas dentro. Te ayuda a ordenarte, a purificar. Simplemente para ti.

 

 

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